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La defensa de la autonomía y universidades

Cuando miramos el trascurrir de nuestra historia nacional y regional, y particularmente el papel cumplido por la iglesia y algunos hombres y mujeres de la época, entre ellos, el obispo Juan Manuel Antonio Ramos de Lora, Francisco Javier Irastorza, Santiago Milanés junto a otros prelados españoles e ilustres merideños, no dudamos en señalar el gran acierto de aquellos hombres de entonces, visionarios por lo demás al echar las semillas en nuestro caso particular de la Bicentenaria Universidad de Los Andes. Estamos totalmente de acuerdo con el mayor escritor, ensayista y prosista de los Andes, como fue Don Mariano Picón Salas, quien ampliamente ha documentado la decisión por demás atinada  de aquel entonces de estos preclaros hombres en relación a la génesis de Universidad de Los Andes.

De manera que el Seminario fundado hace más de dos siglos daría pasó a Real Universidad, y posteriormente a la Universidad de los Andes. Más allá de la data o fechas que hay alrededor de la Universidad de Los Andes, la gran verdad está en la acertada y trascendental visión de aquellos hombres que originalmente visualizaron un Seminario con fines religiosos, institución que tuvo su génesis u origen en el milagro y creación del seminario a partir del 29 de marzo de 1785. De allí en adelante encontráremos varias etapas, hechos, decisiones, periodos de esplendor y de crisis  pero fundamentalmente una historia llena de aciertos, logros y satisfacciones.

Estas líneas no tienen otro sentido que reconocer en público lo que la Universidad de Los Andes es y viene haciendo, lo que la Universidad de Los Andes le ha dado al país nacional, a los Andes, a la ciudad de Mérida y a todos aquellos que han tocado sus puertas. Formamos no sólo profesionales, sino además ciudadanos, producimos ciencia, intervenimos en el desarrollo de los Andes y del país nacional, aportamos recursos humano y valor agregado a múltiples procesos humanísticos, científicos, tecnológicos y productivos.

No hay rincón del país, entes públicos, privados, colegios, universidades, institutos de investigación, gremios, ministerios, bancos, sindicatos, oficinas, despachos, hogares y por supuesto instituciones, empresas públicas y privadas a escala internacional donde no encontremos un egresado y profesional de la Universidad de Los Andes. Como casa de estudios ofrecemos estudios de pregrado en todas las áreas del saber, contamos además con ofertas en términos de especializaciones, maestrías y doctorados, tenemos una infraestructura en lo que tiene que ver con laboratorios, bibliotecas,  institutos, centros y grupos de investigación, despuntamos en edición y publicación de libros textos y revistas científicas, y todo esto lo hemos seguido haciendo a pesar de los recortes, radicalismos  e incomprensiones que la revolución bolivariana y sus representantes dirigen sobre la nobleza, esencia y sentido de la institución y de quienes dignamente somos parte de la ULA.

De tal manera que quien pose su mirada sobre la Universidad de Los Andes y evalúe su desempeño en el tiempo, deberá reconocer lo acertado de haber creado y sentado las bases hace más de dos largos siglos, de esta iniciativa, esfuerzo y casa de estudios. Esta casa de estudios o Alma mater ha superado en distintos tiempos y épocas  ataques, maltratos e incomprensiones, a pesar de ello siempre se ha mantenido incólume como un faro de luz, como un sol que orienta y marca una pauta en beneficio de todos. No querer a la Universidad es no querer a la madre, es no quererse uno es desdecir y por miopía o arrebato desmeritar lo que la noble y digna casa de estudios ha hecho y logrado y seguirá haciendo y logrando en beneficio del país y los venezolanos.

En los estertores del socialismo del siglo XX y final de la revolución bolivariana, nos ha correspondido sortear como en ningún periodo o etapa anterior ataques contra las Universidades Autónomas de Venezuela, acciones y decisiones que rayan en el radicalismo y en el extremismo. Se puede tolerar que a la Universidad no sea vista por parte del gobierno como una aliada del proceso, del socialismo, la corrupción, el militarismo ramplón que devora al país, se puede aceptar que la Universidad sea mirada con recelo por quienes ejercen el gobierno paradójicamente muchos salidos de nuestras aulas de clases, pero de allí a considerar a la Universidad un enemigo y por ende dirigir diversas acciones a mancillarla, a destruirla o intentar intervenirla con argucias, vericuetos , subterfugios y demás, es sencillamente inaceptable e intolerable.

La Universidad de Los Andes (ULA) es una institución con una presencia, prestigio, raigambre, impronta y demás en los andes, en Venezuela y el mundo entero, no somos esos experimentos educativos que la revolución ha impulsado. Venezuela, Mérida y los universitarios sentamos una profunda distancia con las ejecutorias del gobierno en su relación y trato a las Universidades Autónomas, particularmente hacia la Universidad de Los Andes, en virtud de lo cual y por ende rechazamos los atropellos ya no sólo a nuestras aulas, nuestros laboratorios, nuestros vehículos, a nuestros profesores, empleados, obreros y estudiantes, sino que nuevos ataques e infamias se ciernen sobre la Universidad venezolana.

Rechazamos  las temerarias denuncias que determinados miembros de la comunidad universitaria han formulado ante la Contraloría General de la República (la peor cuña es la del propio palo) y que persiguen por vía de supuestas irregularidades (al querer señalar como delito o falta la compra venta de unos terrenos) y la consecuente inhabilitación del Rector Mario Bonucci Rosinni, lo cual se traduciría sencillamente en la intervención de nuestra Alma Mater. Como ciudadano y universitario expreso mi condena rotunda a la manera irregular en que se pretende señalar una falta donde no la hay porque ni más ni menos según la Ley de Universidades, es únicamente el rector el cuentadante y representante legal y en el caso señalado el señor rector fue además autorizado por el Consejo Universitario. A estas alturas es inaceptable ser silente con la pretendida actitud de afectar no la majestad y el mandato legítimo de un Rector electo democráticamente, sino trastocar totalmente la autonomía y funcionamiento natural de la Universidad de Los Andes, aspecto, actitud y conducta que no tiene antecedentes en el país, y menos aún en la historia de Mérida y de la ULA. Los valores, los principios son absolutos, y como los derechos no admiten negociación o partición. El momento actual nos llama a defender a la mancillada democracia en Venezuela y por supuesto a la defensa de la autonomía y Universidad de Los Andes respectivamente.

(*) Profesor de la Universidad de los Andes
E-mail: [email protected]

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