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Mañana Venezuela será otra

Hoy 19 de abril el país estará determinando, en gran medida, su destino. Muchos elementos cambiaron en los últimos meses, para contribuir al desarrollo de un proceso político que solo puede augurar la transición del desastre a la reconstrucción de la república.

Es la hora del liderazgo lúcido y unido. Que ninguna maniobra del régimen, o de los eternos aventureros del atajo irracional, permitan que este inmenso sacudón de la conciencia colectiva, pueda frustrarse. Enfrentando críticas internas, la MUD acepto lo que era una exigencia internacional a la cual era inútil negarse, asumir el “diálogo” con el gobierno. Lo pedía la OEA, la Unión Europea; Unasur, diversos países de mucho peso, en fin era un requisito mundial que de no haberse aceptado (eso quería el gobierno) exponía a la oposición a ser calificada de golpista, generadora de violencia, y la distanciaría del apoyo indispensable de la comunidad internacional. Se asumió el reto a sabiendas de que nada podía esperarse de un régimen forajido.

En un último intento por demostrar al mundo que estaba dispuesta a encontrar vías de solución a los graves problemas nacionales, la MUD pidió la mediación de El Vaticano, invocando un interlocutor confiable. El Papa Francisco envió un emisario, y el resultado es conocido. El régimen, fiel a su fisiología antidemocrática, se burló una vez más de los acuerdos, del Papa, y de los venezolanos. Esto permitió a la dirigencia opositora ensamblar todas las piezas de la conflictividad en juego (agudizadas por el colofón del golpe de estado continuado) y definir una estrategia que está hoy, como nunca, en nuestra manos. En lo interno, las encuetas  continúan señalando el incremento del desagrado hacia un gobierno incapaz y corrupto que solo garantiza hambre, carestía, inseguridad, falta de medicinas y servicios públicos desastrosos. Todas las decisiones del régimen están destinadas a aferrarse al poder. Solo se tiene una certeza, la de que cada día que pasa, la situación empeorará.

El liderazgo sabe que no se puede actuar con el hígado, que los deseos no sustituyen la realidad, y es sobre esta, sobre lo posible, donde hay que actuar. El gobierno está acorralado entre una comunidad internacional cada vez más clara sobre el golpe de estado cometido, (sobre todo después de la vital denuncia hecha por la Fiscal General de la República)  y un país hastiado, dispuesto a conquistar sus derechos. En este momento el líder tiene que tener el coraje de señalar la estrategia correcta y saber explicarla para que la razón se imponga a la pasión.

El jueves 20, la oposición debe exigir, sin bajar la presión en las calles, algunos asuntos básicos:

  1. Cronograma electoral, para realizar en el término de la distancia, las postergadas elecciones de gobernadores y alcaldes, con la clara advertencia de que no se aceptara ninguna canallada, venga de quien venga, que repita lo ocurrido con el referendo revocatorio.
  2. Restitución plena de la vigencia de la Constitución, respetando todas las potestades que le asigna a la Asamblea nacional.
  3. Proceder a la destitución de los magistrados que perpetraron el golpe de estado, y designación de nuevos magistrados de acuerdo estrictamente a los procedimientos establecidos para ello.
  4. Libertad para los presos políticos, comenzando con aquellos que tienen libradas boletas de excarcelación, y que organismos represivos se niegan a obedecer.
  5. Definir canales internacionales de apoyo en materia de alimentos y medicinas para los venezolanos. Algunas de las exigencias señaladas tienen que ser acompañadas de garantías que permitan su cumplimiento cabal, por ejemplo:

-Que para el proceso electoral haya presencia de observadores internacionales de probada experiencia y no solo “acompañantes”  que vienen a convalidar lo que les diga el régimen.

-Que haya instrucciones expresas y se cumplan in situ, para impedir que los colectivos de la muerte, actúen, atropellando a los votantes.

-Que se elimine la “inhabilitación” política que se ha dictado contra Henrique Capriles. A partir de aquí, es posible conversar sobre las alternativas para la solución global de los problemas nacionales, incluyendo la opción de un gobierno de transición, o un adelanto de las elecciones presidenciales.

Asumir 17 o más gobernaciones, las más importantes del país, será una conquista difícil de negar, y un nuevo mensaje al mundo de cual es en realidad la correlación de fuerzas existentes, entre el país democrático y un régimen empeñado en imponer una dictadura, solo sostenido por instituciones corrompidas y subalternas a su poder.

Si el régimen pretendiera sabotear las gobernaciones, desencadenaría un movimiento más poderoso aún, con los gobernadores y alcaldes a la cabeza. No le arriendo la ganancia. Yo apuesto por la opción democrática para resolver este conflicto, y espero que la Fuerza Armada Nacional cumpla con su responsabilidad constitucional.

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