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La libertad tecnológica, la producción de conocimientos y pandemia

Ilustración: De Eduardo Azócar, lápiz sobre papel, “La tecnología y el hombre”

El desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, ha conducido a que éstas se conviertan en la infraestructura de la economía, de la ciencia, de la política, de la educación y las artes, invadan la vida cotidiana y modulen nuevas formas de percepción de hábitos y de ordenamiento lógico de los procesos cognoscitivos; hoy día el hombre se ve cada día incluido en una dinámica acelerada, controlada activamente por la tecnología, de esta forma el despliegue del sector de la información y la comunicación, a través de todas las actividades sociales y a escala planetaria, está signada por los procesos de desregularización  jurídica, privatización y transnacionalización que conducen a un peculiar modo de globalización de los productos y servicios de la información y de la comunicación a la vez que generan una impetuosa segmentación de los consumos.

Esta desregularización  jurídica ha significado para los países en vías de desarrollo, la privatización, el debilitamiento del Estado en asuntos considerados estratégicos como el de las telecomunicaciones, considerando  la no neutralidad de la tecnología; se hace mención hoy día que la tecnología confiere poder a alguien, y da poder a los que la poseen y tienen acceso a ella, en un proceso en espiral infinito, donde la producción y difusión de conocimiento en manos de las multinacionales del mercado tecnológico, recrudece  la fragmentación social que obliga a los pueblos a escala mundial ser presas de las condiciones de ese mercado.

En el caso de Venezuela, se muestran adelantos en esta dirección, en la actual coyuntura histórica, nos encontramos inmersos en el mundo globalizado dentro se subsiste impregnados por una tecnología cada vez más avanzada y cada vez más ostentadora de dominio por parte de los países o grupos corporativos que la producen o la adquirieron; en el caso venezolano, esa tecnología, en el ámbito de la informática, ha tenido un amparo significativo en la libertad que se le ha dado al código fuente de los software, bajo el fundamento legal  del Decreto 3.390 (Gaceta oficial Nº 39.095 de fecha 28/12/04),  el cual establece el uso del software libre, desarrollado con estándares abiertos, en las Instituciones Públicas, con la intención de incentivar la producción nacional y su adaptación al ámbito de la experiencia venezolana; es un mandato de norma legal que viene a profundizar los cambios que en todos  los niveles, en el aspecto tecnológico, así como fundamenta las fortalezas humanas y técnicas subyacentes en la operacionalización del mencionado decreto.

Ahora bien, el software libre no es un invento venezolano ni de los países en vía de desarrollo, surgido en Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), en la década de los 80 del siglo XX, de la mano de Richard Stallman, quien otorga a sus usuarios cuatro libertades esenciales: de ejecutar el programa como se desee, de estudiar el código fuente del programa, o núcleo que lo hace funcionar y cambiarlo como sea, de copiar el programa y distribuir (inclusive vender) o publicar versiones cambiadas. En contraposición con ello, está el software privativo o cerrado que no permite a sus usuarios ver su código fuente y vende la licencia de uso de sus programas.

El modelo de desarrollo de software dificulta el uso de herramientas sin pagar por su licencia, tampoco contribuye al desarrollo de las aplicaciones que utilizamos; limita la libertad e incita a la piratería, ya que no reporta ningún tipo de beneficios a los autores y hace más lento el proceso de creación de nuevos programas, al desaparecer el incentivo económico. Los programas que requieren pagar por su utilización, así como sus condiciones restrictivas de utilización y distribución, ha surgido una nueva corriente de desarrollo de programas que pretende cimentarse en las aportaciones de todos los usuarios en forma de desarrollo de código, comentarios o sugerencias, permitiendo que cualquiera pueda tener acceso a ellos y a los archivos con los que han sido creado, para investigar su funcionamiento y poder colaborar en nuevas funcionalidades.

En la actualidad, ha ido cobrando valor la sociedad de la información, sin analizar quiénes son los que mueven los tentáculos de la formación y los intereses de la sociedad; una sociedad informatizada, en la cual el conocimiento es el motor que mueve las relaciones de producción y donde el software, utilizado como recurso en la cotidianidad, tanto de la empresa como por todos los estamentos y competencias en la sociedad, toma  especial significado  la necesidad de que el uso dado al software está en el marco de una comunidad de igualdades que beneficie a todos. Esta sociedad, a pesar del marco legal del software libre y la intención por democratizar el uso informático de herramientas ofimáticas y de cálculo, no es neutral; no todos pueden pertenecer a ella, puesto que sus fronteras están perfectamente delineadas donde comienza y termina la posibilidad de acceso a la tecnología.

