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La marca indigna

En los medios ecuatorianos se armó un escándalo cuando se enteraron que sus connacionales eran marcados en Venezuela como ganado tras hacer interminables filas de largas horas y hasta de días para obtener un pasaje de avión y regresar a su patria.

Algo que para los venezolanos ya nos resulta tan común como la humillación, el trato indigno, la degradación de la vida ciudadana, lo cual se ha aceptado con resignación, es lógico y es de esperar que en otro país una situación como esa motive la intervención de las más altas autoridades.

Al despacho de la ministra de Transporte de Ecuador, Paola Carvajal, llegó la denuncia a través de un trabajo reporteril, según el cual,  en Venezuela, los ciudadanos ecuatorianos residentes, estaban padeciendo malos tratos y humillaciones ante la necesidad de adquirir un pasaje de avión, a través de la ecuatoriana aerolínea TAME, para regresar a Ecuador.

El caso no solo fue tomado como un asunto de primera importancia para el despacho de Transporte, sino que motivó una investigación en la Asamblea Nacional. El parlamentario de la Asamblea Nacional de Ecuador, Eduardo Zambrano, al denunciar lo que ocurría a los ecuatorianos, narró los hechos como quien descubriese que algo tan insólito pudiese ocurrir en pleno siglo XXI en Latinoamérica: «se les marcaba un número en los brazos, cual guetos allá en la época nazi de Alemania, marcándoles números para tener cupo», expresó Zambrano.

La ministra ecuatoriana anunció que enviará a Venezuela un equipo para investigar los hechos y en especial a la empresa TAME. Seguramente ese equipo descubra que la situación que vive esa aerolínea, a la que el gobierno venezolano ya le debe 20 millones de dólares, no es solo imputable a una mala conducta atribuida a la gerencia de la empresa sino que se trata de un mal que está en todo el país.

Si marcar en el brazo a los desesperados consumidores, al asambleísta Zambrano le hace evocar los tiempos de los nazis, cuando indaguen en Venezuela habrán de encontrar que ello es un efecto del «nuevo modelo socialista» que ha dado como resultado la aparición de un nuevo ciudadano capaz de sobrevivir en la indignidad.

Con el advenimiento de la «captahuella» quizás la marca no sea visible, pero la humillación quedará registrada. Así como se marcan los brazos en los conglomerados resignados de gente buscando los productos que han desaparecido, otros cientos de mecanismos se han ido imponiendo como una telaraña infinita que atrapa a los ciudadanos en mecanismos laberínticos para atender cualquier necesidad básica.

Tal es el verdadero legado del socialismo del siglo XXI que otros países aliados como Ecuador, Bolivia, Uruguay o Nicaragua, adoptaron pero solo nominalmente, y no en su absurdo modelo económico y control autocrático que existe en Venezuela.

En el final de esa cadena está el ciudadano marcado en el brazo que para otros países que aún disfrutan de la democracia, resulta una aberración inaceptable que nos equipara a los peores tiempos de la humanidad.

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