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La ola azul: la derecha gana terreno en el mundo

La derecha no es un grupo uniforme, como tampoco es la izquierda. Poco tienen en común los líderes victoriosos de los últimos días, excepto que en sus países los consideran “de derecha”. Varios de los líderes son prometedores para sus respectivos países, otros generan temores e incluso miedo. Algunos son liberales, defensores del libre mercado y de las libertades individuales. Otros son conservadores apegados a las tradiciones y la religión. También hay nacionalistas, enemigos de la Unión Europea e incluso neonazis. Ninguno de estos variados gobiernos podría agradarle mucho al seguidor promedio de Clara. Veamos algunos ejemplos notables:

Empecemos por la India, que es la democracia más grande del mundo. Su parlamento, el Lok Sabha, ha estado dominado desde su fundación en 1951 por el Congreso Nacional Indio (CNI), con breves interrupciones de partidos que nunca lograron mayorías absolutas. El CNI es el partido de tendencia de centro o centro-izquierda del que hicieron parte Nehru y Mahatma Gandhi. Después del liderazgo de Nehru, el control del partido pasó a su descendencia. Indira Gandhi, Rajiv Gandhi y Sonia Gandhi han gobernado la India con el apoyo del CNI como si fueran una dinastía monárquica. Estos personajes, vale la pena aclarar, no son familiares de Mahatma Gandhi.

Este año hubo un cambio drástico en la historia política de la India. En unas elecciones que duraron un mes (esto debido al tamaño del país y a su población de 814 millones de votantes) ganó con mayoría absoluta Narendra Modi, aspirante conservador y nacionalista del Partido Popular Indio (BJP) al cargo de primer ministro. El derrotado fue Rahul Gandhi del CNI, que sacó 19% de los votos, el peor resultado electoral en toda su historia. Modi promete impulsar la economía, estancada por la corrupción e ineficiencia del CNI. El nuevo primer ministro dice que es posible acabar la pobreza sólo a través del conocimiento, y cree que los pobres necesitan desarrollo económico y no obras de caridad de parte del gobierno. Para hacerle contrapeso a la China, Modi comenzó su gobierno con una visita a Japón y fortaleciendo las relaciones con el Sudeste Asiático. No obstante muchos critican a Modi por su radicalismo religioso: algunas ONGs de derechos humanos afirman que Modi hizo poco para detener una ola de violencia contra musulmanes en el año 2002 cuando era jefe de gobierno de Gujarat. Durante la campaña pasada invocó repetidamente al dios hindú Rama en un sitio donde hace más de veinte años radicales hinduistas destruyeron una mezquita. Esto no le impidió ser elegido como primer ministro en el tercer país con más musulmanes en el mundo.

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En el resto de Asia y Oceanía se reafirman los gobiernos de derecha: en Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, los estados árabes del golfo, e incluso Irán donde el reformista Hassan Rouhani se ha dedicado a restablecer los vínculos con occidente después de que su antecesor, Mahmoud Ahmadinejad, amiguísimo de Chávez, se dedicara a pelear con casi todos los países del planeta. Esto por no mencionar al gobierno de China que detrás de imágenes comunistas y retratos de Mao construye la mayor economía del mundo usando la receta capitalista.

Otro país con elecciones recientes es Egipto. Los descendientes de una de las más grandes civilizaciones están eligiendo a su próximo presidente los días 26, 27 y 28 de mayo. Todo apunta a que será elegido el general Abdel Fattah el-Sisi; quien participó en el golpe de estado contra el gobierno de la Hermandad Musulmana. El hecho de haber tumbado un gobierno religioso y fuertemente conservador no convierte al futuro presidente de Egipto en un izquierdista. Por el contrario, los votantes de Clara encontrarán en él un oficial forjado en los Estados Unidos y poco reformista en los temas sociales en una sociedad tan tradicional como la egipcia. Es mejor que los jóvenes del polo ahorren y esperen unos años para conocer las pirámides. ¿Cuántos? Con un militar nunca se sabe cuándo saldrá de la presidencia.

