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Martín Casillas: «Traducir con el Alma» o su Viaje con Shakespeare

Algo habrá de magia, a la manera iniciática de los Isabelinos, cuando se reencuentra, inesperadamente, a un amigo que se ha admirado, por su disciplina de excelencia. Es el caso de haberme deparado, un cuarto de siglo después, con Martín Casillas, ingeniero químico, matemático, fundador y director editorial del prestigioso periódico «El Economista»; editor de la mayor pulcritud, devenido un extraordinario y sorprendente traductor de William Shakespeare; conferencista de los que parece que se les va la vida en su rigor didáctico, y literato tardío -pero jamás atrasado- que lo mismo ha tenido el valor de novelar «Mcbeth», «Antonio y Cleopatra» y «Romeo y Julieta», que incursionar en la narrativa histórica (nacional-familiar) y en la ficción novelada de su propia vida, que de algún modo le ha salvado otras interiores, a la usanza de Hemingway, Scott Fitzgerald, o del propio Juan Rulfo, cuando el creador de Comala rescata las voces de los caminos del occidente de México, nunca mejor dicho, mientras vende llantas por caminos reales donde seguían transitando las mulas y los contadores de historias, con los fantasmas de don Pedro Páramo a cuestas.

A Martín Casillas, cercano amigo de los más ilustres escritores nuestros, como el propio Rulfo o a Tito Monterroso, lo tuve a tiro de vuelo de pájaro durante un «taller» de redacción ejecutiva que nos organizó la cancillería mexicana durante la reciente reunión anual -la XXVII, y he asistido a todas ellas- en la que se introdujeron vientos de cambio renovadores, como es la de contar con voces intelectuales tan atinadas como la del propio maestro (en el ITAM) en el que se ha convertido el Martín Casillas, en una de las tres vertientes profesionales que ama precisar: sus labores cotidianas como ejecutivo de una compañía de comunicación; profesor universitario y creador literario (el no agrega la de editor, que lo es), y redactor de «blogs» de diversa inclinación, a la manera de los heterónimos de Fernando Pessoa -además se parece, en una versión de hombre más alto, al creador de Álvaro de Campos-.

«Liderazgo del cambio y la transformación» es el título del último texto recién salido de la panadería de Martín Casillas de Alba. En este inteligente resumen de intensiones se concentra también la prodigiosa propuesta que representa la inercia vital, ética y moral, de pensadores que han tenido la fortuna de recibir dones preciosos de observación de las pasiones humanas para plasmarlas en altos mensajes estéticos, que además nos han proporcionado y nos siguen dando, a decenas de generaciones, un gozo literario de contados nombres, entre todos los clásicos que en el mundo han sido. Claro que la polémica de los críticos entre la mayor o menor grandeza del Dante, Cervantes, Moliere, Hugo, Balzac, Goethe y el propio Shakespeare, no terminará nunca. Lo que es relevante, es la obsesión tan sana que despierta tratar de traducir no sólo originales complejos y casi imposibles de trasladar, sino rescatar el «mensaje» en moldes contemporáneos de utilidad práctica para todos aquellos que tienen responsabilidad de liderazgo, en la sociedad contemporánea, tan relativa en términos de principios humanísticos, y demasiado contagiada por los duendes que brotan de los instrumentos de la lampara internauta de los Aladinos tecnológicos contemporáneos.

En pocas palabras, el intento colosal de Martín Casillas, de traer a nuestra mesa, en los más diversos ámbitos, desde la formación, a los placeres de la lectura y del aprendizaje , y a los métodos de aplicación directos en nuestra cotidianidad, es una empresa que no solo celebramos, si no que envidiamos por su alta capacidad de rigor y de entrega. En este esfuerzo se encuentran 37 libros de «Apuntes», en su edición, traducción y notas del cuerpo literario Shakesperiano que hace Martín Casillas y una versión narrativa y poética de los 154 sonetos, reunidos en 5 tomos, del gran escritor inglés.

Estamos frente a una empresa intelectual que solo ha podido ser posible gracias al amor y a la reverencia que puede despertar uno de los más grandes autores clásicos de todos los tiempos. Y ese encantamiento literario pretende contagiar a los lectores contemporáneos de esa lección universal de vida, que se origina en en el conocimiento profundo de las pasiones humanas.

Mensaje:

No solo importante sino bello el momento de tu cátedra magistral, querido Martín Casillas, en el contexto ambiental de un convento dedicado a Santiago de Compostela, en Tlatelolco, sede de la memoria de la Cancillería Mexicana (más simbólico para mí, porque además de mi vertiente diplomática, mi abuelo el Coronel revolucionario Conrado López, Villista, estuvo preso allí, al igual que el General Reyes, padre de don Alfonso).

Así que fíjate lo que son las coincidencias que marcan nuestros buenos días, un ejercicio intelectual organizado durante una memorable reunión anual de embajadores acaba multiplicando dimensiones simbólicas de gran calado en el panorama de la creatividad y dimensión de maestría mexicana.

Y como un ejemplo, comparto con los lectores un breve pasaje de esa obra relevante tuya, en uno de tus fascículos de «apuntes»:

«Hablar con el alma:

Este es un tema que bien vale la pena detenernos por un momento para que podamos ver lo que puede significar en nuestra vida familiar o empresarial si un día de estos podemos, como Ferdinando, ‘hablar con el alma’ y evitar, de ser posible, las ‘mentiras’ y los secretos que son el cáncer de cualquier sociedad. Por eso, hay que considerar desde el momento en que escuchamos esto que le dice Ferdinando a Miranda en un momento dado, cuando podrían haber dicho o simulado cualquier otra cosa, él le dice con toda naturalidad:

-escucha lo que dice mi alma: desde el primer instante que te vi, mi corazón voló a tu servicio.

Siempre me he preguntado ¿por qué no podemos hablar con el alma? ¿por qué siempre tenemos que guardar un cierto secreto para que el otro no se mortifique o para que no nos regañen? ¿Por qué no lo hemos aprendido a hacer desde que éramos pequeños?

Hablar con el alma es lograr tener una comunicación verdadera, auténtica, para poder conectarnos con los demás en términos de lo que sentimos y de la verdad, tal como es o tal como creemos verla. Es considerar de una manera más <<humana>>, la angustia del otro por el cambio una vez que practicamos la empatía, una de las principales variables del liderazgo que cuentan de manera importante, como es el prestigio y la inteligencia emocional o racional para poder ser unos buenos guías.

¿Por qué tenemos que decir verdades a medias muchas veces? ¿Porqué tenemos que seguir almacenando secretos y mentiras en ese baúl que se parece cada vez más a la caja de Pandora?

Antes de concluir con este capítulo sobre las ventajas de saber <<hablar con el alma>>, hay que imaginar cómo sería nuestra relación familiar o en la empresa sin que exista este virus que se llama <<secretos y mentiras>> que llega a podrir las maderas con que se han construido para que, el día menos pensado, se colapsen como se colapsan las vigas de madera una vez que la polilla ha hecho de las suyas con el tiempo y si no, hagan memoria y verán como esas dos variables son capaces de romper todo eso que aparenta ser sólido y eterno.»

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