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La mujer venezolana frente a la tiranía

Desde el comienzo de los tiempos, valga decir desde cuando el primate cogió garrote y camino para poblar la tierra, el macho se arrogó el derecho a dominar por la fuerza a la mujer. Su ser animal en evolución y el imperioso mandato telúrico de procrear, lo indujo a la tomarla por asalto; valga decir violar cuanta hembra con la que topara en su errar.

Ese macho a pesar de las transformaciones experimentadas, su evolución y la del entorno social por él ha modificado, ése de los sorprendentes avance científicos y tecnológicos, capaz de alunizar y buscar explicaciones a las complejidades de la vida y la muerte, del amor y el abandono en obras científicas o literarias, no ha logrado tirar la totalidad del lastre primitivo.

Por eso cada amanecer somos golpeados con informaciones periodísticas que dan cuenta de crímenes feministas. Individuos anclados en la era del primate que asesinan sus mujeres. Abruma la sensación de estar retrocediendo en el tiempo, cubiertos de pié a cabeza por abundante, gruesa y fétida pelambre.

Pero así estamos. Creo que a la sociedad se le ha dañado la brújula. Sólo con enterarnos de las atrocidades cometidas por los deformadores del Corán que imponen la ablación del clítoris y el uso de la burka como vestimenta, tendremos una panorámica del terrorismo desatado por el fanatismo político-religioso. Ciudades vueltas polvo por bombas y metralla, mujeres violadas y hombres degollados, en nombre de un Dios que no puede ser Jehová ni el profeta Mahoma. Tiene que ser Belcebú.

Desde cuando la primera hembra se hizo presente sostiene ruda y silenciosa lucha contra la injusticia machista. Porque los gobernantes, cualesquiera sea su filiación ideológica, ha tratado el delito sin otorgarle la debida entidad, ni la sociedad se ha empleado a fondo demandando la priorización en el proceso formativo, desde el pre-escolar, de la materia específica para educar en el respeto a la mujer y poco se ha legislado en materia de castigo ejemplarizante a los feminicidas.

En Venezuela ha sido asesinada la más hermosa, prodigiosa y delicada mujer: LA DEMOCRACIA. A partir de Enero de 1999, cuando un militar felón, Hugo Chávez Fría, logró asaltar el poder con el voto de ciudadanos desorientados ante lo desconocido: una crisis económica-financiera de tono menor, magnificada por sectores políticos y económicos antidemocráticos. Desde esa fecha la mujer venezolana ha enfrentado con denuedo y sin pausa, toda clase de atropellos a las instituciones, a la libertades fundamentales y a los derechos humanos. Desde esos lejanos días ha sido objeto de agresiones físicas, síquicas y morales por parte del gobierno castro-comunista regentado primero por Hogo Chávez y desde 2013 por el impostor Nicolás Maduro.

La Juez Afiuni -de origen chavista- torturada y encarcelada no se sabe bien por qué delito, pero se comenta que por otorgar el derecho a ser juzgado en libertad a un hombre que, presuntamente, le birló un dinerillo también presuntamente mal habido a una hija del felón Presidente de la República, condenada a prisión ¿perpetua? por orden del papá de la hija ¿corrupta? en cadena de radio y TV. Luego tenemos palizas, encarcelamientos y asesinatos a luchadoras por la libertad. No hacemos una lista de las víctimas, porque todas las mujeres, madres al fin, son torturadas por la represión y las vejaciones a quienes demanda libertad. Una muestra es suficiente: María Corina Machado. Luchadora de tiempo completo a quien las palizas -coñazos hasta por lo blanco del ojo- la han elevado al sitial de líder paradigmático, que aún sin compartir totalmente su predicamento, merece respeto. No la han  encarcelado y al atropello físico añaden el sicológico ordenado por Nicolás Maduro. Espían sus actividades, escuchan sus conversaciones, la acosan y le impiden salir al exterior. No puede visitar a sus hijos.

Sin duda, las que hoy enfrentan la tiranía castrocomunista implantada por Chávez y Maduro con su corte malandra-militar, heredaron la dignidad de las “libertadoras” Josefa Joaquina Sánchez, Luisa Cáceres, Ana María Campos y de quienes, en todos los tiempos, han enfrentado las tiranías. ¡Honrémoslas!

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