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La extensión universitaria como hologerencia en la UNELLEZ

El presente escrito es un resumen de mi Conferencia que en horas de la tarde del día del 28 de noviembre del 2019, se expuso en el marco del I Congreso Internacional de Educación de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ, Vicerrectorado de Producción Agrícola del estado Portuguesa…

La Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ, surgió como proyecto a comienzo de la década de los setenta pero sería para 1975, cuando se concretaría su fundación y por ende el inicio de sus actividades académicas. Su inspiración y concepción obedece al ideal del escritor venezolano Rómulo Gallegos quien en su obra “Doña Bárbara”, novela recreada en los llanos venezolanos, hablaba de la necesidad de crear a lo largo de las sabanas llaneras centros de valores y cultura que elevara el gentilicio de los hombres y mujeres de “a caballo”.

La UNELLEZ, llegó caracterizada como universidad experimental para formar y dotar a los lugareños de los llanos venezolanos, así como a quienes de otras regiones del país así lo deseen, de una formación en el área agrícola y pecuaria optima, en donde la investigación y la docencia  permitieran a los campesinos y pequeños productores de la región centro-occidental llanera, conocer de los avances científicos y tecnológicos que le ayudaran a optimizar los campos y la cría de animales. 

Ahora bien, como universidad se previó el crecimiento y demanda de nuevas áreas de estudio, por lo cual desde su fundación se estructuró la concepción de cuatro vicerrectorados que se caracterizarían por dar forma y especialización a líneas de estudio determinadas. Así se crearon el vicerrectorado de Producción Agrícola del estado Portuguesa, cuyo enfoque está orientado al abordaje científico-técnico de la Producción Agrícola; el vicerrectorado de Barinas, donde funciona la sede rectoral, especializado en Planificación y Desarrollo Social; el vicerrectorado de Cojedes, enfocado en los Procesos Industriales; y el vicerrectorado de Apure cuya línea de estudio es la Planificación y el Desarrollo Regional. 

En cada vicerrectorado funciona un departamento de extensión y en el rectorado está la estructura de la Secretaría Ejecutiva de Extensión universitaria; los fines de la extensión universitaria en la UNELLEZ, están consagrados en sus documentos oficiales, como la búsqueda de una interacción afectiva con la comunidad a través de la divulgación, capacitación y la educación informal; asumiendo a través de esta función la universidad su compromiso de participación con su entorno social desarrollando programas que fortalezcan la cultura en todas sus expresiones. Acerca de esta función universitaria y sobre sus alcances en el contexto contemporáneo, y ante el papel fundamental que viven hoy las universidades, se esgrime el presente ensayo interpretativo.

La filosofía o pensamiento extensionista universitario de la UNELLEZ, está caracterizado, y no se exagera al decirlo, por una actitud activa hacia la vinculación socio-comunitaria con el entorno, donde la universidad deja a un lado sus especulaciones y abstracciones y pasa a ocupar un sitial más activo y dinámico, en el que el colectivo social se involucra con los saberes y aprende, en consecuencia,  a comprender mejor la técnica y las bondades de los estudios científicos para aprovechar mejor los recursos naturales con que cuenta y que está llamado a transformar para el beneficio del aparato productivo local.

La extensión universitaria, desde esta perspectiva, se asoma como una actividad cuya razón de ser es crear condiciones para proyectar el conocimiento técnico y/o teórico, en la búsqueda de darle formación integral al recurso humano de nuestras comunidades para alcanzar su desarrollo local y la consolidación de su identidad y cultura ciudadana. Ahondando un poco más, la actividad extensionista, sostiene las bases fundacionales de su legado, en lo que constituyó los primeros cincuenta años del siglo XX, y parte hoy día de lo que va del siglo XXI, en cuanto a percibir las universidades latinoamericanas como centro de lucha para resguardar las reivindicaciones sociales de los pueblos. En Venezuela se ha vivido el extensionismo de manera dura y brutal; no más basta ver la actitud del gobierno de Juan Vicente Gómez (1908-1935) que calló las voces disidentes de la generación del 28 con exilio y persecuciones; fueron años duros en el cual la idea de una universidad con las puertas abiertas era una sublime utopía, debía estar cerrada para evitar su mala influencia en la sociedad. Esa universidad cerrada, claro entre comillas, se debería decir callada, no articuló una política de extensión universitaria, sino más bien una serie de actividades extra-cátedra, mostrando la oportunidad de expresar inconformidad o alegría a través de los actos culturales.

