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La ayuda humanitaria

Carlos Canache Mata

El ingreso de la ayuda humanitaria que donantes internacionales han ofrecido  para paliar la emergencia alimentaria y de medicinas que nos afecta gravemente, se ha convertido en un problema cuyo desenlace es motivo de preocupación nacional y de más allá de nuestras fronteras. La hasta ahora férrea resistencia de Maduro  para permitir ese acceso se sustenta en dos alegatos: que aquí no hay ninguna crisis humanitaria y que esa ayuda serviría para la intervención militar extranjera, principalmente por parte de Estados Unidos.

Desde hace días, esa ayuda se haya almacenada en un centro de acopio en Cúcuta, a trescientos metros del puente Tienditas, que comunica a esa ciudad colombiana con  Ureña, ciudad venezolana, debido al bloqueo físico y militar que se ha impuesto. En la gran manifestación que culminó el pasado martes 12 de febrero en la Avenida Francisco de Miranda de Caracas, Juan Guaidó, presidente (e) de la República por mandato ope legis del artículo 233 de la Constitución Nacional, además de anunciar la apertura de otros centros de acopio en Brasil y una isla del Caribe, dijo que “para evitar que sigan muriendo  venezolanos, y a un mes de haber todos juntos tomado juramento, anunciamos que el próximo 23 de febrero será el día que ingrese la ayuda humanitaria a Venezuela”, sí o sí, y a los militares les indicó que “la orden es para ustedes, permitan que ingrese la ayuda humanitaria  y que de una vez por todas, cese la represión”, añadiendo que más de 200.000 venezolanos , de no recibirse la ayuda, correrían el riesgo de perder la vida.

El serio dilema que tienen los militares en sus manos es obedecer a Maduro, cuyo  mandato presidencial originado por la farsa electoral del 20 de mayo de 2018 es desconocido por la mayoría de los venezolanos y por la mayoría de los países de la comunidad democrática internacional, u obedecer a Juan Guaidó, cuyo mandato es reconocido por el 84,6% de los venezolanos, contra el 4,1% de Maduro (encuesta de Meganálisis de 30 y 31 de enero y 1° de febrero) y por uina contundente mayoría de los países del mundo democrático.

Estas líneas reflejan exactamente la situación política que estamos viviendo. Los días que faltan para el 23 de febrero y el mismo 23 de febrero están cubiertos por un velo de expectativas realmente inquietantes. Ojalá el desvelo sea para bien del país.

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