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La Universidad 2.0 como legado del Covid-19

La Universidad latinoamericana sigue siendo un escenario de cambios; lo efectos sociales, culturales e institucionales de la pandemia del coronarivirus (Covid-19), llegaron a las Universidades y se impusieron de una manera impetuosa, desnudando la poca capacidad en tecnología educativa que se tenía y anticipando la Universidad del futuro tantas veces descrita y anunciada por teóricos como Edgar Morin.

El término “nueva era”, o New age, que se viene conociendo desde la segunda mitad del siglo XX, y el cual viene hacer referencia a la era astrológica de Acuario, que establece la creencia de que cuando el Sol pasa de un signo del zodíaco al siguiente, el ser atribuido a la constelación que le sirve de fondo, un toro, una cabra, un escorpión, entre otros, se da un cambio en la vida de las personas y en la cotidianidad que le toca vivir. Ese término nunca ha tenido tanta vigencia, pero en contextos totalmente diferentes, como el ahora histórico donde la “nueva era” es el Internet como herramienta básica en la Universidad post-pandemia; primero porque garantiza el Aislamiento Social Voluntario (ASV), conducta básica para minimizar los contagios con el Covid-19, y segundo porque permite crear ambientes virtuales educativos con todas las características necesarias para el cumplimiento de objetivos instruccionales.

La oferta en estudios superiores vía online, o con el uso del Internet, se ha posicionado en una estrategia pedagógica para el aprendizaje que facilita la consolidación de programas de estudio en cuanto a la adquisición sistemática y permanente de información o conocimiento para responder a problemáticas disciplinares que orienten a formar de manera adecuada a una persona en una profesión u oficio determinado.

El Internet, se suele pronunciar “el internet”, y es válido también decir  “la internet”, ​ es un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas que se utiliza por la vía de protocolos TCP/IP (Protocolo de control de transmisión/Protocolo de Internet y se pronuncia «T-C-P-I-P»; viene de dos protocolos incluidos en el conjunto TCP/IP, el protocolo TCP y del protocolo IP., lo cual garantiza que las redes físicas heterogéneas que la componen actúen bajo la guía de red lógica única a la cual se puede tener acceso a nivel planetario). La digitalización en la Universidad  hoy ha tomado espacio, experimentando y descubriendo vías más expeditas para acceder a un nuevo modelo educativo que sustituya más allá del 90%, la modalidad de educación presencial.

El problema que surge en la digitalización de la educación superior, es que las Universidades latinoamericanas tienen aperas un 25% de capacidad de respuesta directa, es decir, un cuarto del 100% de capacidad; el resto, ese 75%, maneja herramientas directas de la presencialidad, desde rotafolios y manejo en auditórium de pizarras de tiza o acrílicas, hasta video beam o infografías a través de televisores de plasma, que es hasta donde se había entendido la digitalización de la educación superior hasta finales del 2019. Porque las aulas virtuales, los espacios de chat académicos y el uso de la telemática como complemento directo de la informática en ese impulso por una tecnología de punta que viniera a brindar mayores posibilidades de estudio a quienes desde su casa o sus trabajos, no tenían el tiempo y la disposición del mismo para asumir la responsabilidad programa académicos, por razones de crisis económica, no estaban siendo presupuestadas en el rigor de la necesidad y emergencia de los nuevos tiempos.

En un amplio estudio, publicado en el 2010, titulado “La Educación Superior a Distancia en America Latina y el Caribe (realidades y tendencias)”, editado por investigadores de la Universidad del Sur de Santa Catarina y de la Pontificia Universidad Católica do Paraná en colaboración con investigadores del Observatorio de la Educación Virtual de América Latina y el Caribe de VirtualEduca, cuyos compiladores fueron Patricia Lupion Torres (Licenciada en Pedagogía por la Pontificia Universidad Católica de Paraná, Maestría en Educación por la Pontificia Universidad Católica de Paraná y  Doctorado en Ingeniería de Producción por la Universidad Federal de Santa Catarina)  y Claudio Rama (ensayista, economista y docente universitario uruguayo, especializado en temas de gestión y políticas de educación superior).

