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Libélulas en septiembre

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Parte de los privilegios que nos brinda la Vida, y no todos los disfrutan, proviene de la simple visión de la Naturaleza a nuestro alrededor. En la Urbe, expresada en muchos Loros y algunas Guacamayas, al comienzo de las mañanas, al final de las tardes. Gregarias Tortolitas, humildes Gorriones, las altivas Paraulatas, elegantes Canarios de tejado, estos catires siempre en romántica pareja. Eventualmente,  hermosos Azulejos, Turpiales, Cristofués. Colibríes y Abejas en torno a las flores. Un solitario Gavilán. Tuqueques. Chicharras, que las primeras lluvias desentierran, cantando entre marzo y mayo. Pero es raro ver Libélulas. Una, muy de vez en cuando, dos o tres en pocas ocasiones. En criollo, Caballitos del diablo, inquietos precursores de helicópteros, nos asombran con su cuádruple aleteo, el exquisito diseño de sus transparentes mecanismos de vuelo.

Septiembre comenzó golpeando con saña, ese golpe absurdo y cruel que truncó la joven y útil existencia de Alexandrina; «Mamá» para ustedes dos, «Hija» para Reina y Alexis, «hermana» para Virginia, «Esposa» para William, «Chaty» para los amigos. Una acción cobarde, bestial, inhumana, le quitó su vida y llenó de tristeza y rabia a todos los que de alguna forma se vincularon a ella, familiares, amigos, compañeros de estudio, vecinos, todos profundamente heridos por la insensata y estéril maldad que se las arrebató, tan prematuramente. Nos corresponde eternizarla en las  mentes y en los corazones, porque a ella le impidieron prodigarse los próximos 30 o 40 años, como ella hubiera seguramente querido, en todos sus seres queridos, sobre todo en ustedes dos, carne de su carne, maternidad y crianza. No dejarse doblegar por la tristeza, ni permitir que el olvido se interponga entre ustedes dos y su madre. Les toca a ustedes dos dejar volar la imaginación, y asociar a Chaty a cada sonrisa, a cada beso, a cada caricia, a cada satisfacción que la vida les depare, porque -si no se lo hubieran impedido- ella estaría disfrutando al lado de ustedes, de cada una de esas manifestaciones del espíritu y del corazón. De pensamiento estará.

La tarde que despedimos a Alexandrina, por primera vez en mi vida vi tantas libélulas juntas, volando alrededor de los dolientes allí reunidos. Tuvimos ese encuentro mágico en el camposanto, con docenas de libélulas que nos acompañaron durante todo el triste y doloroso trámite de la separación corporal definitiva. Entendí entonces que eran otras madres, otros padres, otros hijos, otros hermanos, otros amigos, víctimas también de la vorágine de violencia e impunidad que multiplica las tragedias en esta Venezuela sometida por el resentimiento y las perversiones. Imagino que en cada cementerio, de cada ciudad de Venezuela, estará un enjambre de libélulas, porque estos dramas han ocurrido en todo el territorio nacional, han enlutado cientos de miles de hogares, han golpeado a millones de familiares, amigos, conocidos, conscientes de la angustiosa injusticia que cometen los criminales, y esta atmósfera de negligencia oficial que los estimula, les da impunidad, los exonera de pagar completas sus sentencias, las pocas veces que son detenidos y juzgados. Somos quizás el único país donde el discurso oficial se preocupa por el bienestar de los delincuentes, y no considera para nada a sus víctimas.

