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La estrategia es por América

Podría uno preguntarse si es casualidad, pero también convencerse de la existencia de una estrategia continental en diario desarrollo y, lo peor, con claros indicios de éxito. Programa del experimentado castrismo cubano, o de los chinos que en el Comité Central siguen siendo comunistas y tiranos, o de Vladimir Putin que dictador en Rusia y formado en el cruel y eficiente servicio secreto soviético, con el poder en el puño podría sentir conveniente el desarrollo del comunismo mundial originado en el Kremlin. Puede que tenga sólo un portaaviones y una menor fuerza militar que Estados Unidos, pero podría llegar a tener unos cuantos países y gobiernos en las cercanías estadounidenses O una mezcla, se ponen de acuerdo, unos usan a los otros, ¿no ha sido eso siempre el marxismo-leninismo creador de tiranías y sometimientos?

Recuerden no hace mucho tiempo la ola de violentas protestas en países de nuestra región, hasta en el timorato Chile por el aumento de las tarifas del metro. Ahora los reclamos callejeros son en Colombia, donde aparece de repente un organizado Comité de Paro con un pliego de peticiones muchas populistas y difíciles de cumplir, y denunciando como todo comunismo que la Policía Nacional –manejada allá como acá, por los militares- es violenta, abusadora y asesina. Con dificultades económicas, la democrática Colombia de un poco seductor Iván Duque podría terminar en una Colombia socialista y aparatosa del ex guerrillero Gustavo Petro y su enriquecida cómplice y chavista amiga de las guerrillas Piedad Córdoba.

Recuerden que en Ecuador por poco no gana la Presidencia un discípulo de Rafael Correa, que no es comunista pero se acerca, mientras en Argentina gobierna, con las instrucciones de la politiquera y heredera de la tradición Kirschner, Cristina, la amiga y admiradora de Hugo Chávez, un kirschnerista que se las ingenia para proclamar necedades y errores, y que se aparta de todo movimiento regional poco grato al castromarxismo.

Los ecuatorianos reaccionaron a última hora, cuando se vieron con el correismo dictatorial y populistamente izquierdoso encima, y le dieron el poder a un empresario, pero queda con fuerza una oposición de oscuras perspectivas. En Perú, país donde tuvieron como en la ya semi olvidada Venezuela de adecos y copeyanos una sólida y creciente tradición democrática y tienen la costumbre de meter en la cárcel a los mandatarios corrompidos, los políticos se enredan y se les cuela con fuerza un antiguo maestro campesino, con más carrera sindical que docente, y llevan ya dos semanas contando los votos uno a uno mientras revive Sendero Luminoso asesinando y el conservadurismo tiene una candidata presidencial sometida a restricciones jurídicas. En cualquier caso no importa quién gane porque no podrá gobernar sin pactos, y eso significa un Perú estancado y en negociación para todo, los paso a paso del comunismo presentado como vengador.

En Brasil el conservador Jair Bolsonaro –militar, no se olvide- se las ingenia para equivocarse mientras sale en libertad y con la cara lavada el izquierdista Lula Da Silva, quien, sin el menor rubor, anuncia que reconquistará la Presidencia. En México el izquierdista Andrés Manuel López Obrador está apretado entre sus limitaciones socializantes en un país complejo como México y el peso de la vecindad con Estados Unidos, enredado como vía de migrantes ilegales hacia el norte donde la izquierdista Vicepresidenta Kamala Harris da la vuelta a sus mensajes anteriores y exige a los pobres de América que no vayan a su país porque no los dejarán entrar. Para no hablar de congresistas del mismo partido del Presidente Biden que se comprometen en la defensa de Nicolás Maduro. Contra las sanciones, para ser más exactos, pero, detalle, sin hacer diferencias entre las que bloquean a PDVSA y las personales a los ladrones y violadores de derechos humanos.

No les extrañe que el grasoso Daniel Ortega,  y su mujer cómplice y antieclesiástica, que ya son tiranos de la más cruel especie y ambición en su Nicaragua, enarbolen banderas revolucionarias de Sandino para explicar que hayan arrestado a candidatos presidenciales, dirigentes bancarios y líderes sociales para ganar sin problemas las elecciones y alargarse en el poder, mientras la izquierda ya acusa de dictador al conservador Bukele en El Salvador, todo eso en las narices de la Organización de Estados Americanos, que mucho se reúne y mucho habla sin que se le haga mayor caso.

Si no lo es, parece ser una estrategia de gran poder para revivir la izquierda en una América –Estados Unidos incluidos- que es un objetivo mayoritariamente democrático, lleno de problemas sociodemocráticos que dan argumentos repetidamente vacíos y usados a la izquierda, pero que hacen mella en oídos hambrientos y dejan turulatos a dirigentes difusores de democracias pero desunidos.

Cuba es el poder comunista que ha perseverado con hambre y mal vivir para sus ciudadanos y mando represor para sus intérpretes por seis décadas, que ha envejecido en la tiranía, la represión y la propaganda para los pendejos del mundo. Venezuela ha sido, gracias a la ignorancia y las ambiciones personales de Hugo Chávez y sus militares, y ahora con la dirección bajo engaño de Nicolás Maduro, nada original pero eficiente en la represión y las banderas de la mentira, un éxito no sólo menos riesgoso sino mucho más productivo que los costosos experimentos africanos de aquellos Castro que desangraron a su pueblo para terminar aprovechando el narcotráfico para beneficio de los jefes, y que en cuanto dejaron de recibir los rublos soviéticos tuvieron la suerte inmensa de seducir a un militar con tanto poder como ignorancia.

No sabemos si Anthony Blinken y Joe Biden se dan cuenta pero les están sacando la alfombra de flores de los pies y abajo queda una roja y áspera. No sabe uno en realidad, qué piensa el Partido Demócrata de Estados Unidos ni cómo actuará el Comando Sur cuando entre una Colombia de Gustavo Petro, un México de López Obrador, una Cuba marxista y una Venezuela castromadurista, les cambien el color del Mar Caribe.

Y con un Cono Sur controlado por el intrascendente Fernández temeroso del kirtschnerismo y un socialismo chileno, y lo que sea que termine pasando en Bolivia y Perú.

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