En este sucinto estudio, Lupion Torres y Rama, logran reunir importantes voces latinoamericana que trataron en ese momento la necesidad de impulsar la educación virtual y la educación a distancia, estableciendo con precisión que una cosa era la virtualidad (100% vía online) y otra asunto la educación a distancia (hibrido entre la presencialidad y la virtualidad); del debate académico del texto se pueden sistematizar algunas ideas generales que muestran el hacia dónde se había conducido la Universidad hasta ese momento y el hasta dónde podía llegar a transcender si se tomaban las decisiones adecuadas al momento y no en la espera de escenarios que garantizaran mejores posibilidades económica-financieras.

Ya el mercado venía cambiando desde el 2007, había toda una moda por utilizar espacios virtuales para la formación; los estudiantes querían incorporarse al mercado laboral con todas las herramientas para ser profesionales competitivos y para nadie era un secreto que la educación evolucionaba de la mano de la tecnología. Se quería Universidades más abierta, planes de estudios adaptados a las necesidades de los estudiantes que tenían necesidad de trabajar para volverse parte de esa sociedad de consumo que les demandaba como clientes,  los cursos online, exigían un método educativo más adaptado a los estudiantes y la presencia de nuevas materias técnicas impulsaban la oferta académica en Universidades que ofrecían estudios para activar el aparato productivo de sus países.

En un plano general, los estudios superiores comenzaron a ser entendidos como un trampolín para un mercado laboral cada día más exigente, descubriendo que la Universidad estaba allí para hacer frente a todos estos cambios y no para minimizar su influencia en los nuevos tiempos. Acá hago un inciso personal. En el 2016, después de haber aprobado varios cursos de ampliación de conocimiento que me hicieron merecedor de una especialización en el área de estudios a distancia, quise poner en práctica en mi Universidad (Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ, Vicerrectorado de Producción Agrícola del estado Portuguesa-Venezuela), el conocimiento aprendido y las herramientas de tecnología educativa, en el caso que me ocupó, lo hice en la plataforma Moodle, la cual sirve para crear espacios de enseñanza online y administrar, distribuir y controlar todas las actividades de formación no presencial; para hacer corta la historia, ofrecí una de mis asignaturas de licenciatura (Proyecto de Investigación) y la Comisión Asesora de la Escuela donde iba a dictar mi curso, así como el Consejo Académico de aquella realidad de la UNELLEZ-2016, me lo aprobó a “regañadientes”, colocando la observación de que deberían llevarme un estricto control de mis actividades para corroborar que no iba a “cabalgar horarios” o dar un saludo a la bandera a mis estudiantes durante ese semestre. Más aún, se exigió que no lo hiciera virtual ni a distancia, sino que, haciendo énfasis en el Reglamento vigente para el momento, fueran presenciales y tomara la actividad a través de la plataforma Moodle, como complemento de las clases. Ante tantos obstáculos tomé la decisión de desistir de mi interés y dicté por la vía presencial el subproyecto y listo, “santas pascuas”. Esto que les narro era la realidad hasta hace poco menos de seis años atrás, y se multiplicó este tipo de acciones en las Universidades producto de la resistencia al cambio y el temor de cambiar de la noche a la mañana una modalidad tradicional y conservadora muy a gusto de quienes se visualizan la academia como un centro de formación memorístico y repetitivo, donde el espacio para ser creativos e innovadores es un asunto de “inventos” y no de búsqueda e integración de la realidad Universitaria a lo que demanda y exigen los nuevos tiempos.

Ya Edgar Morin había planteado en 1999, en su conocida obra “Los siete saberes de la Educación del Futuro”,  que el conocimiento humano estaba fundado en la percepción de los sentidos y que estos estímulos son traducidos por nuestro cerebro dando forma a una interpretación personal de la realidad; la interpretación puede construirse o reconstruirse de acuerdo a la ampliación de la experiencia,  hay una frontera del saber delimitada como un lugar complejo donde lo valido es la construcción de conocimiento y memoria partiendo de la conexión y ruptura, entre el mundo exterior extraño, y el mundo interior extraño del individuo, y eso solamente puede hacerse si se amplía el horizonte pedagógico para la formación y difusión de saberes. Acá la tecnología juega un papel importante y ella debe estar anclada en lo educativo como vía para la superación de los límites que el propio hombre tiene en su razón perceptual, aprehensiva, comprensiva e integrativa para alcanzar la verdad. La Universidad del futuro necesita de la tecnología, uso de las plataformas virtuales, herramientas para su desarrollo que aumente la interacción entre profesores y estudiantes.