Después de 1958, la universidad callada por los regímenes autoritarios, paso a una segunda etapa de confrontación; debido a la influencia revolucionaria de Cuba en 1959 y a una década del sesenta que invadió de euforia a la juventud universitaria, fue nuevamente censurada su apertura a la sociedad y se limitó su radio de acción al punto que lo único que de ella podría salir, aparte de egresados universitarios, era espectáculos de música y teatro que en gran parte eran evaluados previamente antes de su actuación. Los foros siguieron el camino del claustro y las universidades públicas cada vez se presentaban más distantes de la realidad social de las comunidades más empobrecidas. En la década de los setenta, con la apertura de universidades experimentales, en las cuales el gobierno mantenía cierto dominio por tener el derecho de designar sus autoridades, fue el tiempo cuando la extensión comenzó quizás a manifestarse, a pasos tenues, pero a existir como tal, para mí, en el quehacer universitario en Venezuela. A finales de los setenta, fue que se comenzó a programar visitas de campo para orientar a los campesinos en cómo combatir las plagas que afectaban su siembra y de cómo alimentar a sus bestias para evitar que se enfermen y procreen más, y todo a través de un plan de acción de extensión, fue cuando se comenzó a visualizar que algo estaba cambiando en el sentido con que venía apreciando la función extensión en el mundo universitario.

Es importante destacar que la promoción cultural ha sido una de las acciones del extensionismo que no ha parado; esa ha sido la bandera de la actividad extensionista. Ahora bien, y es importante aclararlo, la extensión es una actividad, eso es cierto, pero no exclusivamente circunscrita a festines de distracción o cursos de enseñanza andragógica, sino que tiene una filosofía social-cultural, donde su razón práctica va más allá de la desfachatez de inculcar criterios de participación, sensibilidad social, fraternidad, solidaridad, a quienes vienen a una casa de estudios superiores a formarse como ciudadanos; esos son valores pre-existentes que van con la condición universitaria propiamente dicha, por ello pretender elevarla, a través de la función extensión,  es contra natura, ya que el hecho de ser universitarios nos califica de seres sociales y sensibles a lo social. Buscar elementos que hoy día nos digan que las universidades han perdido su rumbo, que hoy son expresión de una élite que ha perdido su contacto con la sociedad y que ha egresado seres materialistas, individualistas, entre otras cosas, es una “vulgar excusa”, simplemente quienes portando un carnet de miembros de una universidad y son capaces de divulgar su conocimiento y promover los valores culturales, son simplemente observadores en butacas prestadas, no pueden ser considerados universitarios si los valoramos desde la esencia de lo que es la función extensión.        

Lo que sí es posible apreciar es que hay un problema, en el caso de la experiencia de la UNELLEZ, de apreciación en lo que debería ser el extensionismo y lo que se tiene que tomar en cuenta de él; la extensión universitaria en la UNELLEZ, se ve a través de las actividades extensionistas pero no se ha vinculado como parte de una política extensionista. No hay una política extensionista universitaria que entrecruce las acciones con las estrategias nacionales del plan de desarrollo económico y social de la nación, hay debilidad en este aspecto, por lo que se hace necesario, partiendo de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (1999), así como lo descrito en la “Ley Orgánica de Educación” (2009) y , aún vigente,  “Ley de Universidades” (1970), enfatizar que la educación universitaria debe responder a las necesidades sociales, a la formación y al pleno desarrollo de la personalidad de los estudiantes. Se hacen hincapié en el papel de la educación y de la Educación Superior, en especial, para la formación integral del hombre y para atender las necesidades del país.

