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La muerte de Fernando Albán

Carlos Armando Figueredo

 

Si la muerte de Fernando Albán hubiera ocurrido en un país donde hay estado de derecho, donde las muertes no naturales son investigadas por la policía científica bajo el procedimiento de investigación de la escena del crimen  (en inglés “CSI”), con la participación de la policía científica, examen por parte de médicos forenses, todo lo cual comienza cuando se protege la escena del crimen a la cual solo tienen acceso los funcionarios autorizados, se podría determinar, más allá de toda duda, si la muerte se produjo por suicidio u homicidio.

Quienes vemos por televisión programas como CSI, CSI Miami, CSI New York, NCIS, que si bien se refieren a casos ficticios, a veces ideados por casos reales, pero que demuestran, en toda realidad, cómo son los procedimientos de investigación, podríamos tener un clara idea de la forma de llevar a cabo una investigación en el caso de Fernando Albán, detenido, bajo rigurosas medidas de seguridad, en sede del SEBIN.

Resulta sumamente extraño que en este caso no se haya visto si se acordonó debidamente la escena del crimen, dando acceso a la misma únicamente a los funcionarios autorizados para investigar. Cuando se protege la escena del crimen, los periodistas no tienen acceso a la escena del crimen, no pueden traspasar el cordón debidamente colocado, pero, desde el perímetro, sí pueden observar y reportar si todo se está realizando con arreglo a la ley. ¿Sucedió todo así en este caso?

Cuando la investigación se lleva a cabo bajo las normas que la rigen, es posible establecer si la muerte fue producto de la caída o si había ocurrido antes; es posible determinar si las heridas son consecuencia de la caída o si tienen otro origen; es posible determinar, en la autopsia, si el difunto mostraba drogas en su cuerpo y cuáles eran esas drogas.

Es totalmente inadmisible que tan pronto como se supo que había muerto Fernando Albán, el fiscal general Tarek William Saab haya declarado que fue un suicidio.

Antes de iniciar una investigación se plantean hipótesis que pueden ser corroboradas o desechadas al concluir esa investigación. No es absurda la hipótesis de que Fernando Albán murió mientras estaba detenido y que en el SEBIN se haya decidido arrojarlo desde una ventana.

Viene a la mente la muerte, en Buenos Aires, del fiscal Nisman. Las autoridades del gobierno de Cristina Kirchner declararon que Nisman se había suicidado, pero ahora se determinó que había sido asesinado.

Es bien sabido que el gobierno de Maduro no investiga, con arreglo a las normas de obligatorio cumplimiento, las muertes de personas de la oposición. Recuerden lo que pasó con las muertes de Oscar Pérez y sus compañeros, recuerden las muertes de los jóvenes en Barlovento.

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