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Insensatos

Abundan los insensatos en tiempos que requieren que los mejores se pongan de acuerdo para derrotar al totalitarismo. Insensatos son  aquellos que   descalifican a priori a los partidarios de las negociaciones  y de  la conveniencia de  acudir a votar en condiciones fraudulentas. También son insensatos quienes critican las acciones de calle y cualquier vía no electoral. Es lógico que se produzcan controversias sobre la estrategia a seguir, pero es inadmisible que algunos recurran  al descrédito de quienes piensan diferente.
Todas las acciones para salir de esta dictadura totalitaria han fracasado, pero es una insensatez descalificarlas. La masacre del 11 de abril del 2002 y las violaciones a la Constitución justificaban  la intervención militar y un gobierno de facto. Ello hubiese evitado la situación actual. El error de los militares fue no ponerse de acuerdo sobre la petición de Chávez de enviarlo a Cuba, así como  la falta de comando para neutralizar a sus partidarios dentro de la Fuerza Armada. El error de los políticos fue no estar conscientes de lo que Chávez pretendía imponer, por lo que no apoyaron al gobierno provisional.
El paro cívico del 2 de diciembre del 2002, mal llamado paro petrolero por quienes quieren escurrir el bulto, fue una herramienta válida de lucha, utilizada exitosamente en otros lares. Fracasó porque en nuestro medio el gobierno dispone de muchos recursos, legales e ilegales, pero es una insensatez satanizarla y no intentarla de nuevo en  mejores circunstancias.
Es una insensatez afirmar que, como consecuencia de la  abstención en las parlamentarias del 2005, la oposición  entregó todos los Poderes del Estado. Los políticos y la sociedad civil consideraron que había que realizar un gesto para intentar lograr elecciones limpias. Además, en ese momento el gobierno había repuntado en popularidad y los demócratas no hubiésemos obtenido más de una docena de diputados, tal y como lo manifestaron en privado los líderes de los partidos. Lamentablemente, al poco tiempo casi todos reconocieron a la nueva Asamblea  y al CNE, pero sigue siendo una herramienta válida si se complementa con acciones de protesta.
En la elección del 2006 Rosales fue derrotado no solo por el ventajismo del régimen  y las trampas del CNE, sino porque Chávez tenía mayor popularidad. En las del 2013, Capriles perdió por poco margen en una elección donde abundaron las trampas para permitir ganar a un Maduro que negó la auditoría. Sin embargo, las trampas y el ventajismo no son razones para predicar la abstención cuando se es mayoría, pero es necesario una excelente organización para neutralizar las acciones del régimen y, paralelamente, realizar  protestas.
Es una insensatez criticar las valientes acciones de calle del 2014 y 2017. Es cierto que este tipo de acción, salvo que sean  masivas, no logran la salida de una dictadura, pero los pueblos tienen que evidenciar que no se someten, aunque sea lamentable el costo de la represión. Casos similares fueron la resistencia en contra de los nazis, así como contra la dictadura de Pérez Jiménez y la reciente del valiente  Oscar Pérez y sus románticos compañeros. La condena internacional a Maduro y sus acólitos es consecuencia de estas acciones.
En las parlamentarias del 2015  le dimos una paliza al régimen.  Los totalitarios apelaron al CNE para no aceptar a los diputados de Amazonas y al TSJ para inmovilizar a la Asamblea Nacional. Es una  insensatez criticar a nuestros diputados, los cuales  están casi atados de manos.  A pesar de todo, valió la pena votar. Abstenerse en la elección de la  Constituyente era de rigor, ya que su convocatoria y elección es espuria.
Las elecciones de gobernadores del 2017 las perdimos por las trampas del régimen,   porque los partidos  no contaron con testigos de mesas y por la abstención.   La excepción fue en Bolívar, donde el robo fue descarado, pero a Velásquez lo dejaron solo en su legítima protesta. La juramentación de los gobernadores de Anzoátegui, Táchira, Nueva Esparta y Mérida ante la Constituyente fue un error, ya que su negativa ha podido ser una fuente de protestas. Sin embargo, hay que reconocer que en el Zulia no respaldaron la cívica negativa de Guanipa. En la de alcaldes los principales partidos se abstuvieron.
Las negociaciones en Santo Domingo son controversiales. Quizá las diferencias se deban a la desconfianza que se ha sembrado. Hasta ahora nuestros negociadores no han cedido, como predican alguno pájaros de mal agüero. Esperemos sus resultados, aunque no somos optimistas.
Ante una dictadura totalitaria cualquier acción para derribarla es válida. Puede que se fracase, pero es importante que se tomen decisiones conjuntas. El pueblo está decepcionado. Hay que lograr acuerdos alrededor de una estrategia y de un posible candidato. Si votamos el régimen volverá a hacer trampas, ya que no está dispuesto a entregar el poder. Si no votamos le otorgamos permiso para que sigan con sus arbitrariedades. Votar o no votar quizá no sea el problema, sino cuáles serían las acciones posteriores. La dirigencia está al bate y debe considerar que muchos gobiernos  han declarado que no reconocerán los resultados.  Basta de insensateces.
Como (había) en botica: Felicitaciones a la combativa Milagros Socorro por el otorgamiento de premio Oxfam Novib/Pen a la libertad de expresión ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
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