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La llamada recuperación económica del país no pasa de ser una ilusión inducida

Caracas no es Venezuela, ni la cadena de bodegones que funciona en la Urbanización Las Mercedes de la Capital de la República, registrando la presencia y concentración de la capacidad de gasto de la clase media, definitivamente, no puede ser expuesta ni citada como el ejemplo de lo que ahora, pomposamente, se califica de «Milagro Venezuela» desde que se fue el 2021 y se hizo presente el 2022.

A decir de lo expuesto, es que no sólo se ha dado un «Milagro Económico». Es que, además, como por arte de magia, también se ha esfumado la hiperinflación, luego de hacerse presente desde noviembre del 2017. Aunque la inflación, curiosamente, se mantiene viva y feliz, fortaleciendo la incontrolable capacidad de gasto del Estado, y destruyendo lo que queda de empresa privada, y posibilidad de compra y de consumo de la familia venezolana.

La reflexión no le agrada escucharla a muchos hijos del país. Ellos prefieren minimizarla, ignorarla o atribuírsela a otro momento de la nación. Pero lo cierto es que, para hacer un análisis situacional de esa misma nación, la verdad acusadora  puntualiza que no se requiere ser un ilustre experto, ni un gran pensador para llegar hasta allí. Basta con ir a cualquier rincón de Venezuela y apreciar la multiplicidad de escenas de gran miseria como de  hambre en la que viven centenares de miles de esos mismos hijos del país. 

De igual manera, sin agua potable, servicio de electricidad y de salud que, cada uno a su manera, hace sentir -con la obvia violencia de  lo traduce el hecho en sí mismo- lo que es y representa para el calificado de «glorioso pueblo venezolano», el hecho de no poder ocultar qué significa vivir y sentir lo que traduce estar de pie, pero convertido en víctima de una precaria alimentación. 

¿Y en qué se traduce, como componente de esta situación, el hecho de visitar un hospital público en su sala de maternidad?. Desde luego, lo mismo que aprecia la familia de alguna parturienta, con rabia, frustración y  mucha tristeza -además de  dolor- a dos mujeres pariendo en una misma cama, con sábanas sucias y deterioradas. Pero, además, luego de haberles exigido previamente «traer todos los materiales y medicamentos necesarios para el parto, porque el hospital no los tiene». 

Adicionalmente, en los pasillos de las mismas instalaciones hospitalarias, se aprecian camas destartaladas con pacientes adoloridos y quejándose por cualquier causa,  mientras esperan que alguien pueda atenderlos. Todo lo cual es posible, desde luego, gracias  al desempeño del heroico personal de enfermeras y de médicos que aún no se han ido del país, y quienes siempre trabajan haciendo enormes esfuerzos y milagros para atender ese dantesco desastre. Y eso sucede cuando, de acuerdo a informaciones gremiales sectoriales, al país se le han ido 40.000 médicos, además de miles de todo tipo de profesionales. Con este cuadro triste y dantesco ¿qué puede haber o permitir alguna posibilidad de mejoría en el país con estas condiciones?. La repuesta es obvia: NO ES POSIBLE.

Por supuesto, visitar una escuela pública citadina o rural y tratar de explicar lo que traduce el hecho,  es la descripción de una situación tan dolorosa como imposible de justificar, porque ella describe la presencia y existencia de una vergüenza. Es, aunque no se pueda aceptar como posible, sucede en la misma Venezuela que, por años, formó a educadores y educandos, y convertirlos en referencia y en modelos dentro y fuera del territorio nacional, pero que hoy se manifiestan como el reflejo inquietante de lo que traducen ser las nuevas generaciones con la que se pretenden construir  respuestas humanas ante las  exigencias de la Venezuela del futuro.

Lo cierto es que ante ese desfile de verdades que sí conocen y sienten los venezolanos, inexplicablemente, y con profundo asombro, en el territorio nacional, como fuera del mismo,  hay quienes se han dedicado a vender la ilusión y hacer creer que la realidad socioeconómica en el país,  está mejorando. Además, ya no hay reparo ni cuidado en la conversión de apreciaciones útiles y sospechosas, cuando se recurre a lo peor, como es  decir tranquilamente, y con común acento criollo, que:  – «CHICO, PARECE QUE LA VAINA ESTÁ MEJORANDO». 

Pero ¿Y qué traduce el hecho de  «estar mejorando»?. Posiblemente, ignorar lo obvio y pretender construir una verdad inexistente. Porque en Venezuela hubo aproximadamente, 14.000 industrias de todo tipo,  incluyendo generadoras de empleos y productoras de riqueza. Los gremios sectoriales afirman que  han quebrado -o cerrado- unas 9.000, y el resto opera en precaria situación. Y si es lo que sucede en el sector terciario,  se aprecia que los Centros Comerciales son verdaderos  cementerios de locales cerrados.

