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Leonardo Ruiz Pineda, trascendencia en el tiempo

Caía la tarde del día 21 de octubre de 1952, y en pocos minutos entraría la noche. Ninguno de los presentes se imaginó lo que pocas horas luego sucedería.

En la casa de la Alta Florida (Av. San Miguel) que servía de concha a Leonardo Ruiz Pineda (Alfredo) y Jorge Dáger (Claudio Robles), junto con sus esposas e hijos, aquél se disponía a cenar para después cumplir deberes de la resistencia política.

Dáger narra que Alfredo bajó las escaleras llevando en sus manos su portafolio, un sombrero y una pistola Beretta calibre 22, y le observa que esa pistola era muy pequeña ofreciéndole a cambio su Colt 45, regalada por Ramiro Cardozo, mucho más efectiva, recordándole que era la que cargaba la noche de “La Bandera”, cuando escapó de la S.N. Luego de las bromas del caso, la aceptó e introdujo en su maletín.

Alfredo cenó esa noche huevos fritos servidos sobre arroz que picó con su estilo cuidadoso. Horas antes había pedido a Claudio le acompañará para entregarle la nueva concha, pero éste por ser martes y razones cabalísticas lo difirió. Sí aceptó acompañarlo de inmediato al Puente de Los Caobos, donde entregaría un ejemplar del Libro Negro.

Según relaciona Claudio, en el puente de Los Caobos una persona -que después supo que era Juan Liscano-, entró al carro para dar a Alfredo un paquete que inmediatamente le entregó pidiéndole lo diera a Aurelena con destino final la Secretaria de Finanzas del partido. Cuando ella lo contó, eran 50.000 bolívares, la suma más alto pagada por un libro.

El periplo mortal que acabaría con la vida de Alfredo se inició en la Plaza Pérez Bonalde, donde lo dejó la Dra. Regina Gómez Peñalver (Jenny o Eugenia) y abordar seguidamente el carro del abogado Germán González que conducía David Morales Bello (Daniel). A ella correspondía recogerlo nuevamente  en la Plaza La Castellana. Fue interceptada y detenida en Sabana Grande.

Los funcionarios de la Seguridad Nacional, Francisco Ramón Matute y Daniel Augusto Colmenares, se desplazaban en motocicleta conducida por el primero, y por la Plaza Pérez Bonalde, avistaron a una persona con parecido al doctor Ruiz Pineda que hacia trasbordo de un carro a otro, y pareciéndole sospechoso, procedieron a su seguimiento. Ese procedimiento lo cumplieron desde la avenida España con dirección al Atlántico, observando que frente a la oficina de Lechería Silsa, recogían a dos elementos (Segundo Espinoza y Leoncio Dorta). Continuaron el seguimiento por la vía del Atlántico, aguardando la circunstancia que se obstruyese el tránsito para identificarlos de cerca; del Atlántico, el vehículo tomó la vía del 9 de diciembre que luego dobló hacia la izquierda por la Avenida El Paraíso hasta llegar a la entrada de la Roca Tarpeya, de allí hacia la Vuelta del Castillo de San Agustín del Sur, para seguir por la Avenida Principal.

El libre recorrido del vehículo y sus cuatro tripulantes se detendría. Segundo Espinoza afirma que cuando llegaron al altura de la bomba de gasolina hubieron de pararse por congestionamiento del tráfico. Una camioneta manejaba por un señor y con cuatro niños, estaba accidentada. No pudieron empujarla ni salir de la tranca. El celo de Segundo Espinoza avistó a Colmenares y Matute, en una moto que se acercaba de manera sospechosa.

¿Cómo se desarrollaron entonces los hechos? El agente Colmenares en su declaración judicial señala haber bajado de la moto, caminar al lado del vehículo para luego devolverse y constatar la identidad de Alfredo; después acercarse revolver en mano y dar la voz de arresto al Dr. Ruiz Pineda, respondiéndole éste que estaba equivocado, pero al darse cuenta que el chofer pretendía arrancar el vehículo, se le acercó, circunstancia que los ocupantes aprovecharon para desmontarse del vehículo. Él dispararía en dos oportunidades pero también se producirían otros disparos; que luego al aplacarse vería como a 15 metros con dirección a una callecita, un cuerpo tendido en el suelo, que al acercarse con el sujeto que había tratado de desarmarlo constató que era el doctor Leonardo Ruiz Pineda.