Los delincuentes andan a sus anchas, escoria, basura, bestias que ni siquiera tienen las mínimas tendencias de respeto a su prójimo. Entre los animales ninguno mata por placer, ninguno hace daño deliberado a sus semejantes. Podremos recuperar la Economía, muchas empresas -arbitraria e injustamente expropiadas o invadidas-, retornarán a sus propietarios y volverán a hacerse productivas, generando empleos y prosperidad. Los perseguidos políticos saldrán de las cárceles, o dejarán de estar sujetos a humillantes presentaciones en tribunales serviles y nada probos, pero no habrá manera de devolverle la vida a las víctimas del esquema de terror, impunidad y negligencia oficial, a las que sólo nos queda recordarlas con mucho amor y respeto, para tratar de compensar por los años que les fueron arrebatados, por las alegrías y satisfacciones que no pudieron disfrutar. Demasiados escoltas para muy pocos jerarcas, los más de veinte millones de Ciudadanos sin Protección, pero expuestos a la más sórdida y brutal Represión a la menor señal de Protesta. Los que circunstancialmente controlan el poder nos quieren sumisos, lejos del país, o muertos. Ustedes dos ni siquiera habían nacido cuando esta pesadilla comenzó, el huevo de la serpiente empolló del 92 al 98, en febrero del 99 inició este desastre.

En ese maravilloso y solidario enjambre de libélulas estaban Jacinto López, Mijail Martínez, José Julián Rodríguez, Nátaly Mendoza y su hija Orianny Perdomo, Edgmar Puerta, Douglas Fabricio y Éngel Alexander Pérez, Peter Kurz Friesenbichier, Mónica Spear y su compañero Thomas, Bryan, Jaison y John Faddoul con Miguel Rivas, Yanis Chimaras, los 21 caídos en abril del 2002, como Tortosa y Capote, las docenas de mártires de febrero del 2014, como Bassil, Robert, Génesis, Geraldine, bajo emboscadas Antonio López Acosta, Juan Carlos Sánchez, y las miríadas de jóvenes, mujeres, ancianos y niños que han ido cayendo, víctimas de esta violencia absurda. Hoy tenemos más víctimas sumadas a esta vorágine de injusticia y crueldad. Sé que dos de esas libélulas nuevas se llaman Fabio Alberto Godoy Goyo y Nelson Alberto Sánchez, tocayos entre sí, víctimas también de la infinita cobardía y del absurdo desprecio por las vidas que demuestran los infames envalentonados por sus armas. Reitero a todos sus deudos, nuestra sincera solidaridad, la de los hombres y mujeres de bien que seguimos adoloridos e indignados por esas terribles pérdidas, la grosera impunidad que promovió esos crímenes, la negligencia y el celestinaje con la que responde el régimen, dejando impunes a los asesinos, o liberándolos cuando no han cumplido ni la mitad de sus sentencias, para que se sumen al desborde del hampa que aumenta el duelo en los cuatro puntos cardinales de la Nación venezolana.

Acompañamos a Olga, Marielba, Carlos Eduardo, Víctor, Neptalí, Iván, Reyna y Alexis, Zulay, William, Virginia, Emiliana y Camila, como a todos los padres y madres, hermanos, hijos, familiares y amigos de las víctimas, en su irreductible esfuerzo por lograr que haya Justicia, lo cual es un homenaje permanente a sus seres queridos, que les fueron arrebatados injusta y cruelmente, en esta macabra orgía de violencia que no nos merecemos, a la que vamos a poner freno. Se lo debemos a quienes pagaron con sus vidas por el profundo resentimiento de muchos mal paridos, y la inmoral ambición de otros que no aprenden de sus propias derrotas y de la Historia. Se lo debemos a quienes aún no tienen edad para comprender el drama que azota a Venezuela, y tienen derecho a crecer y desarrollarse en un país que no esté bajo el control de los delincuentes, sean criminales comunes y corrientes, u obcecados por esquemas de dominación social anacrónicos y genocidas. Nos lo debemos a nosotros mismos, porque no renunciamos a nuestros Derechos, a vivir en un país civilizado y justo, sin arbitrariedades cuasimonárquicas ni terrorismo de Estado, donde se respeten las vidas y las propiedades, y el pan nuestro de cada día lo obtenga cada quien mediante su propio esfuerzo, no por una dádiva que obligue a un vasallaje perpetuo y humillante. Por la Vida y por el Amor. Va para todos ustedes.

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