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La muerte es lo único que no tiene remedio

Así lo dice el refrán y los refranes contienen la sabiduría de la vida. La muerte es lo único que no tiene remedio…El muerto muerto está…La muerte es inexorable.

La pregunta es:  ¿Cuántas muertes se hubieran podido retardar?…Si uno cree que cuando a uno le toca es cuando le toca, entonces, sin importar lo que hagamos, cada quien morirá cuando le corresponda. En este sentido, recuerdo una historia que me contaba mi madre sobre este tema.  Un apólogo… Entiendo que es una historia de las que se transmiten de boca en boca, de generación en generación, y de la cual hay un sinnúmero de versiones como “El gesto de la Muerte”, “Cita en Luz”, “Cuando la muerte vino a Bagdad”, “Salomón y Azrael”, “El árabe y la muerte”, “El jardinero y la Muerte”, “El Criado del Rico Mercader”, y “Cita en Samarra”.

La historia que me contaba mi mama cuando era niña era algo parecido a esto:  Había un hombre muy rico en Caracas que tenía un ayudante que le servía fielmente.  El ayudante fue un día al mercado local a hacer las compras para su jefe.  Mientras hacía las compras, el ayudante vió a la Muerte quien lo miró con una expresión extraña.  El ayudante regresó despavorido a casa de su jefe y le dijo:  “Jefe, por favor, présteme dinero para poder salir de la ciudad.  Me encontré a la Muerte mientras estaba en el mercado y me miró de una manera muy extraña.  Voy a irme a Maracaibo para alejarme de ella”.  El jefe, al ver el estado en el cual se encontraba su sirviente, le prestó el dinero y el sirviente salió de la ciudad inmediatamente.  El amo en la tarde fue al mercado, se encontró con la Muerte y le dijo:  “¿Por qué miraste en una forma extraña a mi criado esta mañana?”.  La Muerte le contestó:  “No lo miré en forma extraña. Simplemente lo miré sorprendido porque no esperaba encontrármelo aquí.  Tengo una cita con él esta noche en Maracaibo”…

Este cuento tiene un mensaje muy interesante. Pero…¿y qué tal si, aunque todo estuviera escrito o predeterminado, pudiera cambiarse el final?.  ¿Qué tal si todo dependiera de nuestra decisión en un determinado momento o de la decisión de un Ser Supremo que, como el autor de una obra, puede decidir cambiar su final en cualquier momento antes de que la misma sea publicada, o incluso escribir un episodio posterior?  

En ese caso, cada decisión sería importante, porque podría hacer que cambiara el destino…o, por lo menos, el momento de la ocurrencia de lo que inevitablemente va a ocurrir.

Eso podría llevarnos a tener una vida más larga y, la pregunta entonces es, para qué queremos  una vida más larga.  La respuesta debería ser para lograr una transformación, para lograr una aspiración, para poder disfrutar de más momentos bellos, para apoyar a quienes aún podamos ayudar o necesiten de nosotros…para dejar una huella si aún no la hemos dejado…tantas posibles respuestas…

Siempre les decía a mis hijos de pequeños y se los sigo diciendo aún de grandes que es mejor no jugar cerca de los precipios.  Es algo parecido a no acercarse al fuego.  Para mí era una manera de decirles que se cuidaran, que no se arriesgaran, que se alejaran de los lugares peligrosos.  Una caída puede doler pero caerse por un precipicio es fatal.

Debemos apreciar la vida y cuidarla para poder vivirla a plenitud.  En estos momentos en que hay una pandemia mundial, es más importante que nunca hacer todo lo posible por evitar contagiarnos y contagiar a otros.  Los mayores son los más susceptibles.  La sabiduría del mundo y de las vivencias y experiencias está recogida en ellos.  Cuidémonos y cuidémoslos.  Actuemos con precaución e, independientemente de las circuntancias: “Vivamos cada día como si fuera el ultimo!”.

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