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La Hija Pródiga Vuelve a Casa

Viví treinta y ocho años de mi vida en Venezuela. Me casé con dos venezolanos (Fernando y Sabino) tengo una hija caraqueña  (María Verónica) y ‘después de vieja’ (como dicen allá coloquialmente) decidí emigrar. Al hacerlo, debí acostumbrarme a muchas cosas …

Me acostumbré a no saludar a desconocidos al llegar al vestuario del gimnasio. A no regalarle una sonrisa a gente que no me han presentado. A caminar seria y con la cabeza en alto, como si fuera alguien ‘muy importante’. A andar rápido, como si mis “múltiples” ocupaciones, no dejasen tiempo para nada más.

Me acostumbré a que me pregunten cualquier cantidad de cosas personales y cada vez que respondo algo positivo, me repliquen algo más positivo todavía … como si fuese una competencia de “quien tiene más” o “a quien le va mejor” o “a mi me va igual de bien que a ti”.

Me acostumbré a escuchar que la gente toma antidepresivos o pastillas para dormir, porque no soportan el stress.

Me acostumbré a las alergias del smog que tienen muchos, menos yo … increíblemente, no sé por qué.

Me acostumbré a que –especialmente las mujeres- frunzan el ceño y se justifiquen al saber que no tomo un trago, como si las hiciera sentir ‘borrachas’

Me acostumbré a dejar pasar las burlas de gente que jamás ha cruzado la frontera de su país, ni de vacaciones. Se burlan haciendo comentarios bajito, con risitas chillonas, como en los pueblos de países subdesarrollados, de todo lo que no conocen y por lo tanto, les llama la atención. Esto me causa mucha gracia.

Me acostumbré a la indiferencia social … No me da la gana de “lucirme” para que me “coticen”. Me agrada que me aprecien por quien soy como ser humano que no puede o no quiere ver más allá … ese no es mi problema.

Me acostumbré al invierno helado que ataca despiadadamente mi artrosis.

Me acostumbré a que no me den paso con el auto, ni siquiera poniendo luz de cruce. Al contrario! Aceleran para no darte opción hasta que demuestras la suficiente “humildad” de saber esperar tu turno y alguien que tuvo el tiempo de observar en ese tráfico insoportable, decide darte paso amablemente. En todas partes hay alguien lo suficientemente amable!

También me acostumbré a la seguridad, limpieza, orden, a encontrar lo que necesite donde sea.

Me acostumbré a que la inflación no sobrepase el 2,5% anual y a que las leyes se respeten. También a que las tasas hipotecarias bajen a menos del 2.5%!!!

Me acostumbré al patriotismo maravilloso del “18” donde todo el mes de septiembre es el “mes de la patria” y se vive una alegría especial, con el País inundado de banderas y una semana entera para festejarlo.

Me acostumbré a la alegría de mis compatriotas al saber que nací en Viña del Mar (a pesar de mi acento ‘caribeño’): “Ah, pero eres chilena!”

Me acostumbré a que en Chile, viviendo en democracia, todo lo bueno es posible.

Me acostumbré a ser feliz sin demasiadas expectativas, a tener éxito ocupando el espacio que me corresponde.

Me acostumbré a las autopistas construidas al borde de la cordillera, con muchísimas curvas peligrosas.

Me acostumbré al hecho de que terminaré mis días en Chile, porque con sus virtudes y defectos, chilena soy!

Gracias Venezuela por los maravillosos años vividos en democracia. Por tu acogida, a pesar de ser extranjera. Fui inmensamente feliz en tu tierra de gracia y hoy lloro tu tristeza.

@maureengubbins

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