En cuanto a actividades emblemáticas, somo es el caso de la industria automotriz, que era una de las más grandes de América Latina, hoy está reducida a una mínima expresión. ¿Y qué decir de la actividad petrolera?: Venezuela era uno de los  grandes productores de hidrocarburos,  con una de las empresas petroleras más eficientes y grandes del mundo. Lo era a nivel de  exportadora de petróleo, como de combustibles y aceites. Y en el 2022, tal empresa estrella, y  que era un orgullo para Venezuela y el mundo, hoy está convertida en una empresa prácticamente quebrada.  ¿Qué decir hoy del otrora enorme sector agroproductor?. La respuesta es que  hoy no genera ni el 20% de lo que producía en 1999.

La verdad convertida en dedo acusador en Venezuela y fuera de él, es que ¿con este cuadro triste y adverso, es que es posible pensar en que puede haber o permitir alguna posibilidad de mejoría en el país?.  La repuesta es obvia: NO ES POSIBLE.

Es poco difundido.  Pero la gran tragedia en que se ha convertido la diáspora de venezolanos, muchos de ellos  sometidos a todo tipo de penurias, como a  lamentables humillaciones xenofóbicas , describe, adicionalmente,  que han tenido que dejar todo atrás, incluso familiares, madres, padres, abuelos e incluso hijos. Según cifras dadas a conocer por organismos de asistencia social global,  ya llega o están llegando a los 8.000.000 de personas, mientras estiman que para el año 2024, serán 10 millones. Tales cifras, adicionalmente, no incluirían el enorme número de personas que se han ido para conveniencia del régimen, y que conforman el plan para aliviar la carga social. 

La parte de la diáspora convertida en aliviadero social  se traduce en que,  al instalarse en cualquier parte del mundo, comienza a enviar remesas para ayudar a paliar la miseria de los que se quedaron. De hecho, se estima que esas remesas suman entre CUATRO Y CINCO MIL MILLONES DE DÓLARES ANUALES, y  que le llegan directamente a las manos de un importante número de familias, la mayoría de ellas calificadas de más necesitadas. A las mismas, se le suma otro par de millones de personas, entre «enchufados», acaudalados, los propietarios y productores aún activos, y los que tienen recursos económicos en reservas y que están en Venezuela. ¿Y no son acaso los afortunados asistentes a restaurantes, espectáculos y compradores en los bodegones?.

Esa es la famosa mejoría o burbuja que, como un espejismo,  se ha convertido en la manipulada expresión que, además, y asistida por el aprovechamiento de vocerías útiles para reafianzar ciertos  razonamientos, han servido para que, adicionalmente,  haya gente que conviertan «recuperación en mejoría». A la vez que a dicha mejoría le atribuyen el rol de ser el efecto de una condición económica que sólo beneficia a una minoría, y que sería la causa por la que circulan más Dólares que Bolívares.

Y, entre afirmaciones y suspicacias, a la vez que las voces propagadoras de bienestar hacen su trabajo, hay un sinfín de preguntas que se fugan por la distracción y el empeño -siempre interesado- de afirmar que los venezolanos migrantes están regresando en masa, en respuesta al imán de la llamada mejoría o recuperación en pleno proceso, amén del «Milagro Venezuela».  

Entre tales preguntas aparecen: ¿Hay energía eléctrica?, ¿Cuántas veces fluye y desaparece el servicio agua?, ¿Los hospitales funcionan?, ¿Hay gasolina o seguimos haciendo cola?, ¿Los Bancos están activando créditos?; Si  hay bodegones y bien surtidos ¿cuál es el récord de asistencia y la capacidad de quienes compran?. ¿Cuál es el verdadero nivel de los salarios actuales?. ¿ Qué tipo de venezolano puede tener una póliza familiar de Seguro de Hospitalización?. 

La lista de preguntas es interminable. Y la repuesta a todas es NO. Porque  la verdad  de lo que se ha promovido y convertido en instrumento de cambios que no son tales, lo que refleja es que la evolución postpandemia refleja el sometimiento de la atención a la vigencia de una gran burbuja ¿o de sólo un simple espejismo, por aquello de que  únicamente  hay una minoría que la puede disfrutar?.

VENEZUELA NO PUEDE SEGUIR ASÍ. ES HORA DE PENSAR EN EL PAÍS, DE CONVERTIR LA IMPORTANCIA DE LA UNIDAD  EN TAREA COMÚN PARA PODER  PRODUCIR EL GRAN CAMBIO QUE SE NECESITA.

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