Otro aspecto importante, volviendo al estudio  que destaca el estudio de Lupion Torres y Rama (2010), es que a las Universidades latinoamericanas les demandan cada vez más, estudios de tipo técnicos, ya que las exigencias del mundo consumista, a través de las organizaciones y empresa hacen evolucionar los planes de estudio en la Universidad, consolidando cursos más específicos, con un temario más técnico.

En este sentido, la nueva era de la Universidad latinoamericana, esa que surge a raíz de la pandemia del Covid-19 (para muchos el auge de las modalidad virtual de educación se dio a partir del 2007, en Latinoamérica, para quien escribe comenzó realmente a partir de marzo del 2020, esa es la verdadera fecha de implosión de la modalidad virtual en la educación contemporánea, las otras fechas son simples referentes históricos), se crea partiendo de un método adaptado al ritmo de los  estudiantes, donde ellos tienen su propio ritmo de aprendizaje; las nuevas tecnologías permiten enfocar los estudios superiores de una manera individualizada, lo que garantiza mayor éxito laboral porque la formación  es más integral y holística en esta modalidad de formación.

Ahora bien, la proliferación de estudios online, donde el Internet se ha convertido en un canal ideal para el estudio,  necesita que se  intensifique su oferta de estudios y se generen nuevas carreras profesionales que vinculen la profesionalización con el tele-trabajo y otras innovaciones que han surgido como alternativa de negocio en estos tiempos del Covid-19.

Un aspecto adicional de la nueva Universidad crítica y emancipada después del Covid-19, es la consolidación de la matrícula de estudiantes ante la realidad de levantarse las fronteras físicas y generarse espacios de tolerancia donde estudiantes extranjeros de otros continentes puedan asistir a Universidades latinoamericanas y desarrollar en ellas sus planes de formación profesional. En el caso de Latinoamérica las áreas de interés disciplinar para estudios de profesionalización, según lo sustenta investigadores de la Fundación Universia (https://www.universia.net/), las carreras que más interesan en la formación universitaria latinoamericana son, de manera tradicional,  las de Ciencias Sociales, Administración y Educación, en contraste con  países de otros continentes como como Estados Unidos Norteamericano y Reino Unido, generando así un déficit de ingenieros y perfiles técnicos o científicos.  En la actualidad hay más de veinte millones de estudiantes universitarios, que se forman “…en las más de 10.000 instituciones de nivel superior de la región, cuya oferta académica supera los 60.000 programas formativos. Esta cifra de matriculación se ha expandido notoriamente en los últimos 15 años, donde la matrícula ha pasado de un 21% de los jóvenes en edad de estudiar al 43%.”.

El auge de la modalidad virtual en educación superior ha motivado la accesibilidad y ha mejorado, en una región caracterizada por su diversidad y desigualdades problemáticas, el posicionamiento del interés por estudiar carreras en Universidades latinoamericanas,  contando con una tasa de matrícula compuesta  por estudiantes de nivel socioeconómico bajo y medio; a pesar de este incremento en la matrícula, la Universidad Latinoamericana  contempla dos problemas por solucionar aún: solamente el 50% de quienes inician sus estudios superiores logran graduarse; y la elección de las áreas de estudio coloca a Latinoamérica en una posición de debilidad, considerando que los avances tecnológicos actuales, demandarán profesionales en áreas técnicas y te Sistemas que no son cubiertas de manera integral en esta región del mundo. Se sigue formando para ser gestores de oficina y no para ser innovadores y/o creadores de sistemas de negocio que por la vía de la tecnología puedan tener un impacto planetario. Las universidades latinoamericanas necesitan, a pesar del auge de la modalidad virtual producto del Covid-19,  esforzarse por redirigir la atención de sus estudiantes hacia disciplinas como la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, de otra forma, Latinoamérica estaría en riesgo de mantener su proceso de desarrollo y progreso hacia el futuro, en manos del talento extranjero para el logro de los avances que la automatización demanda y demandará.

Otro aspecto fundamental a destacar en esta Universidad renacida de las cenizas del Covid-19, es la consolidación de una Universidad que institucionaliza el intercambio de saberes a través de convenios para permitir a los estudiantes realizar cursos en otras instituciones de educación superior y venir a sumar estrategias y conocimiento a la realidad local de cada país.

El paso que hoy está dando la Universidad que surgirá post-Covid-19, es de una institución orientada hacia el mercado laboral, donde los estudiantes se les responda en razón de sus salidas laborales a la hora de escoger estudios; la Universidad está configurando sus planes de estudios en función de los cambios sufridos dentro del mercado económico y profesional, de un mundo que cambió radicalmente sus reglas de juego económico, social y cultural, y ello está influenciando en la política, la cual está mudando sus preferencias y decisiones de carácter electoral, hacia liderazgos que garanticen acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de las gentes.

