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Lección no aprendida

El usurpador cubano-colombiano ha decretado un “alerta naranja” cuyo significado seguramente lo explicará Delcy Rodríguez. El gobierno colombiano no ha respondido verbalmente sino con su actitud, lo que se denomina serenidad de espíritu o de ánimo, que en lenguaje coloquial se traduce en ‘no pararle’; y en el refranero popular equivale a decir “perro que ladra no muerde”.

En los tiempos cuando ejercían en Venezuela Chávez Frías y en Colombia Uribe Vélez, el primero, en un alarde de guapetón de barrio expresó “Venezuela limita al oeste con las FARC”.

Es público y notorio que Colombia no ha hecho dejación de su frontera con Venezuela. Acepta y respeta la resultante del Laudo Arbitral del 17 de marzo de 1891 del rey Alfonso XIII bajo la regencia de su madre María Cristina, del Laudo Suizo del 24 de marzo de 1922, del Tratado de 1941 y de las demarcaciones practicadas por las comisiones delimitadoras.

Resulta obvio por lo tanto que el territorio al oeste de Venezuela, en cuya extensión Venezuela dejó de limitar con Colombia para limitar con las FARC, no resulta a expensas del territorio colombiano, sino del venezolano; y desde luego, configuró el delito de traición a la patria que nuestro Código Penal atribuye a quien “…de acuerdo con… grupos insurgentes o subversivos conspire contra la integridad del territorio de la patria”.

Como en otras muchas ocasiones, Chávez quiso hacer una gracia y le salió una morisqueta, o quizá simplemente quiso hacerse el gracioso, para lo que acaso Dios (el verdadero no el dado) le dio algún atributo, con el cual hubiera podido ganarse la vida, en lugar de quitársela a tantos compatriotas reducidos a la miseria, porque aunque todos pensamos hoy que la culpa es del usurpador, no hay que negarle méritos a su predecesor.

Ahora, el aspaviento del usurpador que hospeda a Iván Márquez, nos coloca o coloca a Venezuela como una fuerza de retaguardia, que apoyaría a la fuerza de vanguardia de las FARC y el ELN que ejercen en ese territorio con el cual limita Venezuela por el oeste. Si Colombia, al margen de eso que es llamado “persecución en caliente” incursiona al este de su frontera tradicional enfrentando a las FARC y al ELN en lo que es parte del (¿antiguo?) territorio de Venezuela y que Chávez definió de modo general como territorio de las FARC sin que exista demarcación alguna, ¿podemos sentirnos agredidos? La antigua frontera de Venezuela con Colombia es desde luego una zona densamente poblada a ambos lados de la línea fronteriza, lo que implica que dos de los tres elementos indispensables para la existencia de un estado o nación ya están dados. Falta únicamente el gobierno. ¿Quién gobierna en esa zona? ¿Si Colombia incursiona en ella puede Venezuela sentirse agredida? ¿Habrá Venezuela firmado un pacto con las FARC de ayuda recíproca que nosotros ignoramos? A comienzo de los años 80 cuando el sandinismo (más bien el orteguismo) imperaba en Nicaragua; y la situación de conflictos insurreccionales hacía eco en El Salvador, Honduras y Guatemala, Omar Torrijos a la sazón “hombre fuerte” de o en Panamá, lanzó este mensaje: la frontera de Panamá está al norte de Costa Rica.

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