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La Universidad en su laberinto

El retroceso de la Universidad venezolana, es indudable. Por donde se analicen sus realidades, el resultado conduce a la decepción. O quizás a la tristeza, toda vez que induce impotencia al ver el estado de postración a las que el socialismo la ha reducido. Es como advertir el grotesco cuadro de percibir a la Universidad atrapada en un paradójico laberinto.

Múltiples han sido los mecanismos, procedimientos y decisiones que han hurgado la dinámica académica que caracterizó la esencia a partir de la cual la Universidad venezolana edificó su singularidad. Tan forjada virtud, fue desentendida y desconocida por el egoísmo político que encarnó el poder en Enero de 1999.

Aunque debajo de dicha desgracia, es posible dar cuenta de ciertos saboteos, traiciones, ingratitudes y deslealtades que, desde adentro, se empeñan en urdir la labor académica que con sumo esfuerzo ha logrado alcanzar un sitial importante. O sea, niveles de comprobada excelencia universitaria. Tanto en docencia, como en investigación y extensión.

Proyectos de distintas especies, en respetuosa correspondencia con todas las corrientes del pensamiento universal, comenzaron a verse abollados al dejar de contar con la capacidad financiera que le habría permitido a la Universidad crítica, continuar demarcando los límites de la denominada “sociedad del conocimiento” cuyo centro neurálgico es la Universidad.

Aunque no todas las instituciones de educación superior existentes, tienen cabida en esta declaración convertida en protesta contra el maltrato del cual es actualmente objeto la Universidad venezolana. Esta disertación, sólo hay espacio para exaltar el proceder de las universidades autónomas y experimentales. Y algunas universidades privadas que igualmente son de meritorio reconocimiento.

Hay un grosero desmantelamiento que raya con acciones de deterioro y sustracción de equipos y materiales propios de labores docentes y de investigación universitaria. La rapacería de grupos comandos, actuando en nombre de la  “revolución” avalada por el régimen en ejercicio del poder, ha hecho posible el cometido de actos de bandidaje, terror y anulación de todo y ante todo lo que integra la fundamentación orgánica universitaria.

De tan cruentas profanaciones de los recintos universitarios, no han escapado las universidades autónomas. Todas sin excepción, han sido víctimas de una horrenda destrucción. Entendida, quizás, como un acto de perversión incitado por depravados sentimientos y criterios políticos de la más baja ralea que buscan acabar con el conocimiento que indaga las verdades  a la cuales las ideologías retorcidas siempre han temido.

De manera que no hay razón absoluta para anunciar un supuesto que hable de una Universidad “viva”. Por consiguiente, ante el agravio que viene padeciendo la Universidad, sólo podría imaginarse “moribunda”. O “herida de muerte”. Los esfuerzos por revivirla o resurgirla del escabroso estado en que ahora se encuentra, se hacen difíciles.

Un laberinto próximo a ser zanjado

Sin embargo, la esperanza de restituir su institucionalidad está a la vista. Y a la mano. La brecha entre lo posible y lo imposible, podría superarse. Desde luego, sería un evento potestativo de la voluntad, pertinencia y congruencia de esfuerzos que actúen como valientes timoneles. Con la tenacidad y empeño necesario para hacer que el navío representado por la Universidad, vuelva a su curso histórico de navegación.

 No hay duda que tan deplorable situación está viéndose movilizada por la obstinación de gobernantes que buscan el desmadejamiento de las universidades autónomas. Pues al parecer, en su ruina o desgracia pueden manejar la posibilidad de llevar al país a posiciones de oscurantismo, atraso y barbarie ya superados.

En la conjugación de tan degradantes condiciones, el mal denominado “socialismo del siglo XXI” podría manipular valores morales y políticas que comprometen la estatura de la educación superior. Es decir, estaría limitándola en todos los sentidos.

En consecuencia, cabría el aforismo que reza: “en el país de los ciegos el tuerto es rey”. Y vaya que sí. El tuerto es rey por creerse Dios, omnímodo, sumo y todopoderoso. No obstante, la historia universal deja ver  capítulos que siguen el mismo guión del que acontece en el seno de la realidad venezolana. Al mismo tiempo, esos mismos relatos testifican la fuerza de la esperanza hecha resistencia en la lucha contra la  a la cual es sometida por verdugos y torturadores de nuevo cuño.

Bien es cierto que puede motivarse con el miedo. Pueden modelarse realidades con el terror. Pero ni el miedo ni el terror podrían dominar por completo al conocimiento. Nunca. Justo será lo que será. Algún momento cercano, el escenario a vivir será el de la reconquista del sentido académico de la agredida Universidad.

Aun cuando algunos podrían pensar que esta situación, no tiene reversión. ¡Cuán equivocados están!. Pues si tal intención es expresión del problema que ha agravado a la institución universitaria, podría decirse que representa la discusión que supone la crisis educativa. Que también es una crisis de dominación.

Podría inferirse que lo que esconde tan grueso problema, responde a discrepancias y conflictos que tienen a la Universidad atorada, pensando en cómo puede escapar.

En todo ello podría hallarse la manera de  reconocer a la Universidad en un sinuoso y brillante laberinto. Que comprendiera su pasado y su futuro como premisa a la recuperación necesaria. Aunque pese a las circunstancias dominantes y cuestionables, podría hablarse de la Universidad en su laberinto.

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