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La dogmática y longeva pionerita Bachelet se supera a sí misma

Verónica Michelle Bachelet Jeria nació el 29 de septiembre de 1951, hija de Alberto Bachelet, militar, y de Ángela Jeria, arqueóloga.  Su padre fue Agregado Militar en la Embajada chilena en Washington, del 59 al 62, dos años durante los cuales ella aprendió el inglés, estudió y conoció EEUU. En Chile inició estudios de medicina, su padre ya General de la Aviación es designado por Allende en 1972 como jefe de las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP), la respuesta oficial a la creciente escasez de alimentos que azotaba todo el país (el CLAP chileno). El 11 de septiembre de 1973 ocurre el golpe militar jefaturado por Pinochet. Allende se suicida (o lo suicidan sus escoltas cubanos). El padre de Michelle es detenido y fallece en prisión el 12 de marzo de 1974, por infarto, muy probablemente causado por torturas. Michelle y su madre pasaron a la  clandestinidad, fueron detenidas en 1975 y torturadas en Villa Grimaldi, van al exilio en la Alemania oriental, donde ella estudia el idioma alemán y prosigue sus estudios de medicina. Se casa con Jorge Dávalos en 1977, hijos: Sebastián (1978) y Francisca (1984). Regresa en 1979 a Chile, se gradúa de médico en 1983. Se separan en 1984. Entre 1985 y 1987, Bachelet mantuvo una relación sentimental con Álex Vojkovic, De 1990 a 1992 con el  epidemiólogo Aníbal Henríquez con quien tuvo a su hija menor Sofía, en 1992. En el gobierno de Ricardo Lagos, fue Ministro de Salud año 2000, y de Defensa en 2002 (primera mujer en Iberoamérica), candidata de la Concertación en dic 2005 gana en segunda vuelta, enero del 2006, (primera mujer presidente en Chile). Reelecta en 2013, presidió Chile de marzo 2007 a marzo 2011, y de marzo 2014 a marzo del 2018.

Desde el 1º de septiembre 2018 es Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, posición para la cual no ha demostrado tener los méritos necesarios. Bachelet durante sus dos presidencias de 4 años cada una, y el lapso intermedio -o sea, del 2007 al 2018- nunca atendió a representantes de la oposición venezolana, ni se pronunció respecto de las crecientes arbitrariedades cometidas por el golpista y bipolar Hugo Chávez del 99 al 2012 (murió en La Habana, 29 de diciembre del 2012) y su sucesor, el indocumentado Maduro, en la presidencia mediante fraude desde abril del 2013. Tampoco ha hecho la mínima crítica a la feroz dictadura castrista (cumplirá 60 años el próximo 1º de enero del 2019), con la cual, por el contrario, se ha identificado siempre muy entusiastamente. Tampoco encontró algo cuestionable durante los casi 4 años que vivió en Alemania del Este protegida por el régimen de Hönecker: Ni el sometimiento a Moscú, ni la permanente represión de la Stasi, ni siquiera el Muro que dividió a Berlín, que más bien era una franja de 20 metros de ancho por kilómetros de extensión, para impedir que el desagradecido pueblo abandonara las bondades del socialismo del siglo 20. La ONU debería informarnos sobre la trayectoria de Bachelet en la defensa de los Derechos Humanos, lo que tomaron en cuenta para asignarle ese nombramiento (a menos que sea válido que ella defienda única y exclusivamente los derechos de sus correligionarios, y que piense que los opuestos al comunismo no son humanos y es lícito eliminar sus libertades, detenerlos, torturarlos, asesinarlos).

Como para demostrar su incondicional solidaridad con el ñangarato mundial, su constante preocupación por los derechos de quienes comparten su ideología neoestalinista, y su desprecio por las decisiones de la mayoría -cuando no favorecen a su sector marxista-leninista-destructivista-, Michelle Bachelet  declaró el lunes 29 de octubre, que “vigilará el respeto de los derechos humanos en Brasil tras el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales”, que ocurrieron el día anterior, el domingo 28 de octubre. La Bachelet se manifestó contra Bolsonaro sin que hubieran transcurrido siquiera 24 horas de su elección, y faltando 60 días para su toma de posesión (1º enero 2019). Lamentó además, nuestra insigne defensora de los derechos humanos “la elección por mayoría de políticos con discursos homófobos, misóginos y que están a favor de la tortura para conseguir la información que necesitas»: Cuestiona la decisión mayoritaria del pueblo brasileño, y las presuntas posiciones discursivas de Bolsonaro (según las adulteran e interpretan los del Foro de Sao Paulo, la fachada del ultraizquierdismo mondo y lirondo de toda la vida, con Meca en Cuba, dado el derrumbe de la URSS en 1991), pero a la Bachelet nunca la incomodaron las atrocidades cometidas por los dictadores -electos por la minoría de la asamblea popular, figura con la que los estalinistas baypasean la voluntad mayoritaria, integrada por incondicionales del partido y pensamiento únicos-, quienes cometen homofobia, misoginia, torturas, en la praxis, no en los discursos.