En un amplio informe investigativo de la Revista Semana de Colombia (https://www.semana.com/, 3/21/2020, “El mundo después del virus”), se dice que la aparición del Covid-19, puso en “jaque mate” al engranaje social y económico, propio del proceso de globalización del siglo XX, que venía proyectado hacia el siglo XXI.  “…El asunto ha sacudido a todo el sistema. Las bolsas se desestabilizaron y algunas están en caída libre. El turismo también entró en sus horas más bajas. Lugares emblemáticos como Machu Picchu o las pirámides de Egipto, que reciben normalmente a miles de visitantes al día, se alinearon con las medidas de seguridad y cerraron sus puertas. Los supermercados, ante el pánico generalizado por un hipotético desabastecimiento, ahora muestran estantes vacíos. Ante la alerta mundial, lo que el capitalismo logró naturalizar se ha mostrado frágil, y algunos ya lo empiezan a considerar inviable…Como no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial, la crisis sanitaria unió a la comunidad internacional alrededor de un tema común. En su momento, cuando el virus salió de China, Occidente reclamó transparencia en la información, algo clave para conocer la magnitud de la amenaza y enfrentarla. Los gobernantes, incluso los más recelosos como el chino Xi Jinping y el ruso Vladímir Putin, han reconocido que para terminar con la pandemia hay que publicar los datos relacionados con el virus, y han seguido, con mayor o menor acierto, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)…”

Es importante destacar que, a juicio de Stéphane Garelli, investigador de la Universidad de Lausana: “…Al sistema global de economías de escala lo reemplazará un sistema global de desacoplamiento. Los países van a intentar cambiar la cadena de producción y diversificar sus mercados para no depender de uno solo. La economía sería menos vulnerable, pero la producción más cara;…la gente deberá tomar decisiones. Si una empresa tiene fábricas en todo el mundo y no en un solo país, los productos pueden ser más caros. La adaptación del sistema liberal tiene un costo”.

En un aspecto descriptivo de lo que sucederá en ese escenario post-Covid-19, volviendo a las ideas del grupo de investigación de la Revista Semana: “La predecible búsqueda de una mejora en temas de salud abre la posibilidad de que este reclamo se expanda a otros terrenos, y el estado de confinamiento se ha convertido en el laboratorio perfecto para que aparezcan esta nuevas inquietudes. La mejora de la calidad del aire y del medioambiente en las zonas sometidas a la cuarentena puso de manifiesto, por si hacía falta, que el modelo consumista no hace más que destruir los territorios. Además, la reducción del tráfico vehicular, que también aporta a la contaminación, hace pensar a muchos en que las ciudades, después de todos estos años de crecimiento, podrían ir en la dirección equivocada”.

La aparición del Covid-19, ha dado la posibilidad de descubrir que el modelo de consumo no implica un incremento de bienestar, y se ha pasado a  centrarse en la posibilidad de modificar el sistema son los ciudadanos que desde el confinamiento  recuperen los espacios públicos como lugares de encuentro, y no ya bajo esa figura frívola de caminerias para el tránsito. En el caso de las Universidades latinoamericanas, según el estudio del grupo de investigación conformado por Héctor Hiram Hernández Bringas, Jaime Martuscelli Quintana, David Moctezuma Navarro, Humberto Muñoz García y José Narro Robles, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su estudio del 2015, titulado “Los desafíos de las universidades de América Latina y el Caribe. ¿Qué somos y a dónde vamos?”, en donde exponen que las Universidades públicas han contribuido al desarrollo de la vida social y a la búsqueda del bienestar en general de la población; han apoyado de manera significativa la construcción de un Estado de derecho, la promoción y defensa de los derechos humanos y civiles, así como el reforzamiento de la identidad y la cohesión de la nación. Entre educación y desarrollo hay una relación directa, en la cual no sorprende que en muchas de las naciones más desarrolladas del planeta, la educación superior sea mayoritariamente pública, lo que no implica que necesariamente sea gratuita; este es el caso de Dinamarca (donde 98 % de los estudiantes de educación superior están en instituciones públicas), de Australia (92 %), Finlandia (81 %) o incluso de los Estados Unidos (73 %). “…Las universidades públicas son instituciones que cultivan la gama más extensa de campos disciplinarios y profesionales, que incluye tanto las ciencias y las tecnologías como las humanidades y las artes. Gracias a ellas la región cuenta con una diversidad de programas de posgrado de alta calidad, y en ellas se lleva a efecto la gran mayoría de las actividades de investigación científica, social y en el campo de las humanidades”.