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En Malawi la alternativa tampoco es clara. La elección presidencial se realizó el 20 de mayo pero aún no se han entregado resultados, pues el reconteo de los votos tomará aproximadamente dos meses. Aun así, lo único que podemos afirmar con certeza es que no ganó la izquierda. En 1993, los malauíes recuperaron la democracia tras tres décadas de gobierno del izquierdista Partido del Congreso y desde entonces han votado consecutivamente por candidatos opositores al Partido del Congreso, el cual se ha mantenido hasta ahora como el segundo partido más grande. Todas las encuestas señalan que a partir de este año será el tercero. Se espera que gane la actual jefa de estado de ese país, Joyce Banda. Curiosamente, comparte apellido (aunque no tiene parentesco) con el dictador Hastings Banda, quien gobernó hasta la llegada de la democracia en 1994. Ella y el segundo candidato con más opciones son considerados liberales en el sentido clásico de la palabra. El cuarto candidato también es considerado liberal.

En la patria de Nelson Mandela sigue dominando su partido, el Congreso Nacional Africano, de centro-izquierda. Sin embargo, en la elección del pasado 7 de mayo perdieron 15 puestos en la asamblea nacional como castigo por lo que los sudáfricanos ven hoy como un partido corrupto e ineficiente. Una historia bastante similar a la que viven hoy en India. Las nuevas generaciones no vivieron las hazañas de Mandela y Gandhi y no les van a agradecer toda la vida por darles libertad. Para los jóvenes en la India y en Sudáfrica los partidos de sus grandes héroes nacionales no representan nada distinto a la corrupción. La líder de la alternativa política en Sudáfrica es la descendiente de europeos de ideas liberales, Helen Zille.

Ucrania eligió el 25 de mayo como presidente a Petro Poroshenko, independiente respaldado por un partido de centro-derecha. El nuevo presidente es un multimillonario empresario apodado “el rey del chocolate” que inició su actividad política en la centro-izquierda. Es también un camaleón que por varios años apoyó al gobierno destituido de Yanukovich y a su Partido de las Regiones aliado de Putin. Este año se convirtió en un defensor de la integración de Ucrania con Europa y un enemigo acérrimo de la forma como Putin ha partido a Ucrania en los últimos meses. Poroshenko ganó con un 54%, su más cercana rival fue Yulia Timoshenko, quien salió de la cárcel hace unos pocos meses y sólo logró un 15% de los votos. En Ucrania han desaparecido en la práctica las fuerzas de izquierda, y tal como en la mayoría de los países ex comunistas de Europa Oriental el debate político se da ahora entre dos derechas distintas: una es tradicional, conservadora y amiga de Rusia; la otra es más liberal y cercana a Occidente.

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También en el fin de semana en que los colombianos decidieron una segunda vuelta entre Zuluaga y Santos, Lituania reeligió a su presidenta Dalia Grybauskaite. El país natal de Antanas Mockus votó a favor de la jefa de estado de centro-derecha, quien competía contra el candidato socialdemócrata Zigmantas Balcytis. La diferencia entre ambos candidatos fue de casi el 20%. La “dama de hierro” de Lituania cita a Margaret Thatcher como uno de sus referentes políticos y ha liderado reformas al presupuesto de la Unión Europea para privilegiar el desarrollo industrial y el empleo sobre la agricultura. Durante los últimos años, su país se ha convertido en uno de los principales ejemplos de crecimiento económico con políticas liberales en Europa, junto a sus vecinos Letonia, Estonia y Polonia.

Bélgica eligió su parlamento este fin de semana, con una tendencia que va de estancamiento a leve caída para sus partidos de izquierda. Solamente el marxista Partido de los Trabajadores alcanza a ganar dos nuevos asientos en la Cámara de Representantes. El Partido Socialista queda segundo a nivel nacional pero pierde tres representantes, mientras que las principales opciones de centro-derecha ganan 10 con respecto a la elección anterior. De los cinco partidos que superan los seiscientos mil votos, cuatro son de centro-derecha. Tras la elección, el Rey Felipe encargó a Bart de Wever de la Nueva Alianza Flamenca (un grupo separatista conservador) formar una coalición que le permita asumir como nuevo Primer Ministro. Mientras tanto en Suiza el 76% de los ciudadanos votaron en contra de tener el salario mínimo más alto del mundo en un histórico referéndum. ¿Será que los seguidores de Clara habrían votado igual que el pueblo suizo?

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En la parte II de este artículo hablaré sobre las elecciones del parlamento europeo, el panorama en América Latina y del único país que celebró elecciones en mayo y resultaron en una victoria para la alternativa de izquierda y no votaron por “estúpidos” de derecha.

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