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¿Indolencia, ignorancia o premeditación?

Antonio José Monagas

La situación nacional se ha visto tan emplazada por complicaciones de todo género, que revela el avasallante estado de postración a que ha llevado el caos que ha vivido el venezolano en el último quinquenio, particularmente. Su incidencia no pudo rebasar su capacidad de asombro, luego de atravesar tantas contrariedades como nunca había experimentado.

Si no es una cosa, es otra. Pero siempre, hay un factor de perturbación. Bien sea de índole político, económico o social. Cuando no, es producto de la inseguridad. O es por falta de algo que tiene abatida la resistencia del venezolano toda vez que lo zarandea hasta confundir su visión del horizonte de vida que ha esbozado. Sin embargo, el régimen no dice nada. No explica, nada. No responde a ningún señalamiento, refutación o impugnación.

Cualquier desgracia que suceda en el país, pareciera que no es culpa de nadie. Mucho menos del alto gobierno el cual siempre busca cualquier achaque o excusa para evitar verse acusado o señalado como autor del problema en cuestión. Si no, le endilga la razón del problema a un animal, al capitalismo, al imperio o a la presunta guerra económica. Sólo le falta decir, que “la culpa es de la vaca”, por parafrasear el título del betseller que dejó ver que cuando pueden evadirse responsabilidades, lo inmediato es endosarle el pecado a quien menos pueda ser. Porque lo que importa, es salir rápidamente del foso. Y en esta política socarrona y “revolucionaria”, funciona. Y de modo bastante expedito.

Es inconcebible que luego de disfrutar un país que era modelo en transparencia administrativa, seguridad jurídica y social, así como ante indicadores que destacan niveles de desarrollo humano, haya caído tan abajo. Pudiera decirse que Venezuela luce enterrada, pues transitó de valores positivos a valores de negativa incidencia.

Luce difícil de creer que Venezuela se convirtió en patio trasero de economías que en otrora dependían de la avidez bajo la cual se movilizaba la economía nacional. Ahora resulta penoso advertir el caótico estado en que se halla. La recién Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI), es considerada como una referencia mundial sobre la crisis humanitaria que sacude al país. Caracas, por ejemplo, es ahora la segunda ciudad más violenta del mundo. Razón por la cual, algunas embajadas comenzaron a repatriar a sus conciudadanos.

La economía, funciona a la inversa. Es decir, desacelera sus procesos. Los retrae. Por eso, cualquier aumento salarial que decida el gobierno nacional, no tiene los efectos que pudiera arrojar una nación que funcione con una economía en condiciones normales. Es así que todo incremento salarial, tiende a causar estragos en el sector de la producción. Por ejemplo, en el cierre de empresas, reducción de personal. Asimismo, provoca acuerdos negociados de contracción del salario entre el patrono y el trabajador. Manipulación de canales de distribución por funcionarios bajo órdenes del alto gobierno.

La internet opera a la peor velocidad de América Latina. Ni siquiera en Haití, el Internet pone a los haitianos a sufrir los trastornos del mundo 2.0 que sí padecen los venezolanos, poniendo en riesgo no sólo información. También, oportunidades. Pero no conforme con tan pesado estado de hechos, el país adolece de falta de repuestos, de equipos, sistemas, partes y de accesorios del ámbito electrónico, eléctrico y automotriz. Ello, sin contar con los desmanes que horadan los esfuerzo del mantenimiento relacionado con elementos, piezas, partes o complementos de maquinarias o aparatos de condición electrónica relacionados con computación, medios de comunicación, y demás artilugios o ingenios que pudieran haber contribuido a soportar los enormes déficit que habrían contribuido a evitar sanciones internacionales a la administración pública centralizada.

¿Qué decir del servicio eléctrico? Sus resultados develan la ausencia de acciones de mantenimiento preventivo y correctivo. Tanto así, que ahora el problema se entiende al revés. O sea, no se habla de cuando hay cortes de electricidad. Sino, cuándo llega la luz.

Todo esto pareciera indicar que el país esta siendo tragado por la dejadez de un gobierno que sólo anda preocupado por elecciones. Pero elecciones regidas por criterios ladinos que permitan torcer el sentido y ejecución de sus escrutinios para lo cual se invierten los recursos que no se tienen para preparar los engaños propios del timo político-electoral.

De manera que el problema de la democracia forjada por la revolución “bolivariana” y el socialismo “en contrario”, no es el número de veces que se aparenta un sistema político abierto a la participación. Es el número de veces que suman aquellas acciones de gobierno precedidas y presididas por la opresión y las violaciones de libertades. Todo ello, a fin de cuentas, para mantenerse enquistado al poder que requiere un proceso tiránico y dictatorial como el que vive Venezuela. A pesar de la resistencia ejercida por venezolanos de conciencia libre. Así como de acusaciones en firme, ante organismos de derechos humanos internacionales. Aunque en el fondo, no se sabe a ciencia cierta si tanta displicencia gubernamental obedece a planes configurados con saña. Porque se plantean detrás o adelante de intenciones u objetivos cargados de la peor animadversión. O acaso de ¿indolencia, ignorancia o premeditación?

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