Por esta razón, la incursión de las Universidades latinoamericanas en la modalidad de educación virtual bajo el enfoque del reto por conquistar y consolidar en la etapa post-Covid-19, se da en el marco de la finalidad de educar, investigar y extender la cultura en la sociedad, desde el servicio del quehacer universitario por la vía de una formación permanente que se traduzca en un bien público donde se adquiera un sentido de utilidad de esos saberes universitarios, dentro de un proyecto de largo aliento que apunte a la construcción de una sociedad más democrática, justa y equitativa.

En sentido, en el caso de la UNELLEZ, y la rectoría del Dr. Alberto Quintero, se ha propuesto, en el marco de la Universidad en Casa, misión en la que las Universidades públicas de Venezuela se han sumado para mantener la prosecución académica, unos principios o valores fundamentales para mostrar, desde la plataforma de la virtualidad, que la Universidad no es solamente una transferencia de saberes sino un accionar activo de conductas y quehacer social para consolidar las políticas de bienestar y progreso para el país. 

Se busca, en el caso de la UNELLEZ, la defensa y promoción de la autonomía en el sentido de ser una institución al servicio de un proyecto de país y no de grupos de interés foráneos; fortalecimiento de la laicidad,  ya que  funda su acción su compromiso con la verdad científica, obligando a sostener una responsabilidad ética por la libertad de conciencia, en la defensa del derecho que tiene cada individuo de formarse su propia visión del mundo, sin imposiciones doctrinarias, alejada de fanatismos y fundamentalismos; formación de ciudadanos planetarios, del mundo,  formar seres humanos libres, responsables, informados, tolerantes y respetuosos de los derechos humanos; comprometidos con el cuidado y mejoramiento del medio ambiente y entendidos de que es fundamental el respeto a la autodeterminación de los pueblos como verdadera consigna de libertad; la responsabilidad social que parta de la comunicación de la naturaleza e historia de los espacios privilegiados para el debate racional y organizado de los problemas sociales; el diseño y elaboración de proyectos para responder a las necesidades nacionales y globales, que estén asociados y contribuyan a atender los problemas y necesidades para el desarrollo nacional, al mismo tiempo que los problemas de orden planetario que lo afectan; y la protección del medio ambiente,  a través del cambio de conducta de los estudiantes y las personas, hacia el  tratamiento que el medio ambiente requiere desde el conocimiento multidisciplinario, cubriendo  los sectores sociales, manteniendo un ambiente saludable y limpio en su quehacer cotidiano.

Como ya explicó en el 2001,  Carmen García Guadilla, en su libro “Transición y transformación universitaria, algunas ideas para el caso de Venezuela”, “…los nuevos fenómenos de cambio que están irrumpiendo con fuerza en la presente década de comienzos del siglo XXI, tienen que ver, por un lado, con las exigencias de la globalización económica, como es la exigencia de calidad, pertinencia, competitividad y ampliación en el acceso; y otros aspectos tienen que ver con una intensificación de la globalización educativa, y por tanto de la internacionalización como forma activa de responder a la globalización del conocimiento. Los conceptos de globalización e internacionalización educativa son conceptos diferentes pero dinámicamente interconectados. Globalización educativa es el flujo de conocimiento, valores, ideas, acreditaciones, más allá de las fronteras nacionales, teniendo lugar interacciones en espacios extraterritoriales. La internacionalización, por su parte, es una de las maneras en que un país, o una institución, responden al impacto de la globalización…”

Lo que no se previno entonces es el estado de conmoción mundial que arroparía el mundo global y que lo ha llevado a esta situación de “hiper-incertidumbre” social y económica que ha tenido su costo mayor en la obsolescencia de la modalidad de educación presencial ante el riesgo de vulnerabilidad del Covid-19.

