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La corrupción que inunda América

Lorenzo Agüero

Frente una gran frustración ciudadana, nuestro continente muestra ejemplos tanto positivos como negativos en la lucha contra la corrupción. El desafío: revalorizar la política.

Transparency Internacional

Es fácil entender la cólera ciudadana al movilizarse bajo los gritos de «Son todos ladrones» cuando reconocemos que nuestro continente no logra avanzar en la lucha contra la corrupción. Lo que se palpa en ánimo social se refleja en el último informe de Transparency International, que señala cómo América, manteniendo en el 2018 por tercer año consecutivo un puntaje promedio de 44 puntos (siendo 0 y 100 lo peor y mejor, respectivamente), se encuentra estancada en materia anticorrupción. Los países mejor ubicados no son una sorpresa, con Canadá (81), Estados Unidos (71) y Uruguay (70) en el podio. Al igual que tampoco lo son los que ostentan los peores lugares: Venezuela (18), Haití (20) y Nicaragua (25).

Es tremendamente valiosa la relación que Transparency International marca entre el aumento de la corrupción y el debilitamiento de la calidad democrática. Entre ambas se genera un círculo vicioso en el que la corrupción debilita a las instituciones democráticas dando más oportunidades a la corrupción para florecer y quedar impune.

Con esto en mente, no son de extrañar los pobres resultados de muchos países americanos, teniendo en cuenta el retroceso que estos tuvieron en sus sistemas democráticos a manos de lo que Transparency International considera «liderazgos populistas y autoritarios». Metiendo en la misma categoría a personajes como Jair Bolsonaro, Donald Trump y Nicolás Maduro, se los considera como artífices de una nueva manera de hacer política que se extiende a lo largo de la región.

Esta nueva ola de gobernantes tienden a toda una gama de actitudes entre las que se encuentran las dirigidas a socavar cualquier control que se les pueda imponer, desde los medios de comunicación hasta las organizaciones de la sociedad civil, y proponer soluciones simplistas de mano dura a problemas tremendamente complejos como lo es la corrupción.

Estamos mal, pero tampoco todo es oscuro. Transparency International señala tres países que con sus mejoras anuales dan esperanzas de un futuro regional con menor corrupción. Este grupo está integrado por Ecuador, El Salvador y Argentina. Los dos primeros casos mejoraron durante el año pasado dos puntos, llegando a 34 y 35 respectivamente (aunque siguen siendo puntajes demasiado bajos). En relación con Argentina, ahora tiene una puntuación de 40, mejorando un punto desde el año pasado y ocho si contamos desde el cambio de gobierno desde 2015. Lo que tienen en común estos tres países son a su poder judicial emprendiendo investigaciones de alto calibre contra figuras muy importantes, pero habrá que ver si con el correr del tiempo se puede garantizar la independencia de los jueces (tal vez algo demasiado optimista para la Argentina) y el acceso a la información por parte de los medios de comunicación y la sociedad civil.

Para cerrar, retomemos las palabras de inicio: «Son todos ladrones». No todos lo son, ni siquiera la mayoría lo es. Es más, muchos se arriesgan todos los días para luchar contra la parasitaria corrupción que condena a sus países a un constante subdesarrollo. La solución al problema de la corrupción, ya sea aprobando legislación anticorrupción, fortaleciendo el poder judicial, o votando por determinado candidato, solo puede ser una solución que venga de la política. La política puede estar plagada de corrupción, pero es la misma política la única que puede erradicarla para siempre.

Diálogo Político – Fundación Konrad Adenauer Uruguay

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