Esta realidad no implica que la influencia en el ciudadano común de los recursos informáticos dependa del estar conectados; el ciudadano que tiene acceso a los recursos recibe cultura, información, conocimientos que socializa en su medio ambiente natural, es decir es capaz de llegar informar o mal informar a los miembros de la comunidad en que habita; no se trata de apagar el computador y desconectarse para terminar con los problemas que la tecnología trae consigo, es una realidad que está presente en el hombre y que es producto de un mercado y una sociedad estereotipada, altamente influenciada sobre todo por los medios de comunicación.

A todas estas, las redes de computadoras se comunican sobre la plataforma de un único dueño y son ellos mismos quienes están interesados en la regulación del tráfico sobre la red puesto que tienen acceso a todo lo que va y viene en ella, violentando el derecho a la privacidad, ejercen así un control sobre los medios informáticos, sobre la producción teórica y el mercado de equipos.Los recursos de software producidos exigen cada vez más hardware, con lo cual el consumo nos impulsa cada vez hacia la nueva inversión, hacia el avance, llevándonos a veces hasta a la adquisición de los equipos en el exterior, por cuestiones de mercado. Como resultado de los procesos de concentración y privatización de la comunicación, la educación y la cultura, el ciudadano de hoy está perdiendo sus espacios de encuentro y consenso social para replegarse en la lógica restrictiva y  tautológica de la racionalidad instrumental por la cual se impone el fin sobre los medios, sustituyéndose al homo sapiens y al homo faber por el maquinal homo consumens.

En este aspecto se observa que la dependencia en el nivel tecnológico, entiéndase hardware subyacente, es también un problema conceptual dado que el modelo de desarrollo hegemónico amenaza con agudizarse y en el peor de los casos a mediano plazo  acabar con las condiciones de subsistencia en el planeta; se acentúan  las condiciones de dependencia sin límite para garantizar que se siga el dominio sobre los países subdesarrollados, en una búsqueda pormantener cercado el campo de la ciencia y la tecnología, en razón de no permitir mayores avances que pudieran elevar las condiciones de competencia y minimizar la capacidad de dependencia de la que viven las potencias desarrolladas del mundo. Aunque este mundo después de la pandemia del “coronavirus” es hoy otra realidad, en la cual las economías se están revisando y la recesión global está al voltear la esquina, no solamente para los que menos tienen, sino para todos los países del mundo sin distinción.

La novedad hoy día es la inteligencia artificial, el uso de la robotización automática de procesos (RPA), el machine learning, el uso de métodos Ágiles, realidad aumentada, entre otros; tecnologías creadas para satisfacer las demandas de los clientes por desarrolladores de software.

La inteligencia artificial, tiene que ver con software como elChatbots, para uso en aplicaciones o sitio web, el cual reemplaza a los ejecutivos humanos. Se suma a este la red 5G, que proporciona una mejor seguridad de los datos, además, el desarrollo de aplicaciones de realidad virtual como los juegos en 3D. También se suma edge computing,o computación perimetral, también conocida como informática de borde, la cual permite procesar los datos producidos por dispositivos a través internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), destacando que loT es un sistema de dispositivos de computación interrelacionados, máquinas mecánicas y digitales, objetos, animales o personas que tienen identificadores únicos y la capacidad de transferir datos a través de una red IoT en la ubicación donde se generan, para trabajar compilando los procesos con loT, permite un posterior análisis masivo de datos (big data), que son patrones de comportamiento identificados para una toma de decisiones más efectiva. Se prevee que más de 50 mil millones se conectaran por internet para el 2025,por lo cual aumentar la capacidad de respuesta y tráfico de datos en la red, se ha vuelto una prioridad fundamental, es allí donde ha aparecido la nube y con ella una nueva revolucion en el manejo de información virtual. El cloud lleva mucho tiempo en el mercado, incluso las tecnologías en esta lista, como IoT y blockchain, funcionan como un servicio en la nube; el problema del almacenamiento de datos es real y la nube ofrece una alternativa confiable y segura a esto. También está  Outsourcing TI (donde outsourcing significa subcontratación), que significa una especie de subcontratación estratégica relacionada a las áreas importantes de las empresas u organizaciones en las competencias de control financiero, prospección de clientes, sistemas de información, fuerza de ventas. El término completo deOutsourcing de TI,hace alusión a un proceso disruptivo, donde la subcontratación posibilita que los equipos se enfoquen en aquello que saben hacer mejor y que dejen la parte más operativa de estas áreas bajo la responsabilidad de expertos contratados.