De manera concreta, vale lo expuesto por Rodrigo Arocena y Judith Sutz, de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, en el 2009, en su ensayo “Nuevo papel del saber y transformaciones académicas”, al mostrar una fotografía de mediados de la década del 2000, de la educación superior en el mundo donde se destaca en países como Canadá, donde una fracción significativa de las capacidades nacionales de investigación reside en las universidades, hay una fuerte tentación hacia la optimización del uso de ese capital de conocimiento y capacidades en la búsqueda de objetivos de política pública; en Australia,  no tiene sentido tener una política para la educación superior que fomente la colaboración con la industria si no se cuenta con una política industrial, ya que el interés en ellos radica en reorganizar las expectativas de unos respecto de los otros, entre universidades, gobierno e industria y también sus modalidades de interacción, aparece un conjunto de problemas de índole general; en Francia se impulsa un nuevo contrato social entre la universidad y la sociedad en su conjunto se ha extendido ampliamente; en Nueva Zelanda,  el efecto de los cambios ha sido sintetizar un mercado para la investigación, en el cual el Ministerio actúa como comprador a través del proceso de selección de prioridades, la Fundación crea programas de investigación a partir de esas prioridades y la investigación la realizan los así llamados proveedores de investigación; en Holanda se dan los programas que buscan estimular actividades de investigación y desarrollo (I+D), donde la innovación tiene como objetivo la re-orientación de la pedagogía formativa universitaria hacia los planos de virtualidad de interacción con los saberes;  en Inglaterra,  se incrementan los vínculos entre la investigación académica y la industrial, que se ve en todo el mundo desde los tempranos ochenta del pasado siglo veinte, puede ser explicado por la incapacidad del gobierno para sustentar la tasa previa de crecimiento del gasto en investigación; en Japón, se fortalece la investigación usando plataformas de alta interactividad para conocer en tiempo real los avances en las diversas áreas de la ciencia en el mundo y de este modo poder hacer contribuciones de avanzada en áreas como la cibernética y la informática; en Estados Unidos de Norteamérica,  la educación superior va orientada desde políticas de ciencia que involucran a las universidades estatales en el los roles interrelacionados y potencialmente conflictivos: ayudar a plantear la política de ciencia, tecnología, educación y desarrollo económico, por una parte, y realizar investigación y proveer de asesoramiento experto en torno a un conjunto de problemas de naturaleza política, por otro, en todo este proceso la modalidad virtual ha desarrollado buena parte de sus estrategias y acciones para un manejo seguro y en tiempo real de toda una red de investigación que se da en diversas disciplinas del conocimiento.

Esa misma fotografía en Latinoamérica hoy día, está enfocada a varios proyectos que se encuentran en ejecución: el Proyecto Minerva, que promueve la creación del primer centro universitario global de la historia, cuenta con una plataforma virtual consolidada, donde los estudiantes que ya forman parte de este proyecto viven en siete lugares diferentes a lo largo de los años que dura su carrera (San Francisco, Seúl, Buenos Aires, Taipei, Londres, Berlín y Hyderabad), hoy producto del Covid-19, se ha enfocado en darle solidez a su plataforma interactiva de formación y ha venido integrando Universidades latinoamericanas a formar parte del desarrollo de sus programas académicos invitando a los docentes a prestar apoyo en áreas de saberes y en contraprestación adquieren un beneficio económico y fortalecen sus habilidades y destrezas en el uso de tecnología educativa para los procesos de formación universitaria; se ha venido considerando, igualmente, el modelo deliberante de innovación del Instituto estadounidense de Tecnología de Georgia,  marcado por un plan de renovación educativa con el objetivo fijado en el año 2040, en el que se establecen cinco iniciativas que podrían convertirse en una tendencia adoptada por otros centros educativos: Educación integral personal, programas educativos centrados en  las habilidades cognitivas, interpersonales e intrapersonales, productos y servicios novedosos,  asesoramiento,  con apoyo constante en el progreso y evolución del estudiante  a lo largo de la carrera, personalización, con pruebas piloto de aprendizaje adaptativo y abordaje de la realidad desde tutores multifuncionales virtuales con el objetivo de que desempeñen el papel de mentor; presencia global, donde se dé una visión clara de un  campus físico descentralizado para establecer espacios híbridos en los que confluyen los portales reales y los virtuales; y consolidación de la modalidad de educación virtual como base para la masificación de la oferta académica.

