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La situación económica en el contexto global

Los venezolanos vivimos en un estado de indignación e impotencia por la situación económica y política del país. Los discursos de los dirigentes políticos es una combinación de babosadas con ignorancia, salvo algunas honrosas excepciones.

La alarmante disminución del poder adquisitivo sumado al desabastecimiento general (alimentos, medicinas, repuestos para vehículos) que conjuntamente con la criminalidad y la violencia desatada, tiene al venezolano angustiado, indignado, agresivo, al observar que no hay respuestas contra los “proveedores” de las distintas categorías de “buhoneros” de alimentos, de baterías y demás repuestos para vehículos, otros, que han proliferados en el país y que especulan libremente con los productos. Los “buhoneros” no son precisamente los más beneficiados con esta economía subterránea, sino los proveedores que tanto el gobierno y una buena parte de la oposición deben conocer quiénes forman parte de esta mafia que está contribuyendo de manera peligrosa, a la conflictividad socio-política del país.

No se nos escapa que en Venezuela han mutado todos los códigos económicos en estos 17 años de chavismo, es así como detrás de la baja de los precios del petróleo el colapso de la economía ha sido estrepitoso. El problema es, que hay muchos que están planteando reciclarse y mirar hacia la instauración de la economía de libre mercado y frenar la negativa intervención del Estado en la economía, pues según esta tesis ello arreglaría los desaguisados del Estado interventor.

Lectura obligatoria merece el control de cambio si es que queremos conocer realmente la tragedia económica en que vivimos. El control de cambio ha dejado las puertas abiertas al “cielo” de los negocios económicos más turbios del país, negocios donde los capos de la política y los seudos empresarios se han dado la mano para delinquir con los dólares que le son entregados para las importaciones, pues como dice Misha Glenny (corresponsal de la BBC y autor del libro McMafia: el crimen sin fronteras) “Ningún mafioso prospera tanto como el que disfruta del apoyo del Estado” y es precisamente para esto, para lo que ha servido el control de cambio en Venezuela, para que una mafia se apodere de las divisas del país. Los que apuntan al modelo de economía de libre mercado, obvian la desregulación de los mercados financieros y los avances tecnológicos de las comunicaciones, lo cual facilita las negociaciones de las mafias.

A partir de la reforma de la ley del Banco Central de Venezuela (BCV) en el 2005, el Gobierno comenzó a presionar al BCV para que emitiera cada vez más dinero sin preocuparse porque esa emisión tuviera el respaldo de las reservas (divisas y oro) tal y como la plantea la doctrina económica, el objetivo de esta política monetaria era financiar el clientelismo y el populismo del Gobierno sin preocuparse del nivel de oferta que satisficiera esa demanda inducida por el gasto público, insatisfacción estas que sin duda incrementaría los precios de los productos envileciendo el salario.

Intentemos explicar esto por la vía de la ecuación cuantitativa; MxV=PxQ, donde:

M=es la masa monetaria
V= velocidad de circulación del dinero
P= precio
Q= producción

Si se produce un aumento de la masa monetaria (M) y al mismo tiempo no se incrementa las cantidades producidas (Q) y no hay una reducción de la velocidad de circulación de dinero (V), es decir, si el dinero se gasta de forma improductiva (clientelismo y populismo) por supuesto no crece la producción y por tanto no se satisface la demanda.

Ahora bien, si una mayor oferta de dinero se encuentra con tipos de interés negativos, el costo marginal de atesorar dinero (ahorrar) se reduce, es decir, un incremento de M reduce V si existen tasas de interés positivas. Pero cuando el Banco Central incrementa la cantidad de M de manera arbitraria e irrestricta la moneda pierde valor ante el aumento expansivo de los precios.

A partir de la idea del fin de la historia en 1999, tomó nuevamente fuerza la teoría de autorregulación de los mercados y los asesores económicos de las grandes corporaciones impulsaron en USA la ley de Modernización Financiera conocida como Gramm-Leach-Bliley Act. “Un paquete legislativo que prácticamente derogaba la Ley Glass-Steagall, aprobada durante la Gran Depresión de los años 30 y que actuó durante más de medio siglo como un dique de contención frente a los excesos del sector financiero” (Iñigo Calvo Sotomayor, economista y profesor de Deusto Business School-Universidad de Deusto)

Desde entonces el mercado y las tecnologías han dominado el escenario global, mientras quienes se dedican a la política como “profesión” han involucionado intelectualmente ignorando y/o subestimando la realidad global.

En el mundo actual de la economía y la política, no sólo están los EE.UU. Europa y Japón como actores decisivos, por lo que se requiere una mayor capacidad y profundidad en el análisis para comprender y entender la nueva lucha por el nuevo orden mundial.

La recesión económica de estos tiempos aparece acompañada de la fragmentación de los marcos políticos frente a la globalización económica. La solución keynesiana exige actuar sobre la demanda acentuando la propensión al consumo y el incentivo a la inversión y en crisis de recesión económica, esto sólo lo puede hacerlo el Estado y el Estado está dirigido por políticos muy desactualizados teórica e intelectualmente que les cuesta entender que Venezuela está atravesando por una de sus situaciones más difíciles económicamente, donde cualquier política económica que se aplique tiene que contar con acuerdos de carácter internacional fundamentalmente en el área de la geopolítica, puesto que el modelo social, cultural, económico, y energético se haya atravesando por profundas transformaciones.

¿Será posible acaso una coordinación de medidas económicas entre diferentes países similar a la que se ha producido en el campo financiero? Ojalá las direcciones políticas de nuestros partidos estén entendiendo esta situación.

Miguel Molero

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