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Kim Jong Un y Maduro. Corea del Norte y Venezuela

No. No se extrañen por el título de este trabajo. No estamos especulando, ni tampoco jugando con el dato mediático en sí. Simplemente pretendemos colocar sobre la mesa algunos elementos que nos muestran una gran similitud en ambos personajes y países. Es lo que vemos desde nuestra perspectiva. Ambos liderazgos asoman serias amenazas y los pueblos que, lamentablemente, ellos conducen, son los que pagan los platos rotos, como quien dice.

El primero heredó el poder de su padre quien lo había heredado del mariscal Kim lI Sung, el fundador de la dinastía Kim, quien edificó su “gloria” gracias a la guerra que le tocó experimentar en la península coreana. Ésta, era la guerra fría. Todo un eufemismo, pues fue el primer conflicto bélico nomás iniciarse esta “fría realidad”. Ella fue hirviente. Una conflagración muy peligrosa en la cual participaron: la URSS, la China y Corea del Norte y los líderes fueron Stalin, Mao y Kim lI Sung.

El segundo, también es heredero. Chávez le heredó el poder. Este a su vez, se decía el mismo: “soy hijo de Fidel”, por lo que heredó de Fidel Castro el poder de la idea de llevar adelante “la lucha por la humanidad”. Un Fidel que enero de 1959, bajó de la montaña, con olor a pólvora, tabaco en mano y barbas humeantes; en tanto que Chávez, bajó, pero de un cuartel donde estaba escondido de las balas que recibían desde el Palacio de Miraflores, los soldados engañados y traídos por él, en un 4 de febrero de 1992. De ese cuartel, él salió con la frase en su boca, “Por ahora” y que por designio de la naturaleza, hoy, sus restos, residen en él, “por siempre”.

Corea del Norte es un país extraño. Inserto en una cosmovisión axiológica medieval. Una dictadura más que personalista. No hay quien “le ponga el cascabel al gato”, como dicen por allí. Todo es un misterio, el presidente Kim Jong Un es un adicto a los juegos de guerra por internet. Su país junto a su pueblo son los elementos lúdicos que éste utiliza para satisfacer su adición a jugar por internet. Un país que no conoce la democracia. Sus vecinos y hermanos del sur son vistos con gran curiosidad. No saben que viven en el siglo XXI. Su futuro depende de determinados condicionamientos internacionales, pues es un país cerrado en lo interno a cualquier modificación del sistema político dictatorial y personalista.

Venezuela es una nación, como señalare Manuel Caballero, democrática. Hacemos la salvedad en los mismo términos que Caballero. No es el gobierno, sino la “Sociedad venezolana” es la democrática (Manuel Caballero, La Pasión de comprender, Nuevos ensayos de historia y de política) Las manifestaciones del siglo XXI lo confirman. Los jóvenes que hoy ofrendan sus vidas lo certifican y en general, es una sociedad que tiene 18 años enfrentado las posturas autoritarias del socialismo del siglo XXI. Lo que fortalece la idea de que Venezuela es una sociedad democrática. Tenemos en la sangre el espíritu democrático.

Internacionalmente Corea desafía al mundo con sus ensayos nucleares. Se pelea con todo el mundo, incluso con su natural protector geopolítico: China, a la cual acusa de “traidora”. Veremos lo que pasa más adelante. Por ahora China, Rusia y los EEUU tienen, en sus manos, la solución. Mientras Corea se aleja cada vez más del mundo confirmando que es una nación, un estado fallido, una autarquía delirante que estallará tarde o temprano por el hambre. Una cosa hay que decir. El lenguaje, utilizado, por el gobierno de Corea del Norte, para los temas internacionales, es fanatizado, simple y repetitivo, pero, según entendemos, no excede los límites y no traduce groserías o vulgaridades. Posiblemente nuestro desconocimiento del idioma coreano lo explique, pero, por ejemplo, lo chinos y los de Corea del Sur, sus hermanos y vecinos, lo hubieran acotado en más de una ocasión. Conclusión no dicen vulgaridades a sus enemigos.

En tanto que Venezuela, mejor dicho, el gobierno bolivariano, se baña en un muy limitado repertorio de frases ya elaboradas y exudan vulgaridad, improperios y obscenidades que marcan una distancia no sólo con el lenguaje que se utiliza en la diplomacia, sino que se aleja de nuestra manera de ser los venezolanos. Siempre fuimos un país decente, con los principios bien asentados en una consecuente praxis política, pero respetuosos de los límites y proporciones. También se aleja del centro clave de las relaciones internacionales.

Fuimos expulsados del Mercosur, no es salimos de la C.A.N, de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) hoy se ha solicitado la salida de la O.E.A. Faltará que mañana nos salgamos de la O.N.U. para viajar a otra galaxia. Hoy una especie de autarquía que se parece mucho a la de Corea del Norte. Kim Jong Un, juega a la guerra con sus aparatos electrónicos y Maduro toca el tambor, mientras baila y habla con pájaros y vacas. Ambos se mueven al mismo ritmo, mientras sus pueblos mueren de hambre y por los gases lacrimógenos, como por las balas que aceitan sus fuerzas armadas por sus delirantes comportamientos de aferrarse al poder. Como diría el malandro que interpreta el genial Emilio Lovera: “Si no es, se parece igualito”.

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