El Proyecto Polymath, surgido como producto de una colaboración entre matemáticos para resolver problemas matemáticos importantes y difíciles mediante la coordinación de muchos matemáticos para comunicarse entre sí para encontrar la mejor ruta hacia la solución, está enfocado a un aprendizaje por la vía de la realización de proyectos, manejándose en todas las modalidades educativas, hoy más que nunca en la virtual, pero no deja de ser incisiva en la garantía de que los estudiantes adquieran habilidades de liderazgo y creatividad, al construir una idea que supone un entrenamiento natural en aptitudes y dominio del impacto social que los saberes tienen y es necesario que siempre estén a la disposición de las gentes.

En acepción de Fernando Sancén Contreras (“La universidad del futuro” Reencuentro, núm. 68, diciembre-, 2013, pp. 10-18, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, Distrito Federal, México), el fundamento epistemológico que proponemos para la nueva Universidad “…consiste en ver el conocimiento no como abstracción de la realidad, sino como construcción de conceptos que lo explican y van conformando un sistema integral de referencias hacia el mundo en el que vivimos. Esta posición postula una realidad construida por cada sujeto cognoscente que requiere de la participación de otros sujetos con quienes, con base en la contrastación de las diversas posiciones, se logra elaborar un conocimiento que calificamos de objetivo. Éste, sin embargo, no es considerado absoluto sino provisional, en tanto brinde coherencia a la relación existencial que el hombre guarda con su entorno. El conocimiento así construido, está sujeto al análisis y a la crítica permanente que llevan a completarlo, modificarlo o cambiarlo, siempre en búsqueda de mayor coherencia respecto del comportamiento de los fenómenos naturales. En la universidad debería prevalecer un conocimiento sometido al análisis y la crítica tal como sucede en la ciencia con base en el fundamento epistemológico aquí esbozado. Si aceptamos, en efecto, que el conocimiento acerca del mundo no es absoluto ni definitivo, entonces la docencia, la investigación científica y tecnológica, y la difusión cultural serán una práctica analítica, crítica y creativa acerca del mundo. Esta última cualidad habrá de verse como la capacidad que desarrollará el alumno para aplicar críticamente el conocimiento del mundo a la solución de los problemas que enfrenta en su práctica profesional. Estamos ante un conocimiento vivo, revisable, imaginativamente aplicable, que contrasta la validez de su aplicación con la coherencia explicativa del mundo, y que se construye en la práctica cotidiana dentro de las aulas universitarias…”

La Universidad 2.0. como legado del Civid-19, a pesar de que opinen los expertos de que era algo que venía en crecimiento y consolidación, lo de la Universidad bajo la modalidad virtual, pudo concretar su desenvolvimiento la situación crítica que impuso la cuarentena por la vía del Aislamiento Social Voluntario, el problema que de ello ha surgido, como lo destaca Fernando Sancén Contreras, es la capacidad que desarrollará el alumno para aplicar críticamente el conocimiento del mundo a la solución de los problemas que enfrenta en su práctica profesional, desde escenarios de formación que tienen sus límites al no confrontar al estudiante a situaciones puntuales que exija su nivel de desarrollo profesional. De manera concreta, las tecnologías vienen a ser la herramienta para conseguir que el sistema educativo universitario alcance seguir siendo eficiente y transformador;  es a través de la inteligencia artificial, la realidad virtual o el big data, constituyen los surcos por los cuales se ha de orientar los saberes, buscando converger en plataformas capaces de modelar sistemas complejos.

Las condiciones de algunos países latinoamericanos, como es el caso de Venezuela, es que no se ha articulado aún un sistema de conectividad efectivo para el desenvolvimiento de las clases virtuales; hay un uso inadecuado de las herramientas telemáticas e informáticas, confundiéndose el uso de algunas de ellas o de todas, como educación virtual. La educación virtual es un escenario controlado, diseñado en una plataforma de seguridad que amparen las respectivas Universidades que tengan un criterio de seguridad para reconocer a los participantes y evaluar correctamente sus avances en el proceso de aprendizaje. Esa realidad no se puede controlar ni realizar a través del WhatsApp, entiéndase por esta aplicación un  sistema  que busca en tiempo real responder  ¿Qué pasa?, pero no a llevar un control de presencialidad, participación o aporte de los integrantes de los respectivos cursos de formación. Se está promoviendo una educación virtual que debemos terminar de consolidar a través de plataformas que permitan un control total de la actividad de aprendizaje. Esto es la garantía de una educación pertinente, real y legítima, porque garantiza a la Universidad que está otorgando un título que ese beneficiario del mismo aprendió y aprobó, demostrando  dominio de conocimiento, en una determinada carrera o profesión Universitaria.

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