La versión de Segundo Espinoza (Estrada), pasajero del vehículo, miembro de AD, de alguna manera coincide pero resulta más real. Dice que se presentó un sujeto por la parte derecha del vehículo y se identificó como oficial de la Seguridad Nacional, manifestando:  “…entréguese, doctor Ruiz Pineda”; respondiendo el aludido: ¿Qué es esto? Que luego el oficial que se decía de la S.N. le pidió al doctor Leonardo Ruiz Pineda que se identificara, y se llevó la mano al bolsillo; que cuando esto sucedía, el doctor David Morales Bello abandonó el vehículo por la parte izquierda, haciendolo seguidamente el declarante (Segundo Espinoza), también por la parte izquierda, e igualmente por la misma parte salió Leoncio Dorta, y el último en hacerlo fue el doctor Ruiz Pineda; que cuando esto ocurría, el oficial que le había dado la voz de entregarse dio la vuelta por delante del vehículo desde la parte derecha en sentido hacia la parte izquierda, parándose frente a la puerta por donde salía el doctor Ruiz Pineda; que entonces él se fue sobre el oficial con el objeto de que el arma que portaba no fuese disparada, pero de todos modos se fue un disparo que pegó en la puerta del automóvil; cuando Morales y Dorta abandonan el carro corriendo hacia la parte este, lo mismo hizo el doctor Ruiz Pineda saliendo en dirección al callejón Las Cocineras,…  luego se oyeron varios disparos que Espinoza no pudo precisar, y el segundo funcionario (Matute) se incorporó y lograron inmovilizarlo. En ese momento fue cuando vio que a una distancia de 20 metros se encontraba el doctor Leonardo Ruiz Pineda…

Años después en entrevista que Morales Bello concedió a Guido Acuña, refiere la presencia de un tercer funcionario de la S.N. de nombre Chirinos, que estando en las inmediaciones del lugar también habría disparado y sería el autor del disparo a Leonardo. Falleció en un accidente.

Los hechos sucedidos y la noticia del asesinato de Alfredo, corrieron como pólvora en la ciudad,  principalmente en el sector de la resistencia. Los afectos a la causa no tardarían en llegar al sitio del acontecimiento donde muchos se reconocieron.

Claudio, relata que tomó un taxi y  le ordenó que lo llevara a San Agustín del Sur. Quería ver el sitio donde habían asesinado a Leonardo, y al llegar allí miró en un autito a Lucila Velásquez y a su hermana Isabel Carmona, ambas con sus rostros cubiertos de lágrimas.

Otro que concurrió fue Simón A. Consalvi (Álvaro), junto con el fotógrafo Villa; ambos de guardia en el periódico La Esfera. Consalvi no pudo llegar al sitio pero si el fotógrafo. Horas después en el taller de revelado podrían ir evidenciando: primero la mano fina y el reloj, luego la frente y el disparo en ella, y sus bigotes ensangrentados. Cierto, Leonardo había sido abatido…

¿Por qué fue asesinado Leonardo? ¿Fue delatado? Alberto Carnevali (Alí), Secretario General de AD en la clandestinidad, sucesor de Alfredo, en mensaje al CEN del 21/11/52, afirmó que sí la hubo, señalando indiscreción de abogado Germán González a un conocido abogado que lo comunica a Ulises Ortega, Director de la Política. En cambio, para Eligio Anzola, Secretario de Organización de A.D., no la hubo, tratándose de un suceso fortuito. Para el gobierno, Alfredo era un preciado trofeo de cacería, atribuyéndose a Pérez Jiménez la frase “Necesito que capturen el cadáver de Ruiz Pineda”. Ya, antes, en octubre de 1951, la casa habitación de Aurelena había sido destrozada por bandas armadas, forzándola a la clandestinidad.

Leonardo mediante una trayectoria política prístina y elevada se había ganado un puesto de aprecio y confianza en el país y ya era líder. Nacido en Rubio, Estado Táchira, en 1916. Desde muy corta edad le tocó sentir los rigores de las dificultades económicas de su padre y del traslado de su madre a Capacho, para atender negocios familiares. También muy niño quedó impresionado de la criminalidad de Eustoquio Gómez, cuando ordenó la ejecución de tres enemigos políticos cuyos cuerpos sin vida fueron expuestos en garfios a la vista del público hasta que los zamuros comenzaron a devorarlos. Pero también desde esa temprana edad ya había sido poseído por una manifiesta disposición a la lectura, la literatura y la poesía. Así señala en su autobiografía que venía a Caracas con sus poemas que proyectaba editar en un libro de nombre Banderas de Papel.  Traía allí  cuentos, ensayos, página de azar,  y dos cartas de presentaciones para Gustavo Ardilla Bustamante, escritor y poeta, y J. A. Gonzalo Patrizzi, poeta. En él se iba gestando junto a la literatura el sentido de la justicia.

