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La muerte ronda Sabana Grande. Los hijos del hombre nuevo

Yohandra tiene 17 años. Vive en uno de los edificios de la Gran Misión Vivienda que fueron construidos hace pocos años en la avenida Libertador, cerca de la sede de Pdvsa, a una cuadra de la avenida Solano y a dos del bulevar de Sabana Grande. Yohandra vive con Hugo Tomás, de 22 años. La vivienda que ocupan fue asignada originalmente a la familia Ramírez, proveniente de una de las zonas más pobres y deprimidas de la parroquia La Vega. Fue una recomendación que la familia Ramírez recibió de Valentín Pantana del Colectivo Revolucionario Patria Libre. Yohandra y Hugo Tomás desalojaron a la familia Ramírez bajo amenazas de muerte. La “expropiaron”, como está haciendo el gobierno con las panaderías. Es una conducta que se repite. Un ejemplo a seguir. Un modo de vida. Jalisco puro. Yohandra se convirtió, por lo sanguinaria, en la jefa, la comandanta, de un grupo de jóvenes y niños delincuentes. Rumores hay de que Yohandra tiene 2 muertos encima. Ella, a excepción de su pareja, es la de mayor edad.

Todos son residentes de Libertador I. El edificio más temido, madriguera de la más criminal de las distintas bandas que se cobijan en cada uno de los superbloques construidos en las adyacencias de Pdvsa. Droga, crimen y prostitución. Patria, socialismo o muerte. Ese grupo asesinó, la semana pasada, a sangre fría, a Pedro Gabriel Yánez Rojas, de 25 años, sargento primero de la Guardia Nacional. En plena avenida Libertador. Lo cosieron a puñaladas. Fueron 10 muchachos descarriados, dañados de alma, quienes viendo a Pedro Gabriel en estado de embriaguez e indefenso lo despojaron de sus valores. Pedro Gabriel trató de defenderse. Inútil. Lo atacaron en forma furiosa. En manada. Fue un ritual. La sangre salpicó calle y acera. Cada integrante debía atestarle al menos una cuchillada. Una curiosa forma de graduación que se ha desarrollado en forma masiva en estos años de revolución en los cuales se está formando el “hombre nuevo”, que es el resultado final, con el tiempo, de la creación del “joven nuevo”, fase ulterior del “niño nuevo”. Su alternativa es recoger restos de basura para mal comer. El delito es más productivo, más rentable, es un decir.

Es vomitivo oír a los defensores de esta barbarie decir que los delincuentes de hoy son una herencia de los años anteriores, de lo que ellos llaman la “IV república”. Todos los integrantes de estas pequeñas células monstruosas del crimen tienen o la misma edad o menos que los años que llevamos de gobierno rojo rojito. En la banda están: Luis, 14 años; Yondry, 9; Raúl, 13; Pedro Manuel, 15; Yadira, 16; Lucas, 9; Jesse, 9, y Benito, 14, y la parejita antes descrita: Yohandra y Hugo Tomás.

El compañero de Pedro Gabriel, el sargento segundo Manuel Isaías Lugo Fuentes, de 23 años, al ver el brutal y mortal ataque contra su compañero de farra, trató de huir. No pudo. Desde las sombras Yadira, Lucas, Luis y Benito lo atacaron. Lograron derribarlo. El mismo ritual. Cada integrante debía hundirle el puñal que empuñaba, hasta la cacha. La primera herida la tuvo en el cuello. Manuel Isaías resistió un poco más. Se arrastró moribundo por el piso. Todavía podemos ver en el pavimento las huellas de sangre de su fracasada huida. Los vecinos alarmados ante los gritos de la agonía llamaron a los organismos de seguridad. Lograron llevar aún con vida a Manuel Isaías a emergencias. Allí falleció. Desangrado. El número de heridas, de puñaladas, que recibió cada uno es materia confidencial del expediente, pero se sabe que son más de 10. Cuentan que Benito sonreía como Pedro Navaja cuando hundía el puñal sin compasión en la espalda de Manuel Isaías. Al menos una punzada por cada integrante de la banda. El bautizo rojo.

