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La fotografía creadora de  narrativas…

Los sueños del hombre contemporáneo, tienen un soporte que siglos atrás la humanidad no tuvo cómo es la fotografía,  al  fundirse en la imaginación con los flashback mentales creadores de collages de imágenes y relatos a través de todo este repertorio visual-narrativo que se potencian en la   imaginación  para crear  narrativas que mezclan ambas dimensiones,  como es la de mi hijo mayor entre la tibia arena del litoral central de Venezuela, siendo aún un bebe viendo las olas como hipnotizado, esta fotografía la tengo siempre al lado de mi laptop, estaba vestido con las nubes como dicen los rishis en la india   con su inocente sonrisa, aún   siento el calor de sus manitos en mi espalda. Acababa de salir de surfear y estaba jugueteando con su querida y alcahueta abuela, apenas unos pocos años después empezó a crecer su pasión por las nuevas tecnologías y los juegos interactivos. Lo recuerdo oyendo un tocadisco Fisher Price con  cantos en lenguas indígenas y realmente  creo un flashback donde le veía en un universo espiritual  entre chamanes, su pasión en ese entonces empezaba a ser  la tecnología,  que atesoro   en la imaginación   riéndose con su abuelo  jugando ambos y el adulto convertido en  niño con unos guantes que interactuaban  con un programa que conectaban a la televisión, especie de Nintendo.   que su abuelo  se quitara los prejuicios con la tecnología digital y en el futuro adquiera buenas computadoras, que se convirtieron desde entonces en su obsesión, siempre quería estar a la vanguardia con los consejos de su nieto, así las nuevas generaciones nos enseñan nuevos caminos, incluso  me  acercó a ese universo tecnológico, y se convirtió en nuestro guía, pero a su vez tenía otro aspecto muy desarrollado su personalidad la atracción por los  mundos espirituales, aún guardo  fotografías analógicas junto a Juan Félix Sánchez, se empeñó en hacer ese viaje a pie, donde incluso tuvo que luchar contra el mal del páramo, al llegar pálido con gusto tomaba  guarapo tibio con queso ahumado en el fogón de el Potrero, tras haber caminado más de 9 horas,   al  conocer  al ermitaño había entre ellos hubo una gran empatía que recordaba la aromática brisa del páramo.

Por azares de la vida. En un querido  escarabajo fuimos a Bailadores  viviendo en la casa de la familia Belandría con Belzabeth y  Rita, muchas fotografías nos tomamos juntos fuimos a entrevistar al curandero, rezandero  y artista Don eduardo Rojas Ovalles y al inventor popular  Luis zambrano, y años después al leer el  testimonio  de Don Eduardo convertidos en libros, hacía un caudal de preguntas,  sobre doña Jovita la curandera más famosa de los Andes, que había enseñado a Eduardo Rojas Ovalles a ser un rezandero, que creaban sus propias narrativas e imágenes mentales, por azares   lleve fue  seguido a Fundef donde trabaja como investigador en etnología, centrado en recopilar y sistematizar las mitologías de las diversas etnias de América del Sur, pasaba días estudiando  la colección de objetos  chamánicos y oyendo música etnográfica de sociedades tradicionales desde el Amazonas, Centroamérica y Sudamérica era  la colección grande de Latinoamérica, y   le encantaba curiosear entre ellas, creo que todos estos eventos  pudieron haberle  potenciado un aspecto de su personalidad que no sospechaba, y   nuevamente el hijo enseña al padre, pues vive en uno de los  corazones espirituales de Suramérica. A diferencia mía se movía entre la colección sin temores a diferencia mía que veces al salir de ese lugar por las tardes y ver aquel universo de objetos  sagrados  de la sala, sentía cierta aprensión….Otro Flashback   que nunca he podido dejar atrás, fue cuando con mi primer sueldo como investigador lo gaste  en adquirí los tres tomos del códice  Borgia, y recuerdo que los interpretabamos juntos,  tras haber  investigado lo que recién había aprendido de la brillante interpretación de  Seler de los Glifos, y el  niño tramaba en su imaginación sus propias interpretaciones que al comunicarlas quedaba sorprendido.

