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La era del petróleo frente al auge del carro eléctrico

Mientras en Venezuela, los economistas y especialistas en materia energética insisten en colocar al petróleo como punta de lanza de la recuperación económica del país, cuando se dé el proceso de transición democrática que tanto anhelamos, el mundo parece girar en otra dirección.

La mayoría de los países, incluso algunos latinoamericanos como Costa Rica, Uruguay, Argentina y hasta Bolivia, están tratando de enfocar esfuerzos en generar energías limpias para reducir su dependencia del combustible fósil y para cumplir con las metas para frenar el calentamiento global. De hecho, Uruguay es el cuarto país en el mundo y primero en Latinoamérica en generación de energía eólica y solar, según datos de la Asociación Internacional de Energía (AIE).

Por otra parte “Our World in Data”, grupo de la Universidad de Oxford, señala que el consumo de  petróleo suponía cerca del 20% en la producción de electricidad para 1971 y menos del 5% para el 2014,  siendo reemplazado por energía nuclear y gas natural y más recientemente por las llamadas energías renovables, que incluyen biomasa, geotérmica, solar, eólica y marina.  De hecho, las inversiones en energías renovables se quintuplicaron en el mundo entero, pasando de 50 millardos de dólares en el año 2004 a más de 260 millardos de dólares en el 2015.  Así mismo, la curva de aprendizaje en términos del costo para producir electricidad mediante paneles solares ha significado una disminución en costo por un factor de 100 entre el año 1976 y 2016.

Si bien es cierto que el petróleo no se dejará de usar de la noche a la mañana, está previsto que con la salida al mercado de los vehículos eléctricos comience a perder importancia y por ende, su precio bajará. La propia Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) ha señalado que prevé que el pico de la demanda petrolera se de en 2029 y a partir de allí comenzaría el declive.  Proyecciones hacia el año 2040 de importantes multinacionales petroleras como Exxon Mobil dan cuenta del cambio en el patrón energético hacia fuentes de menor generación de carbono, aún cuando prevén una duplicación del Producto Interno Bruto global en los próximos 20 años.

Y aunque a los vehículos eléctricos aún les falta camino o desarrollo para sacar de las pistas a los carros convencionales, también es verdad que las empresas automovilísticas están trabajando a toda marcha en innovación y desarrollo de nuevos productos que les permita no solo cumplir con las metas de generar menos contaminación sino también les sirva para ubicarse entre los pioneros de estas tecnologías que van a conquistar a los consumidores de un futuro que está cada vez más cerca.

De hecho, hay empresas como la Volvo de Suecia que prevé fabricar solo vehículos eléctricos o híbridos a partir de este año 2019; mientras Noruega calcula que para 2025 todos los automóviles nuevos que se fabriquen en ese país tengan cero emisión. Otros países como la India y Alemania prohibirán la venta de vehículos de gasolina y diesel  a partir de 2030, mientras que Francia hará lo propio en 2040.

Mientras esto ocurre en el mundo, en Venezuela –donde ya casi ni se ensamblan los vehículos convencionales- seguimos pensando en que apenas haya un nuevo gobierno, todo cambiará de la noche a la mañana y Pdvsa y sus filiales retomarán rápidamente sus niveles de producción y, por tanto, volveremos a tener millones de dólares en ingresos producto de las exportaciones de hidrocarburos. Nada más lejos de la verdad. Primero que nada, hay que recordar el nivel de destrucción en el que se encuentra actualmente lo que fue nuestra principal industria. Revertir ese deterioro requerirá de cuantiosas inversiones en recursos, en personal calificado y, por supuesto, esto llevará años. No es algo que se dará de la noche a la mañana.

Pero, adicionalmente, mientras los venezolanos estamos anclados en el pasado y enfrentamos un proceso de destrucción total en todos los órdenes, macroeconómico, institucional, en salud, alimentación, producción de energía eléctrica, manufactura de bienes y prestación de servicios, los demás países han venido trabajando en desarrollar energías limpias (solar, eólica, biomasa) y en tecnologías como Industria 4.0, que les permitirán ser más competitivos y menos contaminantes.  Países como Alemania, hoy  tienen niveles de productividad en términos de unidades producidas de 60 dólares por trabajador por día, mientras que  Venezuela, aún con salarios a nivel de los más bajos del mundo, produce unidades por solo 0,31 dólar por trabajador por día.

Venezuela debe comenzar a ver hacia el futuro con otra mentalidad. Salir del esquema de país mono exportador de petróleo para incorporarse al mundo de la inteligencia, de la tecnología y por supuesto, de la generación de innovación que se traduzca en los productos que permitirán reconstruir al país y mejorar un nivel de vida que hoy luce paupérrimo. Ese es el reto.

@jpolalquiaga

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