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La corrupción petrolera acorrala a Dilma Rousseff

Y se extiende a PDVSA.

“Las cañerías de la industria petrolera de Brasil se desbordaron y las aguas negras de la corrupción llegan a Venezuela”.

Dilma Rousseff acorralada por el gran escándalo de Petrobras, forzó la destitución de la cúpula de la gran empresa de Brasil y una de las más importantes de América Latina.

Pero no es Brasil sólo el país en la crisis de su gerencia petrolera. Los escándalos se extienden a otros países, incluido Venezuela, donde varios ejecutivos de la administración de Rafael Ramírez han sido removidos, presos o bajo investigación de la Inteligencia Militar.

Un informe, que aparece en el centro del escándalo, culminó con la detención de los gerentes de combustibles de Caracas, y el gerente José Parada del estado Zulia. “Este fue detenido cuando intentó salir del país con algunos familiares”.

En Caracas, la Dirección de Inteligencia Militar, llamó a declarar y hasta hoy se desconoce su suerte, a uno de los asistentes de confianza de la anterior administración.

Ramírez fue sacado sorpresivamente de Pdvsa, para sorpresa de su equipo. Fue enviado a Nueva York, aunque en principio se negaba a ocupar la Embajada en las Naciones Unidas.

Pero no había salida. Debía dejar la industria petrolera de la que fue el gran señor y jefe durante el gobierno del Presidente Chávez.

La salida fue polémica. Sus más cercanos lo consideraron como un pase de factura, y el empeño del Presidente Maduro en colocar hombres de confianza en la gran administración de esa empresa del Estado.

Nombró a Del Pino, para salir de la “emergencia”. El nuevo presidente podría dejar el cargo en los próximos meses, dijo uno de los ejecutivos que está fuera de la Industria.

“El grupo emergente quiere desplazar todo vestigio de aquella gerencia”.

-Creo, dijo a este periodista, que Ramírez terminará por dejar el cargo.

Por ahora, muchos de sus familiares también están fuera del país.

José Gómez Aular, que sigue de cerca el proceso petrolero, dijo que, “Hay una lucha de poder y Ramírez fue una de las piezas que saltaron en la batalla”.

Pero en Brasil, que había una resistencia parecida a la que hubo para la salida de Ramírez por el apoyo de la Presidenta Rousseff, la crisis se agravó tras descubrirse el gran robo. Dilma debió ceder y reemplazar a los directivos, presionada por factores políticos y de opinión.

El informe publicado por el Diario El País, de España, dice que la semana pasada se hizo público que el valor de lo robado por el sistema de corrupción, sumado a ciertos proyectos ineficaces, asciende a 88.000 millones de reales (casi 34.000 millones de dólares). Esto, según varios articulistas de la prensa brasileña, ha pesado definitivamente en la destitución de Foster, que llevaba tres años en el cargo y que hasta ahora ha actuado, además de como primera gestora de una gigantesca empresa vapuleada, como escudo político de la presidenta.

Bastó que este miércoles A Folha de São Paulo publicase la destitución en su edición digital para que las acciones de la petrolera se disparasen hasta un 10%. A finales del año pasado, en un desayuno con periodistas en Brasilia, Rousseff defendió a Foster, de quien se considera una amiga personal y afirmó que no pretendía sustituirla. “La conozco. Y me consta su seriedad y su corrección”, aseguró. Pero dos meses en la actual vorágine de malas noticias que acosan al Gobierno de Rousseff es mucho tiempo. La sangría de Petrobras es ingente: En 2010 valía 380.200 millones de reales (126.000 millones de euros). Cuatro años después, consecuencia, en su mayor parte, de inversiones mal calculadas y de las velaciones de la corrupción que la carcome, su valor es 2,3 veces menor: 112.000 millones de reales (42.000 millones de dólares). Aún gana dinero, eso sí, aunque las ganancias del tercer trimestre de 2014 cayeron un 9,07% respecto al mismo período de 2013, según el informe de resultados publicado el miércoles, que no incluye lo robado.

Mientras, los escándalos siguen sucediéndose. Este miércoles, Julio Camargo, uno de los acusados de sobornar a altos cargos de Petrobras que, bajo arresto, se han animado a denunciar el sistema de corruptelas, aseguraba que pagó 12 millones de reales (4.5 millones de dólares) para obtener concesiones de obras y añadió que el pago de sobornos en esta empresa por parte de las empresas concesionarias era “una realidad institucionalizada”.

La sequía amenaza con racionar el agua cinco días a la semana en São Paulo, la ciudad más grande.

El de Petrobras no es el único problema que acosa a la Presidenta, que tomó posesión el pasado uno de enero. De hecho, el año se cerró con la economía en plena fase de parálisis, con el PBI coqueteando muy poco por encima del 0. El FMI calcula que Brasil, uno de los países emergentes que hacía años asombraba al mundo con crecimientos por encima del 6%, sólo superará un anémico 0,3%. La exportación de materias primas se ha atascado y la industria se encoge; de hecho, la producción industrial reculó el año pasado un 3,2%, el peor registro desde 2009.

Y todo será peor si no llueve. Y mucho. La mayor sequía desde hace 80 años amenaza con racionar el agua cinco días a la semana a los habitantes de la mayor ciudad del país, São Paulo, si las presas no se llenan antes del mes de abril. Muchos pobladores ya de barrios periféricos ven cómo el grifo languidece seco muchas horas al día, hay bares y restaurantes que ya contratan regularmente camiones cisterna y la demanda de bidones gigantes de plástico se ha disparado ante la amenaza, cada vez más cierta, de que toda esta mega urbe se quede seca. Las consecuencias no sólo serán sociales. También económicas. La sequía encarece los precios de los alimentos, perjudica a la ya herida industria y, de rebote, afectará al suministro (y al precio) de la energía eléctrica. Todo esto repercutirá automáticamente en el talón de Aquiles de la economía brasileña, la inflación, que ya se encuentra en el límite tolerado por el Gobierno, un 6,5%. Los expertos aventuran, además, que si no empieza a llover, sólo en la industria, la sequía significará un retroceso de 0,6% del PIB.

Por si esto no fuera poco, Rousseff cosechó el domingo una derrota política en la Cámara de Diputados, donde fue elegido presidente de la misma, Eduardo Cunha, un viejo adversario, que aventura para la Presidenta una difícil legislatura parlamentaria.

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