Leonardo viene a Caracas, en 1933, para realizar los estudios de Derecho. Aún gobierna el dictador Juan Vicente Gómez, pero el ya se encuentra impregnado del sentimiento de animadversión contra el tirano. La vida en Caracas le llevará a relacionarse con muchas otras personas que aspiraban un cambio del sistema y convertir al país en una sociedad democrática.  Es así que ya en 1937, aparece en la nómina de personas fundadoras del Partido Nacional Democrático, nunca autorizado por señalársele como de inspiración comunista. En 1941, también aparecerá como fundador del partido Acción Democrática.

Para 1943, Leonardo decide conocer el mundo a través de diversos artículos que comienza a publicar en el diario ”El Centinela” y en su propio periódico “Fronteras”. El título de la columna se denominaba “Ventanas al Mundo”, alusivo nombre a su manifiesta preocupación por conocer el destino no sólo de Venezuela si no de todos los países. Expresaría opinión en diversos artículos de toda índole cuyos títulos –entre otros- hablaban de la amplitud universal de su conocimiento y eran reveladores de su contenido: Congreso y Petróleo; Mahatma Gandhi; El Salvador, El Mundo en la Posguerra, Urgencia de la Incompatibilidad, Derechos Políticos de la mujer, Stalin, El Pensamiento No Delinque,  La Muerte del Fascismo, España, La Gira de Henry A. Wallace. Plasmaba en ellos que era un hombre permanentemente actualizado, atento al ritmo del mundo y sus acontecimientos, que entendía a Venezuela como parte de una globalidad.

Uno de los documentos principales de Leonardo fue la redacción de su biografía, escrita en esos años aciagos de 1948 – 1949, cuando se encontraba preso luego del derrocamiento del primer presidente electo por votación popular, al que el militarismo había depuesto dando una puñalada al deseo de los venezolanos de tener un régimen esencialmente civil. Leonardo nos muestra su infancia y cuadro familiar; su adolescencia y su formación como hombre. Deja traslucir su alta condición humana y elevado espíritu. Fue el valioso testimonio de su ser.

Debido a su trabajo político tesonero, su inteligencia y liderazgo, Leonardo ascendió rápidamente. Consumada la revolución democrática del 18 de octubre de 1945, Leonardo fue designado Gobernador del Estado Táchira, difícil tarea porque allí se encontraba una de las más fuertes guarniciones de la República, además de la resistencia política de la localidad, pero Leonardo llevó a cabo una excelente labor administrativa dejando huella afirmativa de su gestión.

En el primer gobierno democrático de Venezuela, Leonardo, como Ministro de Comunicaciones, dejó sentado su absoluto respeto por la institucionalidad y los demás poderes del Estado. El ejemplo de la necesaria colaboración que ellos debían proveerse. Se somete a la primera interpelación parlamentaria, dando ejemplo del constitucional sometimiento y colaboración hacia los legisladores en la actividad de investigación. Se demostraba con hechos la adhesión al principio de la incompatibilidad de las funciones parlamentarias y ejecutivas, base necesaria del poder contralor del parlamento sobre la rama ejecutiva del Estado.

Coordinó el equipo que editó el libro “Venezuela bajo el signo del terror”, conocido como el Libro Negro, (en la resistencia Poemario); integrado por: Leonardo, Carnevali y Dáger (en clandestinidad), y Catalá; R. J. Velásquez, Consalvi, René Domínguez y Héctor Hurtado. Se trata de un documento político que aparece luego de cuatro años de férrea dictadura militar y persecución política. Fue su obra póstuma. Editado por José Agustín Catalá en la editorial Ávila Gráfica, fue el extraordinario esfuerzo editorial cumplido por la resistencia política dirigida por Acción Democrática. Libro coherente de denuncia multidisciplinaria, presentó el compendio de la grave situación del país, el estado de los derechos humanos y su permanente violación, el listado de presos y desaparecidos, los métodos y arbitrariedades llevados a cabo por la dictadura con la información de sus autores; revelador de la inmensa corrupción de la dictadura con la identificación de sus beneficiarios y negocios. Describió para el mundo la gravosa gestión militar que conducía a Venezuela. Ciertamente, fue un certero golpe para Pérez Jiménez.