Los policías en conocimiento de los terribles asesinatos simplemente fueron a los apartamentos 2B, 2C, 3A, 12B, 12D, 12H a buscar a los niños y jóvenes implicados. Los conocen. Saben que son de la banda Los Cachorros. Que roban en forma diaria en Sabana Grande y en la avenida Solano. Los Cachorros son de Libertador I; Los pitufos, de Libertador II; Los Retoños, de Libertador III. Es una competencia salvaje. Se trata de dominar una zona. Marcar territorio como las fieras salvajes. Son temibles, no solo por la falta de sentimientos y la ausencia de esa humanidad e inocencia propia de niños y adolescentes, sino por la protección que reciben de los pranes que dominan la capital de Venezuela. Los pranes son legítimos y auténticos productos de este modelo de sociedad y de gobierno que tiene 17 fomentando una “nueva civilización”. Los policías saben que los pranes no andan con juegos. Que sus amenazas son ciertas. Los policías saben que molestar a los niños y jóvenes bajo la protección de los pranes es una temeridad, un reto, que siempre se paga con la vida. Prefieren no intervenir salvo que ocurran desgracias inocultables y terribles, como el asesinato brutal de estos dos sargentos en plena juventud.

El tejido social venezolano está descompuesto. Está pudriéndose. Los valores invertidos. Las cifras de asesinatos, secuestros, robos, hurtos es una espiral sin fin. Una vez el presidente de la República habló por teléfono con uno de los pranes más famosos. ¿Qué otra cosa no significó este irresponsable acto sino darle reconocimiento presidencial a la delincuencia? Otorgarle el estatus de interlocutor de Miraflores. Otra vez la ministra penitenciaria se hizo selfies con el salvaje pran de Margarita (Teófilo Cazorla Rodríguez) antes de que le perforaran las tripas a plomo limpio, tal como suelen decidirse y arreglarse las disputas entre mafiosos y criminales. ¿Qué otra cosa no hizo la flamante ministra sino igualarse al criminal? O lo que es peor, igualar el malandro al mismo nivel que gozan los huéspedes del gabinete ministerial.

Les recuerdo a los lectores lo que significa pran. Preso rematado asesino nato. Esos muchachos de Libertador I, II y III no hacen sino repetir a su escala lo que ven a diario en sus gobernantes. Expropiación y exaltación del crimen y los criminales. Delitos sin penas. Culpables sin condena. Para el país, para la patria, lograr una victoria electoral opositora; municipal, regional y nacional, ya será un avance. Recuperar la economía y regresar a un PIB decente, parecido al alcanzado en el año 1990 ya representará un adelanto. Todo reclama sacrificio, esfuerzo, voluntad, ejemplo, lucha. Pero reestablecer la moral ciudadana, los valores éticos, la decencia administrativa. Desaparecer el odio entre los supuestos ricos y pobres. Limar hasta desaparecer la polarización; esas sí son tareas ciclópeas. Son retos inconmensurables. Por eso, quienes sustituyan a este gobierno deben aprender y practicar el valiente arte del olvido y el difícil y amargo camino del perdón. De lo contrario estaremos en nuestro particular Armagedón. No hay otra forma si queremos una Venezuela para todos. Llegar al poder con odios, rencillas, venganzas conllevará a la creación no de tres o cuatro bandas infantiles y juveniles en la avenida Libertador, sino a la creación de innumerables pandillas de lado y lado de la política. Solo juntos, todos los venezolanos, podremos recuperar la solvencia económica y la salud social. En eso, Avanzada Progresista y su líder fundamental, Henri Falcón, no tienen duda alguna. (Los nombres, lugares y fechas han sido cambiados para proteger a los culpables como es costumbre actual).

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