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La conspiración de una contra-vacuna

Los mitos y la desinformación, se han constituido en trazas de una situación que ha venido induciendo rasgos de una contracultura ya bastante extendida. Que además. Se ha tornado tan perniciosa como reaccionaria. En medio de tan controvertido contexto, se incubó una crisis de salud provocada y potenciada por la incidencia de un virus insidioso. Esta crisis fue aprovechada por el ejercicio de una política envenenada por una ideología de dogmas arcaicos. Así pudo implantar objetivos de pervertida condición.

Tan craso nivel de oprobio, logró alcanzar los efectos de un envilecido ejercicio de política que algunos gobernantes, ostentosos de exhibir una importante fuerza de arrastre demagógico, aprovecharon para conquistar espacios que se han mantenido aferrados a corrientes de pensamiento agorero. En consecuencia, envalentonados politiqueros se valieron de tramadas excusas para organizar malévolas intenciones desde innumerables centros de gobierno. Para entonces, ocupar otros estadios de poder que hasta ahora son espacios primados por libertades, derechos y valores humanos. Todos, argumentos expresos de desarrollo económico y social, asumidos como razones de crecimiento y progreso.

Se incitó un estado de descomposición social, económico y político ajustado a propósitos urdidos por un “globalismo” de entero cuestionamiento. Sólo que al frente de dicho problema, comandando sus aterradoras huestes, se situó el temible virus Covid-19. Y como siempre, asechando cualquier realidad de intrincada e inmediata injerencia. Ya sea porque se encontraba débil, aterrorizada o impedida de resistir los embates de la precipitada infiltración que le había servido de amenaza.

Así se irradió el Covid-19. Sin permiso de nada ni de nadie. Movilizado por su inteligente y habilidosa capacidad para inocular a quien pudiera hurgar. De esa forma se extendió por todo el planeta. Más aún, sin que la ciencia tuviese el completo conocimiento de las desgracias que ocasiona. Por tanto, había que salirle al paso. De lo contrario, el mundo correría el riesgo de ver rudamente reducida su población. Había que dar con la forma de inocular sus efectos. Había que frenarlo para evitar la violenta insurrección sanitaria que había comenzado a causar.

Al mismo tiempo, el virus se había convertido en un factor de incitación de contrariedades políticas capaces de causar ingentes desequilibrios del orden social establecido. Serios daños al modelo establecido a costa de importantes luchas reivindicativas en los últimos cincuenta años del siglo XX. Y no se halló otra vía de contrarrestarlo que a través de una vacunación de gran alcance demográfico mundial.

Pero hasta aquí, podría escribirse la primera parte de tan pérfida ofensiva. La segunda parte de dicha historia, deberá escribirse con base en lo que las circunstancias creadas por la vacuna podrán forjar. No sólo para hacerle frente a lo que sus amenazas son capaces de forjar. También, la susodicha historia podría derivar en lo que algunas teorías conspirativas han prescrito.

Sin embargo, es sabido que alrededor de la vacuna producida por distintos laboratorios de reconocida reputación, se han armado algunos mitos. Algunos, ocasionados por la desinformación que ha estado dándose alrededor de la elaboración de la vacuna en cuestión. Más aún, de los posibles efectos de la misma.

Muchas conjeturas se han tejido en torno a la misma. Todo así está sucediendo. A pesar del enfrentamiento histórico que se da entre verdades como realidades, y el  engaño como escenario de ejercicios políticos que utilizan el asecho como recurso de gobierno. 

El mundo sigue siendo asediado por falsos héroes. O por mediocres o improvisados que buscan ganar el terreno sobre el cual pretenden levantar sus espacios de poder. Aunque al final, se impondrán las verdades como cimiento de vida. Así que quienes están dispuestos a vivir o sobrevivir, sabrán dar la pelea tal como las condiciones lo permitan. Es el único camino para alcanzar las libertad que un mundo de dignidad bien merece.

Por eso, en medio de las adversidades causadas por el Covd-19, y aunque pareciera sonar a contradicción, la incidencia de la vacuna ha generado tantos tropiezos como conflictos podrían desatarse. El primer problema de una lista de importantes causales, es la imposición de un proceso de vacunación con vacunas en fase experimental para legalizar la inoculación de nuevos genes o la alteración del ADN en las personas a quienes se les estaría aplicando.

Por otro lado, se tiene el problema creado por su distribución, tanto como por su manejo. Este problema roza los ámbitos de poder que a su comercialización corresponde. Y que se supedita a las cantidades a repartir. Aunque lo más grave, radica en la forma de cómo esta crisis humanitaria o “emergencia humanitaria” incide en las distintas economías nacionales. Razón por la cual, se produce un desequilibrio entre la oferta y la demanda de la vacuna impugnada.

Pero también, advertida como un recurso de coacción, la vacuna se tiene concebida como una herramienta de dominación. Lejos, por supuesto , de su carácter como medicamento destinado a alentar la inmunidad ante el acoso del impugnado virus.

En fin, la aplicación de la vacuna está debatiéndose entre temores y dudas. Y esto ha provocado una clara definición entre apreciaciones de quienes se muestran en contra, o a favor de su empleo. La indecisión está plantada en la desconfianza y el miedo por efectos secundarios hasta ahora desconocidos. O respuestas que son especuladas por triadas de desinformación potenciadas a través de las redes sociales.

En el fondo de tan delicada situación, en el caso Venezuela, hay algo más que reticencia. No hay plan (logística) que de cuenta del aseguramiento del traslado de la vacuna, conservación en la cadena de frío necesaria, operadores, instituciones u organizaciones responsables de su aplicación. Dicho plan debe ser delimitado-incluyente-envolvente. Sin embargo, está de bulto el problema que retrata la cuestión político-ideológica. Acá, salta a la vista la satanización de la vacuna. Y ante tan crítica razón, entre las posibles secuelas del problema, está la perturbación capaz de provocar la conspiración de una contra-vacuna.

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