El EditorialOpinión

La guerra psicológica

La guerra psicológica es un instrumento muy eficiente para controlar a las masas.

Los regímenes totalitarios la han llevado a niveles altos de sofisticación porque la represión física tiene sus límites, en cambio, la manipulación de las mentes pareciera no tenerlo.Los cubanos aprendieron las técnicas desarrolladas por los comunistas de la llamada Alemania oriental en el empleo planificado de la propaganda y de acciones psicológicas destinadas a orientar o direccionar conductas para lograr el control social.

En qué consiste esa guerra, en sembrar dudas, desconfianza, inseguridad en la gente a través de rumores, noticias que lucen ciertas pero son falsas, sembrar ideas venenosas que generen sensaciones de peligro inmediato. Todo esto se aplica en la ciencia de la propaganda.

El gran instrumentador del uso de la propaganda como mecanismo de control social fue el Dr. Joseph Goebbels, quien acuñó el concepto de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

Ahora en nuestro país, cuando el régimen se percata que con miedo no logra detener a la población, ni con ballenas, perdigones, gases, detenciones arbitrarias, violaciones selectivas de hogares, etc., recurre a las diversas técnicas de la propaganda para tratar de romper la unidad del movimiento pro democracia.

Es importante que la población esté consciente que esta guerra psicológica se ha usado y usará en diversas formas, entre otras: fabricación de falsos documentos y testimonios, generar desaprobación a los líderes, insultos y difamación del adversario, sembrar la idea de que se está negociando a espaldas del pueblo, que dirigentes políticos de la oposición son una quinta columna del régimen y dividir a las cabezas visibles de la oposición mostrando su intención de favorecer a uno en detrimento del otro.

Inocularse contra la propaganda no es fácil, pero hay que estar conscientes de que la usan a cada instante y tal vez la mejor forma de evitar que nos perjudique es hacer como Ulises en la Odisea, que, para evitar que su tripulación fuera capturada por el canto de las sirenas, les mandó a ponerse tacos de cera en las orejas y el se hizo amarrar del mástil de su nave para oírlas sin ser dominado por ellas.

Los demócratas debemos hacer caso omiso de todo lo que haga el régimen para quebrar la unidad y no sólo cerrar nuestros oídos, sino ponernos gríngolas que solo nos permitan ver hacia nuestro objetivo, que no es otro, en este momento, que ser millones en las calles el 16 de julio, para mostrar que el pueblo unido si puede vencer.

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