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La caza del Ryanair: esta vez ganan los rusos

La Caza del Octubre Rojo es una de las tantas películas producidas por Hollywood sobre la Guerra Fría a finales del siglo pasado.  Eran los tiempos posteriores a la caída del muro de Berlín en los que Occidente saboreaba su victoria contra el comunismo y abrazaba el mito del “fin de la historia”. Pero ni los guionistas de aquella época hubieran podido imaginar las cosas que suceden en la actualidad que muchas veces superan la ficción. Envenenamiento de disidentes políticos, laboratorios de Fakes News, hackers que influyen en las elecciones de Estados Unidos, y el último acontecimiento: el secuestro de un avión comercial europeo que fue obligado por un avión de combate a aterrizar de emergencia en Bielorrusia, con el fin de apresar a un periodista perseguido por la tiranía de Lukashenko. A diferencia de la película protagonizada por Sean Connery en 1990, en vez de un submarino se trató de un avión y esta vez sí ganaron los rusos, que fueron los que ejecutaron la operación en favor de sus aliados.

El eje oriental comunista se reiventó y le ha declarado de nuevo la guerra al Mundo Libre. Esta vez el debate no es económico sino mucho más básico, el dilema es entre democracia y tiranía. El problema es que el Mundo Libre no sabe cómo reaccionar, la revancha lo consigue demasiado entretenido destruyéndose a sí mismo. Occidente es capaz de arder de ira ante cualquier incidente que le suceda por error a una mascota en un vuelo de una aerolínea propia, pero es casi indolente ante lo que le sucedió a Román Protasévich, un periodista que despegó de Atenas con destino a la capital de Lituania y que de repente ve por su ventanilla un avión de combate Mig-29, que hace aterrizar a la fuerza el vuelo en Minsk donde lo esperaban sus captores para hacerle pagar con cadena perpetua su osadía de informar. Era un avión europeo, de una aerolínea europea, de una ruta entre dos países europeos y lleno de pasajeros europeos. Aun así los rusos cazaron al Ryanair.

No es casualidad que hace poco Putin haya amenazado a Occidente con contraatacar de forma asimétrica, rápida y dura, advirtiendo que “lo lamentarán como hace mucho que no lo hacen”. Es un emperador orgulloso de sí mismo que sin complejos oprime a su pueblo y además interfiere en otros países para debilitar sus democracias en favor de tiranos aliados, como sucede abiertamente en Biolorrusia y Venezuela, por ejemplo. Y en la sombra trabaja incansablemente para ganar la batalla cultural y sustituir a nivel global el paradigma de la democracia liberal por el del populismo y autoritarismo eficiente. Las agendas mundiales de normalización de tiranías y desestabilización de democracias convergen en un punto: Moscú. ¿Quién va a liderar el eje occidental en defensa de la libertad? ¿Cómo nos vamos a defender de esta amenaza ya imposible de ignorar? Este no puede ser el final de la película, es hora que salgan los héroes en escena.


Presidente de la Asociación Causa Democrática Iberoamericana

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