Una defensora de los derechos humanos muy sui géneris, jamás le preocuparon las graves violaciones mientras sucedieran en los países de la Unión Soviética, sus satélites en Europa oriental, Cuba, o en China, Camboya y Venezuela, pero se rasga las vestiduras “precautelativamente”, por adelantado, de forma absolutamente prematura, dos meses antes de que el acusado asuma el cargo desde el que va a cometer los delitos que ella y sus camaradas le atribuyen de antemano. Bachelet nunca dirigió la más leve crítica a Lenin, Stalin, Jruschov, Breshnev, Andrópov, Chernenko, Hoxha, Ceaucescu, su querido y angelical Hönecker –a quien retribuyó su plácida estadía en Alemania del Este, dándole refugio en Chile-, Fidel y Raúl Castro, Chávez o Maduro. Una persona genuinamente honesta y sensible, que ha sido junto a sus padres víctima de abusos de poder y torturas, no podría permanecer indiferente ante regímenes que cometen sistemática y arbitrariamente detenciones arbitrarias, torturas, parodias judiciales con pruebas inventadas, asesinatos, masacres, como tampoco debería ser solidaria de camaradas vinculados a narcotráfico, contrabando de extracción, aceptan sobornos de multinacionales, malversan dineros del pueblo, blanquean capitales, mientras mantienen en condiciones de abandono instituciones educativas hospitales, empresas de servicios públicos, estimulan la inseguridad, destruyen el aparato productivo, generan escasez de alimentos y medicinas, reprimen criminalmente, creando miseria, hambre y éxodo. La doble moral de Bachelet no le permite ver ni condenar esa horrible realidad en los países gobernados por sus tovarish desde 1917 al 2018, pero ella los ve y condena -a priori- en Bolsonaro, apenas electo presidente. Y con ella, miles de camaradas en Latinoamérica y el mundo, tuertos ideológicos, basura.

El intenso dogmatismo y la doble moral de los y las Bachelet en el planeta, tras el rotundo fracaso de los socialismos del siglo 20 y los crímenes cometidos por decenas de millones contra sus disidentes, los lleva a cambiar de estrategia y tomar de estandarte primordial la lucha por las presuntas minorías oprimidas. Acusan de fascistas a todos los que denuncian las aberraciones cometidas por sus camaradas en el poder, callan o aplauden esas atrocidades, adulterando sus respectivas realidades. Gritan sin pudor alguno, MUERA  PINOCHET, VIVA FIDEL, se autocalifican de antiimperialistas con cientos de miles de invasores cubanos controlando en Venezuela la emisión de cédulas y pasaportes, la represión y las informaciones, triangulando importaciones, ordenando medidas económicas y políticas. Maduro –asesino de cientos de jóvenes manifestantes con su represión criminal cubanizada– condenó la represión contra la minoría de catalanes separatistas que -violando la Constitución de España- ensamblaron un referendo ilegal y fraudulento, no hubo ni medio muerto. Atacan a Bolsonaro, y a cualquiera que no entre por el aro de “lo políticamente correcto”, su actual método de engatusar para ganar adeptos; Hay que permitir todo cuanto exijan los negros, los latinos, los LGBT, los musulmanes, total impunidad al cometer excesos, trato privilegiado a las “minorías”, fronteras abiertas sin requisitos para los inmigrantes, matrimonio y adopción, libertinaje y promiscuidad, deben ser autorizados a los del mismo sexo, musulmanes pueden vivir en ghetos, donde imperan sus leyes -Sharia- y vicios de siglos (ablación, burka, considerar a las mujeres como de segunda categoría, repudiar la democracia). Quien no esté de acuerdo en su totalidad con “lo políticamente correcto”, es fascista, homófobo, racista, islamofóbico, intolerante, un monstruo en el extremo opuesto a los perfectos hombres nuevos que producen las revoluciones estalinistas, junto al Edén de libertades y prosperidad sucialista.

Bachelet jamás manifestó una mínima inquietud, el embrión de un tímido reclamo, por Las damas de blanco, Zapata, los balseros, los campos de reeducación, la homofobia, la discriminación contra los disidentes en Cuba desde 1959, en Nicaragua este año, en Venezuela desde 1999; 43 asesinados por la represión en 2014, 139 en el 2017: Bassil, Redman, Génesis, Gruseni, Pernalete, Neomar, no existen para Michelle, tampoco las inconstitucionales milicias y los colectivos rojos rojitos, las FARC y el ELN, los constantes fraudes electorales, que también violan derechos humanos, los de la libre expresión política, porque según el ñangarato mundial sólo los comunistas tienen criterio propio y progresista, los anticomunistas son alienados, agentes de la CIA, fichas del imperio yanky, y nunca tienen la razón, por ello los reeducan, con propaganda goebbeliana, represión, torturas, destierro o asesinato.

La ONU podría nombrar a Diego Maradona y a Daniel Ortega Altos Comisionados para la lucha contra las drogas y la Pedofilia-Pederastia. Irían en sintonía con “lo políticamente correcto y la doble moral”.

http://edgardjenblancoynegro.blogspot.com/2017/10/bachelet-apretada-agenda-estalinista.html  

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