 En esta narrativa visual  se mezclan con las del hijo menor   Eduardo,  con imágenes oceánicas   en un puerto del litoral sacando de su remolque su velero Optimist entusiasmado era para para la categoría  infantil  que era para edades entre  7  a 15 años,  lo fotografié mucho armándolo aún guardo varias imágenes  digitales  armando con paciencia la vela y revisando cada parte del   velero que le habían adjudicado en la flota, que recreo en la imaginación en posibles relatos.  La vela la tenía que amarrarse al mástil con nudos marinos,  mientras su instructor lo veía con paciencia,    darle la quilla adecuada   para cuando estuviera en la mar y  ponerla en el justo momento, antes  debía revisar el aire de los tres flotadores que se dañan muy seguido, sincronizar su reloj, tomar los lentes para el sol, ponerse su salvavidas, llevarlo todo a la rampa donde lo ayudaban sus compañeros y a veces yo para lanzarlo al mar desde su remolque, y  en la mar montándose  con agilidad a su embarcación, se enfilaba mar adentro, más de una vez  me resbale en este menester, y aún tengo las huellas de muchos raspones y caídas que tuve en esa resbaladiza superficie de concreto donde se lanzaba el Optimist, luego debía recoger  el remolque y llevarlo a su sitio a esperar que volviera. Siempre tenía el corazón en la boca al verlo desde adentrarse desde los siete años mar adentro,  con sus compañeros,  simplemente era su ayudante, y debía estar pendiente por  el del buen estado junto a él de los todo el equipo,  muchas pesadillas tuve sobre esto,    pronto se convirtió pronto en experto en hacer nudos marinos que revisaba cuidadosamente en cada práctica antes de que su instructor el exigente   Pedro Espin,   revisara cada detalle con minuciosidad, antes de que se  lanza mar adentro y perderse en el horizonte como hojas que lleva el viento  siguiéndolos en   un bote inflable con motor que llamaban dingue, Pedro    megáfono en mano,  daba los consejos pertinente,  estaba  concentrado el desempeño de cada uno del grupo, con frases graciosas los corregía, y a veces con voces socarronas.  Con el corazón agitado no podía hacer otra cosa que verlo, alejarse en el horizonte hasta perderse de vista.  Fueron   siete años de fuerte entrenamiento, y cada año había un taller de dos meses  donde todos los días el entrenamiento empezaba a las seis de la mañana en la piscina con unos treinta minutos de nado libre, luego desayunaban  en grupo para reagruparse   en el en salón de encuentro en el puerto donde guardaban todos los aperos,  su instructor o uno de los veleristas  más adelantado en otras categorías de vela daban la teoría y la ruta que seguirán tras cada  salida. Y mostraba en video los errores de algunos veleristas. Luego salían a prepararse y salir, velereaban diariamente varias horas dependiendo de la hora del día que hubiera vientos  fuertes. Mi rol era verlo alejarse y esperar su regreso, cuando era continuo el navegar a lo largo,  le debía tener listo su comida siempre quería lo mismo una su rica hamburguesa que se comía con muchas ganas,  con gatorade para al terminar  continuar, y payasear mientras se la comía sonriente, mientras lo fotografiaba. Cuando había viento, no se podía desaprovechar el tiempo. A veces  había una calma chicha, esos días  le hacían mantenimiento al velero, lo ligaban, lo pulían para se deslizara más rápido. Luego por la tarde venían el descanso y los amigos y por la noche trotaban en grupo. Esos siete años forjaron su carácter, lo hicieron independiente, seguro de sí mismo, aprendió  a trabajar en equipo colaborando uno con otros, y  reforzó su carácter amable.  Era conmovedor ver cómo iba cambiando. El que fuera niño tiene 20 años y vive fuera de Venezuela, como casi toda su generación, que huyó de la descomposición  del país. La última imagen visual que tengo de él, es cuando se fue a Puerto de Santa María, España cuando lo despedimos en el aeropuerto internacional de la Guayra junto a su querida  madre que también debía irse por razones mayores, aún los imagino  en el muro de los inmigrantes o los lamentos que decora el suelo y los vitrales del aeropuerto, creado por Cruz Diez en una dura  despedida.

