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La vacuidad política e intelectual de nuestra clase política

Una de las muchas deficiencias intelectuales y políticas de la mayoría de nuestros dirigentes políticos es que desconocen como fueron construidas a través de los años las identidades sociales, económicas y culturales de Venezuela, las cuales de por si, constituyen los elementos cohesionadores dentro de las clases sociales del país, y que algunos eufemísticamente dan por llamar grupos sociales, para que no los identifiquen con la categoría marxista de las luchas de clases.

Estas deficiencias políticas e intelectuales, hacen que la lucha política-ideológica en Venezuela quede reducida a un epifenómeno dentro de la lucha social. Tenia razón José Ignacio Cabrujas cuando sentenció que el concepto de Estado en Venezuela es apenas un disimulo, pues esta cultura del disimulo se ha ampliado a través de la tecnología moderna, especialmente a través las redes sociales que son muy hábiles para desatar dimensiones primitivas del carácter humano, lo cual ha permitido un renacimiento de la teoría del insulto, la indignación, la conspiración y la política del desprecio. Es decir, el debate político dejo hace tiempo de ser un debate de ideas y programas, para convertirse en un circo de payasos políticos (con el perdón de los payasos) donde c/u realiza sus maromas sin preocuparse por describir ni de cerca, cuales son los problemas del país, vale decir, desconocen donde estamos y que lugar ocupamos como país petrolero dentro de la actual y compleja realidad geoestratégica y geopolítica del mundo actual y en el cual debate un Nuevo Orden Mundial (NOM)

Esta descripción de nuestro dirigentes políticos pudiera parecer temeraria de mi parte, pero lo que objetivamente si es, es incompleta, pues si bien yo me refiero a lo que en mi opinión representa la vacuidad intelectual, política y cultural de la gran mayoría de ellos, obvio la referencia de los parámetros que le dan consistencia a la aceptación y al consentimiento que estos dirigentes tienen en las estructuras de bases de sus respectivos partidos, para considerarlos idóneos rectores de las políticas del Estado del disimulo. Esta aceptación y este consentimiento en las bases de los partidos, es fabricado y alimentado a través de las mentiras discursivas que de forma grotesca son puestas al servicio de un pragmatismo electoral abyecto de las respectivas maquinarias electorales en tiempos de elecciones. Pero mientras todo esto ocurre al interior de los partidos, fuera de ellos hay toda una población con una pluralidad de demandas frustradas, demandas estas que son radicalmente heterogéneas que lo único que comparten es su oposición y su desprecio por el actual régimen opresor.

Han transcurrido 23 años de este régimen depredador y opresor, y las direcciones políticas de los partidos no han sido capaces en todos estos años de construir y interrelacionar conceptos con sus respectivas abstracciones que nos permita aproximarnos a la realidad dialéctica de su hegemonía, y nos permita a su vez, buscar consensos y construir alianzas. Después de 23 años hoy estamos mucho mas divididos, pues tal parece que las direcciones políticas no han entendido que la realidad política de estos 23 años es cualitativamente distinta. Pues se les escapa que Hugo Chávez gano su primera elección después de la guerra fría, es decir, las direcciones políticas se han quedado atrapadas en sus limitaciones ideológicas e intelectuales, razón por lo cual no han sido capaces hasta ahora de armar un discurso que contenga categorías culturales, ideológicas, económicas y políticas, capaces incorporar la geostrategia y la geopolítica a su accionar político que permita darle un contenido Universal a su lucha política. Esto ultimo no será posible lograrlo con las mentalidades aldeanas que tienen muchos de nuestros dirigentes políticos.    

La situación de la Venezuela de hoy, es mucho mas grave que la Venezuela que le dio el triunfo electoral a Hugo Chávez el 6 de diciembre de 1998, el problema es que hoy, las bondades de la teoría de la globalización han fracasado, que la pandemia dejo de ser algo pasajero, que la inflación se ha vuelto incontrolable, que determinadas corporaciones han logrado un poder de mercado excesivo, que la financiación de la economía mundial que se basa en la desregulación de los mercados, la especulación, la creación de paraísos fiscales, en contabilidades invisibles y derivados financieros, ha acabado prácticamente con los derechos humanos fundamentales (alimentación, vivienda, salud, educación, agua potable, electricidad, otros). ¿Adorar a los ricos, descuidar a los pobres? Las palabras de Adam Smith aún captan cómo funciona el poder | Kenan Malik. (https://espanol.news/adorar-a-los-ricos-descuidar-a-los-pobres-las-palabras-de-adam-smith-aun-captan-como-funciona-el-poder-kenan-malik/)

 Ante todo lo anterior, hay quienes plantean una especie de keynesianismo pandémico, es decir, restaurar el Estado redistribuidor en función de lograr una conciliación de intereses que permita moderar la lucha política, económica y social, es decir, reducir la pobreza pero sin confrontar con el capital y sin profundizar en las razones que hicieron posible que los asalariados y las clases medias empobrecidas le hayan retirado el apoyo a los partidos políticos, no por la predica de la antipolitica como algunos señalan, sino en razón de los pobres resultados políticos, económicos y sociales que las direcciones políticas de los partidos lograron desde el poder sin resultados positivos en cuanto al saldo la de deuda social por la cual los asalariados y las clases medias empobrecidas han pagado un alto precio.

Hay quienes plantean de buena fe, que la única manera de superar la desmovilización de la militancia de los partidos es a través de unas elecciones, pues parten del criterio que las elecciones es el aceite que lubrica las maquinarias electorales de los partidos, pero se les escapa, que el ejercicio exasperante de negociaciones políticas con un “bojote” de partidos desideologizados y de dirigentes mediocres que pugnan únicamente por beneficios personales de poder, desestimulan el activismo político partidista, y principalmente, desestimula a la gente que esta agotada y frustrada de estas negociaciones políticas sin ningún resultado tangible. 

Tenia razón Cabrujas cuando una vez planteó que; «Hay que amar este maldito país, hay que amar esta mierda de país para tener el coraje de hablar mal de él»  

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