Como se puede apreciar, el siglo XXI, ha desatado una libertad tecnológica muy significativa, en la cual el software libre es una alternativa más, pero se suman nuevos programas y propuestas que hacen posible la direccionalidad de la información, máximo tesoro de esta era, hacia escenarios de uso y utilidad financiera, donde la producción de conocimientos cada vez implosione los senderos de complejidad bajo los cuales se muestra, en una vorágine social, cultural, política y económica, que hoy se ha visto afectada por una pandemia mundial y que traerá aciertos para la ampliación de la informática y la realidad virtual, como escenarios seguros para la socialización humana, pero a su vez hará retroceder el alcance afectivo y sensible de los seres humanos, en una época que se pensaba que era posible el triunfo de la humanidad sobre la barbarie, pero pareciera que se avanza hacia un desmembramiento de los valores creados en el largo proceso de la socialización, y hacia un humano aséptico, paranoico y aislado.

En tiempos de pandemia del coronavirus, la informática y las redes sociales tomaron espacio para sustituir la vida cotidiana de los hombres; se dio un vuelco total hacia un concepto de seguridad caracterizado por el “aislamiento social voluntario” y por el cuidado de no estar en un contacto directo con situaciones de riesgo donde el virus pudiera actuar; después de que se supere cierto margen de esta exposición masiva a un agente externo que ha causado muerte y desasosiego en la vida humana, viene una etapa de fortalecimiento de la tecnología como brazo ejecutor de un nuevo proceso de socialización que exige mayor cuidado y condiciones confiables desde donde ir creando lazos afectivos y de relación. Esto no es algo que pasó, es una situación que vino para quedarse y es necesario saber monitorear su efecto y contrarrestar sus incidencias negativas, sobre todo, las relacionadas con el manejo indecoroso de la información. Es fundamental garantizar un nivel de confianza alto en el manejo de las redes informáticas de datos y contar que se tendrá un apoyo leal y justo, de los desarrolladores de software, porque solamente así la libertad del código y la construcción de nuevos escenarios de interacción y diálogo, permitirán al nuevo mundo post-pandemia, surgir como el ave fénix de las cenizas.

Son válidas las palabras de Lise Kingo, CEO y Directora Ejecutiva del Pacto Mundial de las Naciones Unidas (publicadas en GreenBiz, abril de 2020): “…No puedo evitar pensar en la pandemia de la COVID-19 como un simulacro de incendio para los futuros desafíos globales. ¿Estaremos mejor preparados para responder a la emergencia climática y otros desafíos urgentes en materia de sostenibilidad como resultado de esta experiencia? Hasta ahora hemos aprendido, nos guste o no, que estamos completamente interconectados y somos totalmente interdependientes y que, sin solidaridad, especialmente con los más vulnerables, todos perderemos. Nadie ha quedado al margen de la pandemia durante las últimas semanas, lo que ilustra de manera muy concreta e inmediata cómo los desafíos mundiales como el cambio climático o la desigualdad entre los géneros nos afectarán a todos, aunque parezcan menos concretos o apremiantes en este momento…”

Entre las consideraciones que destaca Lise Kingo expresa para que enfrentemos los efectos y circunstancias de vida que traerá este nuevo tiempo, está la adopción de una perspectiva optimista absoluta. Ella expresa: “…La pandemia de la COVID-19 nos ha enseñado una importante lección sobre nosotros mismos como comunidad humana: estamos interconectados y somos interdependientes los unos de los otros en formas en las que nunca nos habíamos planteado. La salud y el bienestar de uno mismo depende de la salud y el bienestar de todos, y el mismo principio se aplica más allá de las fronteras y regiones. De hecho, nuestra salud colectiva define la salud de las empresas y las economías dentro y a través de las naciones. Esta nueva conciencia ha dado lugar a un sentido de solidaridad e interdependencia que particularmente me ha conmovido. Claramente, se ha puesto de manifiesto que nos preocupamos los unos por los otros…En este sentido, resulta alentador ver que muchas personas y organizaciones se han unido en estos tiempos difíciles para apoyarse mutuamente. Los vecinos se cuidan unos a otros, mientras que muchas empresas se preocupan por sus empleados, proveedores y vendedores. Algunas de ellas incluso han reorientado su producción para suministrar el tan necesario equipo médico y de protección…El mundo después de COVID-19 se definirá por las acciones que tomemos hoy. Trabajemos juntos en solidaridad para asegurarnos de que nadie se quede atrás en línea con lo dictado en la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible…”

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