Y así hoy no hemos perdido el contacto gracias a que conversamos seguido por wasap, como con su hermano mayor, es la nueva herramienta de comunicación que está transformando la humanidad, pues no solo es una vía de comunicarse, sino de renovación del conocimiento, pues cada chat se puede  archivar y volver a oír y repensar lo dicho, creándose nuevos relatos en la imaginación…Creo que definitivamente esta etapa de la vida de  Eduardo, le transmitió  un claro concepto de que sin esfuerzo y disciplina las metas no se logran en la vida. Una guía moral de rectitud en la vida,  y esa pasión por ayudar a los demás y de aprender cosas nuevas con la disciplina del pragmatismo. Al comparar su actitud ante la vida con la mía aprendo de su  sentido común.   Son años en que el padre aprende del hijo, y todo esto se enriquece con las fotografías que guardo desde aquel entonces, creando nuevas ensoñaciones en mi imaginación. Más cuando Pedro su instructor los filmaba y fotografiaba  para luego estudiar la evolución de cada uno, y  usualmente  a veces   su instructor con una cámara  me  fotografiaba, cuando nos encontrábamos mar adentro, y se me acercaba Eduardo a pararme un  rollo, y decirme: Qué haces  tan mar adentro, me inquietas, y no tenía otra cosa que decirle, que la verdad: seguía un cardumen y quería verte de cerca. Y Pedro Espin, le decía deja  de regañar a tu papá y aprende a no tenerle miedo al mar como él…  Al recordar esto,  en mi imaginación se abren otra series de flash mentales, de aquellas travesías mar adentro semanales, y los bellos cardúmenes que encontraba, aún son vividas las imágenes de las picuas rodeándome para lanzarme un buen mordisco hasta que decidía golpear el agua y se dispersaron,  llevaba una cámara acuática, pero finalmente dejé de usarla, pues no disfrutaba de la mar plenamente. La imagen mental que más me impacta y aún recreo una y otra vez son las bellas mantarrayas que me acompañaban mientras braceaba mar adentro, y  el viento guiaba el pequeño velero del hijo.  Dentro de aquel universo acuático hay  imágenes mentales  que nunca podré olvidar, como son los encuentros con las tímidas tortugas mar adentro, solo visibles cuando la mar estaba como un espejo, sin viento, y sus rayos de luz atravesaban el agua hasta el fon de más de 15 metros, se veía quietas comiendo siempre en el mismo sitio, y al  ver mi sombra reflejada en el fondo huían entre peces león. Los pescadores y lanchas deportivas, siempre estaban buscándolas para matarlas, y me preguntaban si las había visto ese era el momento de mi venganza enviarlos bien lejos, con el tiempo se dieron cuenta del truco, y me lanzaban las lanchas a propósito… Y aún hoy en día cuando  nos encontramos en las calles de Naiguatá  nos  reímos de  esas anécdotas, y crean sus narrativas que me cuentan.

Yo había dejado de surfear, pues después de la tragedia del 99 cuando el fondo de las playa oceánica cambio al igual que el de  punta de Piedra, y con los espigones que hicieron se acabó la época dorada de la playa Oceánica de sus famosas olas.., pero se crearon otras playas para surfear.

Aún tengo los flashback de ese viernes trágico,  que destruyó el litoral del cual aún no se ha podido recuperar. en esos días que llovía a  cántaros también en Caracas, y de noche se me acercó papá a decirme: Prepárate vámonos a la casa de la playa, recuerdo que con aquel  chaparrón, le dije, sabes mejor nos quedamos y menos mal que se le quitó la idea,  luego sorprendidos los días siguientes vimos las imágenes trágicas de la Televisión, de las crecidas cascadas, y del mar de leva arrasando gran parte del litoral, carros flotando, familias llevadas por la corriente de ríos, fue el momento más doloroso de mi vida,   y destacó ante  la irresponsabilidad del gobierno, pues era un día de elecciones y no las suspendieron, sino al contrario movilizaron poblados como Carmen de Uria a  los centros de votación, y luego los regresaron a tener una muerte apocalíptica lo cual magnifico la tragedia. Al ver a los años  partes reconstruidas del litoral y ver estas fotos del hijo veleando, a quien llamo Eduardo  y de Oyantay  disfrutando de la arena y de  la playa, siento cierta que la paz  me abandona  cada vez cuando vuelven los chaparrones  y los apagones que son propios ahora en toda Venezuela..

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