El prólogo fue su valioso aporte particular, quedando listo el día 2 de octubre de 1952, pocos días antes de su asesinato. No sólo corresponde al diagnostico de la situación política del país, sino la posición y justificación filosófica de la lucha llevada a cabo por la resistencia bajo la dirección de Acción Democrática, expresando también la posición de la organización frente a los problemas fundamentales del país.

El dolor causado por su  asesinato  conmovió a todo el país y todos los dirigentes se expresaron con mucho sentimiento: Rómulo Betancourt en carta que dirige a Valmore Rodríguez (ABI), le señala estar “…en las peores condiciones espirituales y físicas sin salir todavía del impacto del asesinato de Leonardo”. Y en carta a Alejandro Oropeza, le informa del dolor de CAP “…Carlos Andrés, quien no se recupera del impacto emocional producido del asesinato de Leonardo que fue su mejor y más íntimo amigo”.

Leonardo es ícono de resistencia democrática y un ejemplo de lucha frente la adversidad totalitaria. En cada corazón venezolano que albergue amor por la democracia estará Leonardo.

Pero, ¿podríamos afirmar que en la Venezuela de hoy, Leonardo aún no tiene el derecho a descansar?

Carlos Andrés Pérez (Sierra), en el Prólogo de la 2ª edición de Ventanas al Mundo, nos dice: ”Invocamos el nombre de Leonardo para que su presencia combatiente y evangélica consagre esta libertad a una política de reconciliación nacional”. Y nos cita a Benedetto Croce, que dice <La historia exige una aseveración de verdad surgida del fondo de nuestra íntima experiencia>.Es la historia que comenzaron a forjar, después de muertos, los abanderados de la libertad” (…) “Nuestros grandes muertos no tendrán derecho al reposo mientras su mensaje tenga vigencia. Han de seguir guiándonos, enseñando y ganando batallas después de muertos”.

¿Y qué nos quiere decir todo ello? Que en nuestra Venezuela, Leonardo sigue siendo válida referencia de libertad y justicia, postulados que permanecen sin consolidarse en nuestra patria. Pero si cabe entender que el espíritu de Leonardo se ha reproducido en los miles de jóvenes que luchan diariamente por variar hacia bien el destino de Venezuela. Que siguen existiendo muchos “Leonardo” que como él son perseguidos o reducidos a prisión, aventados al exilio o abatidos en las calles para silenciar sus ideas. Pero nunca podrán ser extinguidos por el totalitarismo. Es la multiplicación de Leonardo que ocurre cada día.

Es que la palabra y vigencia del pensamiento de Leonardo aun permanecen vigentes a pesar de los 67 años que median de su muerte. Sus palabras las seguimos sintiendo cerca: “No estaremos solos en esta batalla cuyo término se acerca. Nos sabemos acompañados de la Venezuela de la esperanza y del sacrificio, la de la emoción sin amarguras, la del espíritu acerado, la de la voluntad erguida, la inquebrantable, la eterna”.

Leonardo fue un visionario del destino de Venezuela y sus palabras pueden volver a ser pronunciadas: “No reclamo amnistía simplemente porque quienes sufren prisión y destierro sean mis compañeros. También lo haría si se tratara de otros venezolanos. Lo hago porque creo que ya es tiempo de dar término a las persecuciones entre hermanos y porque pienso que en el suelo de la patria, bajo nuestro cielo, cabemos sin estorbarnos, todos los venezolanos”.

Pero sigue vigente en la Venezuela de hoy la pregunta que se hacían en la de ayer. ¿Pueden asesinarse las ideas y las aspiraciones de justicia y democracia? Las frases vertidas por Ramón J. Velásquez, en el homenaje de Leonardo Ruiz Pineda, resultan válidas para la Venezuela actual: “Matar a Leonardo era tan absurdo y tan inútil como asesinar la mañana, o disparar contra la luz del sol. Matar a Leonardo era tan necio como matar un pueblo. Porque Leonardo era el pueblo. Y el pueblo es eterno, invulnerable, avasallante. Leonardo asesinado es bandera y grito de victoria, y ejercito innumerable. En la noche turbia de octubre, como en el rito supremo de la más sangrienta religión los oscuros asesinos entregaron a la patria, transfigurado y definitivo, un héroe y un camino”.

La democracia y la libertad son valores que se retroalimentan. La democracia requiere de libertad y ésta solo puede garantizarla la democracia. Leonardo ofrendó su vida por ellas e hizo posible que Venezuela en democracia tuviera los mejores 40 años de su existencia. ¿Y tú?

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