En la Ley de Universidades, se contempla de manera explícita  que la extensión es una función universitaria, rectora de la cultura, que surge la concepción de la extensión como sinónimo de difusión de la cultura. Es decir, legalmente hay un respaldo que le da sentido legal al rol extensionista universitario.

A pesar de ello, la censura política ha influido en el alcance de la extensión y ha malogrado su esencia, esa de divulgación de conocimiento y promoción cultural; la cosa se ha quedado en el puro acto recreativo, y así se ha mantenido casi en todas las universidades.

Sin embargo, desde finales de los ochenta la enorme necesidad de tecnología propia, suscitada por el viernes negro de 1983, donde se devaluó la moneda y puso el dólar en condiciones difíciles de alcanzar para la importación de productos agrícolas para el cultivo y la cría, exigió de universidades como la UNELLEZ,  un necesario despertar para ocupar ese vacío y proponer alternativas técnicas endógenas que respondieran a las necesidades del colectivo. Nace así, producto de un efecto político-económico, la actividad de capacitación de las comunidades campesinas a través de publicaciones y charlas en las diversas localidades de la región. Otro aspecto que se abrió favorable fue la de generar semillas e insumos agrícolas y venderlos a precios solidarios a las comunidades, eso hizo posible otra forma de ver la actividad extensionista: como unidad de producción especializada.

La extensión universitaria en la UNELLEZ, pasó a ser una actividad  de responsabilidad social, basta recordar lo expresado en octubre del año 2006, en el IV Congreso Nacional de Extensión Universitaria en San Cristóbal (estado Táchira-Venezuela), convocado por la UNET (Universidad nacional Experimental del Táchira) y allí, entre las cosas interesantes que se dijeron, se habló de que la extensión universitaria toma importancia como proyección de la academia hacia las comunidades, así como en la difusión del conocimiento generado a través de la docencia y la investigación; hasta aquí todo fue pintado muy hermosamente, colocando el papel extensionista como una instancia de especialización de la cual las comunidades se servían, pero en la medida que se fue profundizando el asunto surgieron verdaderos cuestionamientos.

Antes que nada, se ha establecido la adhesión del trabajo extensionista a una política de educación superior y la construcción de una cultura extensionista académica universitaria que permita asimilar instrumentos nuevos legales como la “Ley de Servicio Comunitario” (Sancionada en el 2005), que involucra la consulta y vínculo con las comunidades a través de la actividad extensionista, de las reformas curriculares universitarias. A pesar de la inexistencia de un modelo integrado de acción social que permita orientar y organizar la multidisciplinariedad del conocimiento que es el principio rector de la actividad extensionista, se ha podido contrarrestar la inmensa debilidad que había en el fortalecimiento en el vínculo de las actividades académicas universitarias con las comunidades en el sentido de especialización que debería brindar las casas de estudios superiores.

La extensión universitaria tomó, desde el comienzo de la década de los noventa, un proceso de auto evaluación. La experiencia de la actividad extensionista ha develado tres limitantes fundamentales que impiden que esta función universitaria termine de solidificarse en el ámbito institucional. Me refiero a la poca disponibilidad de tiempo por parte de los docentes e investigadores para formar parte de las actividades de extensión; el no financiamiento de proyectos extensionistas; y la no acreditación académica de la actividad extensionista.

La UNELLEZ, en su propuesta de jerarquización de las actividades de extensión, ha promovido mecanismos para la acreditación, categorización y evaluación de dichas actividades. La extensión no ha sido percibida en la UNELLEZ, como una vía para encarnar una figura mercantilista en la universidad, menos para hacer proselitismo ideológico-cultural; su razón de ser se muestra en el aporte directo al acto creador, donde se dan condiciones para que el producto de la docencia y la investigación llegue al más común de los ciudadanos de una sociedad. Si esta simple visión no se profundiza y se le da la importancia que amerita, no se podrá alcanzar el objetivo de valernos de la extensión para contribuir desde la universidad a aminorar los problemas sociales que aquejan a nuestras comunidades; porque el papel de la universidad es prestar un servicio técnico y especializado para garantizar el equilibrio en la sociedad y el confort y bienestar a través del avance de la ciencia y la tecnología.

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