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Jugando Gárgaro y Sacando Chicha

La sociedad venezolana está totalmente convulsionada. Vive en un estado de sobresalto y exaltación. Los conductores están obligados a actuar como si estuvieran en una carrera de Le Mans, con carros chocones y a esperar a ser fuertemente insultados ante el más mínimo percance. Y si la situación se produce con un motorizado, lo más probable es que el chofer necesite de la asistencia de Dios y de su ayuda para no morir de miedo en el sitio.

Si se trata de comprar alimentos, medicamentos o baterías para vehículos o lo que sea, hay que hacer colas interminables y con la disyuntiva de no saber qué hacer, es decir, si poner “cara de cañón” o cara de pendejos, evitar conversación o pleitos y comprar lo que consigas. Y todo eso, si, además, se ha salido airoso de la conminación a entregar la Cédula de Identidad, para que un militar mal encarado o el “Inspector del Pueblo” informen si, en razón del número final del citado papel de identificación, es ese día cuando le corresponde al consumidor comprar lo que necesita para él y su familia. En el medio de semejante procedimiento, los adolescentes son excluidos de la venta, aun después hacer colas, porque “los menores de edad no pueden comprar”. ¿ Acaso no comen ni tienen derechos ?.

Lo que fue la fase inicial del proceso cubano, también toma cuerpo en Venezuela. Al final, en Cuba terminaron controlando a toda la sociedad, argumentando que lo hacían ante los efectos del Bloqueo. En Venezuela, es motivado a la “Guerra Económica”.

Andar por las calles de cualquier ciudad venezolana, obliga a activar todos los sentidos. También usar el tercer ojo bien “pelao”, para prevenir ataques del hampa.

La gran interrogante que se hacen los venezolanos, es siempre la misma: ¿qué hace el Gobierno para resolver tantos problemas? Cada día, el sistema de vida de la ciudadanía se deteriora más y más. L respuesta no deja de ser la misma: ante cualquier protesta o reclamo del pueblo, y descubrirse un escándalo relativo al Gobierno o a un personero del mismo, inmediatamente surge un “trapo rojo” para distraer la atención de la colectividad.

¿El resultado?: la actuación impune del hampa, que ha convertido al país en una de las naciones más peligrosas del mundo. La compra de alimentos y de medicamentos con vencimiento rebasado. Las acusaciones sistemáticas de acaparamiento y de contrabando, cuando la escasez se impone y el abastecimiento luce insuperable. La denuncia de repetidos intentos de magnicidios para justificar la detención de líderes, estudiantes o voceros de la oposición democrática.

Lo último no podía ser más patético: un llamado a los venezolanos a integrarse en un accionar unitario, para hacerle frente a una posible amenaza de invasión norteamericana. 0, de ser necesario, a declararle la guerra a los Estados Unidos, por su agresión y ofensa al pueblo venezolano, al incluir al país en una larga lista de países que representan una amenaza contra los intereses de Norte América. Y, desde luego, por haber anunciado sanciones territoriales contra siete (7) venezolanos, por los delitos de violación de los derechos humanos, y posible lavado de capitales, en conexión con el narcotráfico y el terrorismo.

“El que no la debe, no la teme”, precisa el dicho popular. Pero en este caso, el Gobierno, que debería deslindarse del hecho y exigir una profunda investigación de lo que motiva la acción norteamericana, se involucra. Es decir, se niega a hacer lo que corresponde: solicitar la separación de sus cargos a cada uno de los acusados, dejándolos en libertad de defenderse ante la justicia. Y si se desconfía de la Justicia del Norte, solicitarle a un país “neutral y con credibilidad”, para que participe en la aclaratoria del hecho, hasta que –si se justifica-servir de sede, para que se celebre un juicio imparcial, y allí se permita, además, que los acusados sean asistidos en su defensa.

Ningún Gobierno debe anunciar solidaridad absoluta con un grupo de sus ciudadanos, ante una acusación o juicio de la naturaleza de lo que se ha producido con el Gobierno de los Estados Unidos. Eso denota inseguridad o temor. Además de que, teniendo en cuenta que ya se están denunciando y descubriendo cuentas con enormes sumas de dinero en Bancos esparcidos en todo el globo terráqueo, lo saludable sería ir al sitio donde se está produciendo el “fuerte ruido” y verificar el origen de todo. Ante casos de esta naturaleza, el propio Gobierno tendría que ser el más interesado en el total esclarecimiento de estas acusaciones, que, de ser ciertas, pudiera permitir la repatriación de enormes capitales que salvarían a Venezuela de la injustificada crisis económica totalmente injustificada que vive actualmente, luego de haber transcurrido tres quinquenios recibiendo enormes cantidades de dinero.

Empresas privadas de los Estados Unidos continúan siendo las únicas compradoras estables, confiables y puntuales pagador del petróleo que le vende Venezuela, Asimismo, infinidades de industrias y empresas comerciales norteamericanas también conforman el grupo de principales proveedores. Por si fuera poco, la unión de estados es hoy el anfitrión de casi un millón de venezolanos, y está considerada la mayor potencia bélica mundial. ¿Y en contra suya que Venezuela se plantea una guerra?. Con razón, el pueblo venezolano, que no es tonto, ya tiene su propia visión del hecho: ¡“cuento chino”¡. Una manera casi infantil de zigzaguear, en momentos cuando hay treinta millones de personas esperando solucionar sus problemas básicos de vida.

El tiempo en este caso es el peor aliado para el Gobierno venezolano. La capacidad de mentir y de ocultar su incapacidad para atender esos requerimientos colectivos, no es infinita. Hay que ir a la solución de los problemas. Hay que resolver. Los errores y la mentira se han hecho infinanciables. Se agotó el tiempo para la maniobra propagandística. Se debe dejar de dar la sensación de estar «Jugando Gárgaro y Sacando chicha » para evitar que al país lo saquen del juego.

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