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La confianza

La confianza es el camino para crecer en todas las relaciones interpersonales, especialmente en el matrimonio. No hay una relación que necesite más de la confianza que la relación entre esposos; pues la confianza es la escalera que nos lleva a las alturas del amor, a la madurez de la relación. La confianza significa ser capaces de creer en la integridad de la otra persona para actuar de acuerdo al amor. Valorar la confianza depositada en nosotros nos hace actuar de acuerdo a la regla de oro. La confianza constituye la piedra angular de la edificación del hogar. 

La confianza se construye en el diario vivir, a medida que nuestra vida es testimonio de nuestras palabras, las personas a nuestro alrededor comienzan a confiar en nosotros. Y esa confianza va en aumento a medida que transcurre el tiempo. Cuando los actos son contrarios a las palabras la confianza comienza a desvanecerse. El camino hacia la confianza es una trayectoria larga y esforzada; pero el camino para que la confianza se desvanezca suele ser un precipicio, puedes llegar muy rápidamente al nivel del subsuelo.

La confianza comienza en las cosas pequeñas, en los detalles. Pues, son los detalles los que delatan lo que hay en el corazón. A medida que podemos experimentar en el otro su honestidad, su integridad, su respuesta acorde a la relación, la confianza va en aumento. Jesús al contar la parábola del mayordomo infiel dijo: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. Lucas 16:10. 

En todas las relaciones consanguíneas la confianza es tácita, se da por sentado que confiamos en nuestros padres y hermanos. Sin embargo, la confianza en estás relaciones se ve robustecida con el convivir diario por muchos años. Pero la confianza entre dos extraños nunca puede ser tácita porque no hay un vínculo como garantía. El vínculo se establece a través de la amistad y se consolida a través de las acciones de ambas partes honrando la relación. 

Cuando decidimos casarnos es porque la confianza entre ambas partes ha llegado a una fortaleza de tal magnitud, que las personas tienen la seguridad que pueden compartir su vida con esa otra persona. El vínculo establecido les confiere esa seguridad, la cual quita de en medio la angustia que produce la desconfianza. De tal manera que la confianza es seguridad. La seguridad, precisamente, de creer que las acciones de la otra persona honrarán el vínculo que hemos establecido. La seguridad que tengo en ti cuando estás a mi lado y, también cuando mis ojos no te ven. No hay sosiego más sublime para el alma que saber, con certeza, que nuestro amado (a) es tan genuino lejos de nuestra vista, como lo es cuando está con nosotros.

La falta de confianza en el esposo o esposa puede llevar a los conflictos más devastadores de la relación. Y una vez que la confianza se ha perdido por medio de la constatación de la mentira, volver a construirla es un camino largo y  arduo.

Como la confianza es piedra angular, cuando la confianza se desmorona toda la edificación del matrimonio se viene abajo. Pero, errar es de humanos, por lo que es muy probable que a lo largo de la relación matrimonial pueda haber una crisis de confianza. Y la buena noticia es que en la vida con Dios podemos reconstruir sobre las ruinas. Podemos acudir a Dios con un corazón sincero y empezar este proceso siendo guiados por El.

La restauración es posible siguiendo ciertos pasos esenciales:

  1. Arrepentimiento genuino: Todo aquel que realmente quiera reconstruir la confianza con su cónyuge debe, en primer lugar, mostrar un verdadero arrepentimiento. El arrepentimiento no es lo que muchos han pensado por años, cuando sus consciencias le reclaman y la culpa los atormenta. El verdadero arrepentimiento consiste en confesar la verdad, pedir perdón y mostrar frutos dignos de arrepentimiento, lo cual se traduce en un cambio radical de actitud, de esa actitud que condujo a la mentira, la falsedad, la deshonestidad y/o la infidelidad.
  2. Hablar la verdad y actuar en verdad: Este puede llegar a ser el reto más difícil de asumir. Muchas personas tratan de seguir adelante guardando la basura debajo de la alfombra. Pueden estar guiados por el sentimiento genuino de reconstruir la confianza, de continuar adelante con la relación y hacer un cambio de rumbo con respecto a eso que trajo la ruptura de la confianza; pero el no confesar la verdad, es continuar horadando la relación. La Biblia dice que todo lo que se confiesa viene a la luz y cuando es iluminado por la luz deja de ser tinieblas. Por lo tanto, para salir de la oscuridad es necesario confesar. 
  3. El perdón debe ser verbalizado: Por supuesto que el cambiar de actitud es primordial para restablecer la confianza; pero, el primer paso para sanar la herida es pedir perdón. Es confesar la falta y expresar el pesar por haber herido los sentimientos de la otra persona. Si hemos hecho uso de la palabra en el proceso del cortejo, en el proceso de unión y relación, cómo no hacer el debido uso de la palabra para expresar el pesar, para pedir perdón.
  4. Mostrar paciencia: Aun las palabras más honestas, la actitud más genuina y el amor más profundo, no constituyen una varita mágica, no son una llave instantánea. La confianza se ha construido a través de un proceso de formación,  como una piedra preciosa que forma la naturaleza a través del tiempo y la acción de diversos procesos. Así que después de haberla fracturado con un martillazo es necesaria la paciencia para restaurarla. Así que ahora, vístete de paciencia.
  5. Cambia de rumbo: Mientras todos los pasos anteriores se van dando es absolutamente determinante hacer todo lo necesario para cambiar de rumbo, para enmendar lo hecho, para enderezar los caminos torcidos. Apégate cada día con más fuerza a Dios, cultiva la restauración con la oración y riégala con la Palabra de Dios: léela, estúdiala, internalízala y deja que te transforme. 
  6. Búscalo de todo tu corazón y confía en El y El hará.

“Bueno es el Señor;

es refugio en el día de la angustia,

y protector de los que en él confían”.

 Nahum 1:7.

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Un comentario

  1. Así es, la confianza es creer en la otra persona, es esperar del otro lo mejor para ti y para tu familia, la confianza se entreteje, en el alma con hechos no con sólo las palabras, la confianza es contar con la GRACIA del Todopoderoso porque al saber que todos somos vulnerables y que podemos fallar, nos vamos a apoyar cada día con muchas fuerzas, intencionalmente y de todo corazón a el Único que nos libra de caer en tentación y de toda trampa del adversario.

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