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¡La insistente intervención!

Nos hemos granjeado varias divergencias y muchas más desavenencias por nuestra terquedad de considerar inconveniente, tal vez torpe la insistencia en solicitar, apoyar y hasta rogar la solicitud de intervención militar en Venezuela para resolver nuestra diatriba política que requiere, de acuerdo con el llamado mantra: “cese de la usurpación”, o dicho de otro moto “sacar a Maduro del poder”.

Muchos dicen, “para poder acabar con este narco gobierno”; por lo que obviamente, no podemos apoyar ni estar de acuerdo con esta idea, que dicho sea de paso, denigra del pensamiento libertario, demócrata y nacionalista del venezolano. Virtudes que arropan los valores de patria y libertad, que siempre surgen en cualquier dilema discutible dentro de los círculos sociales, sea cual fuere el interlocutor.

Cualquier venezolano que ame y sienta su gentilicio y gallardía, mal puede pensar que vendrá una fuerza extranjera a sacar de su “cuna” al presidente y dejar libre el camino para que vuelvan los líderes políticos a discutir balandronadas de su puesto de mérito para optar a la candidatura.

¡Da risa, por no decir vergüenza! oír voces agoreras que nos dicen: «como hicieron en Panamá o en Irak”. Aquí, de la risa o la vergüenza, pasamos a sentir tristeza, ya que no concebimos tanta ignorancia insípida por depravada en venezolanos y hasta militares, que se apertrechan en su guarimba sin pundonor ni desparpajo, para arrostrarnos en la cara nuestra ignorancia pueril e incrédula. Sin embargo, pareciera que tal esperanza languideciera ante la confianza de las otras alternativas existentes, desde que se declaró la usurpación.

Al final, se confunde la necesidad de la ayuda humanitaria, con el aprovechamiento para la intervención, pero la mayor gravedad está en el estímulo que le dan algunos líderes políticos a la prosa discursiva, engañando a sus seguidores con ideales vistosos aparentemente virtuosos, que quieren “cambio ya”, pero desechan oportunidades electorales sin sentido de lógica.

Sin dudas, en la perfidia surgida de esta triste “revolución socialista” solo nos está quedando el desgano, aunque nunca la pérdida de la esperanza. Está claro que tenemos que seguir luchando en contra de esta ignominia. La gente no se cansa de luchar por hambre y desencanto. No quieren socialismo, pero se resisten a cambiar la voluntad de seguir recibiendo el mendrugo disfrazado de bono o salario mísionario.

Es la claridad del sufrimiento que se acumuló por las malandrades de Chávez y su comparsa. La pérdida de la nave sin timón y con mal timonel, pero lo más grave es que en la aventura todos se cansan y sufren viendo la odisea de la diáspora, y el sufrimiento en la aventurera ilusión de otros lares. Pareciera que la ilusión histórica nos hiciera creer que es verdad la mentira; que el sufrimiento es necesario, y que quien no sufre, no vive.

Sin dudas, es triste lo que vive el venezolano. Muchos se han convencido de que Venezuela será otra Cuba; sin embargo, siguen creyendo que habrá una intervención extranjera que no lo permitirá. No son capaces de pensar, que si eso pudiera ser cierto, ya Cuba no fuera lo que es y nunca lucharon contra su régimen porque no supieron lo que era vivir distinto a cómo viven desde antes y después de Fidel.

Insistiremos en la crítica de la antipolítica, pero con mayor brío lucharemos contra la mala política, ya que no es justo, que muchos vivan esperando la libertad y otros mueran creyendo que ella solo lo lograremos con la intervención.

La democracia en Venezuela está viva, pero secuestrada por un malandraje apoyado por la fuerza militar. Pero la mayor gravedad es que el liderazgo político de la oposición se ha enfrascado en una lucha contra el régimen, pero quiere hacerlo comenzando por cambiar las reglas electorales. Es decir, “ponerla en bandeja de plata”. ¡No es abandono, es perder la oportunidad electoral por la no complacencia con los partidos!

Hoy lo dijimos: ¡No participar en la batalla por falta de condiciones es igual que rendirse al enemigo! Y no podemos terminar sin criticar la osadía de Voluntad Popular, que casi puede en la picota a su líder electo para la presidencia de la Asamblea Nacional, que con todo éxito sigue insistiendo en el “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” ¿Que haya necesidad de eliminas un paso o negociar la salida? ¡Eso es factible, dentro del verdadero sentir doctrinario de la política! Lo que no debe ser es aupar o proponer la guerra, mucho menos, que vengan otros conbólicos a prestárnoslas para el engendro.Enriqueprietos

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