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La falacia del mercado cambiario

Por Miguel R. Carpio Martínez
@carpioeconomics

En los últimos dos años he escuchado y leído a colegas y no colegas comentar que, para salir de la crisis, es fundamental liberar el mercado cambiario y realizar los ajustes correspondientes para unificar el tipo de cambio. No tengo ninguna razón para llevarles la contraria, de hecho, concuerdo con ellos 1000%.

Sin embargo, a veces pareciera que, salvo contadas excepciones, no se toma en cuenta algo tan simple como la situación básica del mercado cambiario, es decir, lo que ocurre con la demanda y la oferta de divisas.

Dado que en Venezuela no se publican todas las estadísticas económicas oficiales es difícil hacer proyecciones y diagnósticos. Sin embargo, se hace lo mejor que se puede con los pocos datos disponibles.

Comencemos por la demanda. Para estar claros en este punto, es fundamental considerar la naturaleza de la demanda de divisas en Venezuela. Ésta tiene un componente transaccional y uno especulativo.

Una persona o empresa tiene un porcentaje de cada componente, los cuales varían de acuerdo a las características del agente económico en cuestión. Por ejemplo, una empresa que requiere insumos importados tendrá un mayor componente transaccional que una persona que solo adquiere divisas para proteger su patrimonio.

En la actualidad la demanda diaria de divisas, independientemente de su fin, ronda los $180 MM diarios. De dicha cifra, menos del 10% es ofertado por los canales oficiales a las tasas DICOM y DIPRO. ¿Qué pasa con el 90% restante? Pues ese agujero lo cubre el mercado no oficial y su cotización depende de factores meramente especulativos y en algunos casos esotéricos.

¿Por qué el BCV no cubre la totalidad de la oferta? A pesar de que la respuesta puede resultar obvia, me parece que vale la pena caminar nuevamente esa senda y perdonen la perogrullada. Tomando como referencia el período transcurrido entre 2010 y 2016, se tiene que el precio de la cesta venezolana de crudo se contrajo en 46,4% (pasó de un promedio de 71$/b a 35$/b). Es decir, la fuente de dólares se secó de manera considerable y como consecuencia las reservas internacionales pasaron de $30.000 MM a $10.900 MM (64% menos).

A la caída de los precios del crudo, hay que agregar las reformas a la Ley del Banco Central de Venezuela de los años 2005 y 2009. Éstas establecieron la figura de les reservas internacionales óptimas y la discrecionalidad de PDVSA en la venta de dólares al BCV. En conjunto, ambos elementos permiten entender por qué las reservas internacionales se fueran secando progresivamente.

En resumen, la oferta de dólares se contrajo de forma importante. Adicionalmente, el Gobierno decidió dar prioridad a los pagos de deuda externa por encima de otros usos de las divisas.
¿Y qué pasó con la demanda? Parece una tontería, pero, para comprar dólares es indispensable tener bolívares y eso no ha escaseado. De hecho, si consideramos el período antes mencionado la liquidez monetaria aumentó en 3.515%. Esto quiere decir que no hay dólares para comprar, pero si muchos bolívares detrás de pocos dolaritos. ¿El resultado? Un mercado paralelo con una cotización que se ha convertido en una suerte de parley en el que los ganadores son una minoría.

El diagnóstico es sencillo: Hay una brecha importante entre oferta y demanda de dólares. Y hasta que ese detallito no se resuelva no habrá ningún diseño de mercado cambiario que sea sostenible. Por otra parte, no solo deben existir suficientes dólares para satisfacer la demanda, si no que los dólares deben llegar a quienes los demandan.

Con todo esto, quiero dejar bien claro un punto, si en los próximos días, milagro mediante, se levanta el control de cambio y se unifica el precio del dólar al valor que sea, tal valor será insostenible en el tiempo. Seguramente, las primeras semanas veamos que se aquiete el dólar paralelo, ya que los agentes económicos tendrán expectativas con relación al nuevo sistema cambiario. Sin embargo, sin oferta suficiente el monstruo de la desconfianza retomará fuerzas e inyectará gasolina al paralelo. Todo ello para quedar igual o peor y con mayor inflación.

¿Cómo incrementar la oferta de dólares? Hay dos opciones una de corto plazo y otro de mediano plazo. En el corto plazo, acuerdos con organismos multilaterales son una opción. Si lo sé, es un sacrilegio para el Gobierno, pero es una opción que tiene que considerarse. En particular porque esos acuerdos van atados a compromisos de ajustes en materia políticas monetaria y fiscal.

Para obtener resultados a mediano plazo, es necesario incentivar la producción petrolera. Si bien altos precios del crudo son favorables, sus beneficios son efímeros y estamos hablando de un mercado sumamente caprichoso. Así que lo correcto es incrementar la producción y esto hace necesario revisar el esquema de asociaciones estratégicas actuales.

Es cierto que tenemos las mayores reservas de petróleo, pero si no contamos con la tecnología idónea para extraer ese crudo, más temprano que tarde nos vamos a tener que comer el petróleo. Esto se hace patente en una economía mundial en el que el norte es desplazar el consumo de crudo. Así que tenemos que apurarnos.

Yendo un poco más allá, pensado en la sostenibilidad del flujo de divisas, las exportaciones deben diversificarse. Es imposible que sigamos dependiendo solo del petróleo a estas alturas del siglo XXI. Por supuesto, para exportar hay que producir de sobra aquellos bienes en los que tenemos ventajas y de momento, con un apartado industrial mermado y una agroindustria en decadencia, cuesta mucho responder a la pregunta ¿en qué rubro tenemos ventajas competitivas? Por ello, lo dejo como tarea a largo plazo.

Como ven eso de “acomodar” el mercado cambiario va a tomar tiempo, en especial cuando pasa por decisiones políticas.

*Economista
Profesor UCAB

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