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Los Agustines (II): Los Horrores de Infancias Interrumpidas

Eduardo Planchart Licea

Cada cuadro de la serie Infancia interruptus ―Es tu guerrero interior (2015), por ejemplo― es una historia estética que materializa múltiples lecturas simbólicas. La forma de mayor presencia será un guerrero inspirado en los animé japoneses de la serie Dragón Ball: Gokū es un salvador de la Tierra, una metáfora del guerrero interior que se gesta en el niño guerrillero que está fumando, con ametralladora entre hombro y mano… estos niños secuestrados y convertidos en asesinos, son una muestra de cómo la era postindustrial irrumpe en el mundo edénico de la infancia para mutarla en una pesadilla global; pocos de ellos llegarán a la juventud porque serán consumidos por la violencia.

Los AGUSTINES recrean este imaginario a través de tres niños que pasan sus días en un vecindario donde la violencia convive con una suerte de sacralidad, dos realidades contradictorias que hablan de un mismo presente: el nicho de la virgen ubicado en la parte superior del cuadro comparte escena con un helicóptero de guerra. Son dos concepciones del homo luden: la religiosidad popular y la infantil asociada a la televisión y a los juegos de video materializados por los tres niños de este cuadro, creadores de una visión del mundo difícil de imaginar y comprender por un outsider, a caballo entre las categorías mágicas de la niñez y sus peculiares epifanías y pesadillas. Esta serie denuncia las aberraciones cometidas por una sociedad incapaz de percatarse de la tragedia actual generando un hueco negro en la realidad. La gestualidad de los niños que aparecen en estas obras manifiesta dolor, aflicción, sentimientos que parecieran exorcizarlos.

En El lado obscuro (2017) se traslada al público a otro contexto: la guerra como presente, inspirada en los conflictos del Medio Oriente. El niño de rostro infantil ensangrentado y desfigurado que domina la composición, posa una de sus manos sobre un avión de juguete ―cruda narrativa visual para expresar su angustiante y contradictoria vivencia―, que a su vez está reposando sobre los glúteos una niña sentada, quien extiende los brazos como si fuera a volar y sonríe. El gesto de la infanta aviadora acentúa por contraste la horrorosa realidad del chaval y refuerza el abismo interior en el que él se debate, con gritos silenciosos como los de El grito del sueco Edvard Munch. Detrás de ellos, Darth Vader, icono hollywoodense de la era digital, simboliza las ambivalencias entre el bien y del mal, y con su espada láser roja señala hacia una ventana donde estaría parte de la Estrella de la Muerte. Como en la pieza anterior, tres niños se encuentran en diferentes perspectivas que acercan al otro a esta trágica realidad que los devora.

La violencia interfamiliar se evidencia en De mano dura (2017). En ella se utiliza la iconografía cinematográfica, concretamente el film Batman versus Superman, donde se enfrentan el semidivino kriptoniano y el ciudadano ejemplar de Ciudad Gótica, y con ellos se representa el asombro de los niños maltratados por sus progenitores, simbolizados por la correa en mano que brota del ángulo superior, mientras en la parte inferior son de clara evidencia dos escenas de la infancia maltratada. En el fondo de la pintura se ve el rostro triste de un niño monocromo de origen maya cuya historia sacudió México a través de las redes y demás medios de comunicación, al haber sido cruelmente maltratado por su madre por decir que tenía hambre. Destaca la sangre que brota de su cara golpeada, en asociaciones visuales paradójicas con el rojo de la capa de Superman y la sangre que sale expulsada de la boca del hombre murciélago tras haber recibido un puñetazo de acero en el rostro. Metáforas visuales y conceptuales del abismo interior que provoca el maltrato interfamiliar en los niños y la forma en que la fantasía infantil podría interpretarlo.

Cada cuadro de la serie Infancia interruptus tiene la huella del apropiacionismo, como diría Portillo, y del eclecticismo posmodernista, como lo definiría Castro, comunicados ambos a partir de técnicas y estilos mixtos que se combinan para pintar a cuatro manos y una mente, en un equilibrio entre lo dibujístico y lo pictórico que deja sorprendido al espectador y despierta su conciencia ante esta problemática global.

 

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