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Medio Oriente y califatos

El Medio Oriente es el centro de la atención mundial. Más allá de la población árabe están otros actores de primera importancia como son los persas con su expresión fundamental en Irán y la nueva Turquía con su paradigma democrático y plural. Pronto un actor importante también podría ser el nuevo Estado Kurdo con sus 40 millones diseminados en Turquía, Irán, Iraq y Siria. Las fronteras impuestas por los europeos los condenaron a quedarse como pueblos sin patria.

Hoy con la actitud de los kurdos iraquíes contra el califato que pretenden imponer las minorías radicales, les abre esa posibilidad más allá de las experiencias de la autonomía que han tenido. La comunidad árabe la integran 22 países con casi 300 millones de personas, una misma religión, idioma, geografía e historia. Multiforme el Medio Oriente en sus sistemas políticos, pero también en sus expresiones religiosas dentro del Islam siempre ha estado en crisis. La Liga Árabe se creó en 1945 pero nunca ha alcanzado la integración regional de otros sistemas como los de América Latina. Todos los musulmanes cumplen con los cinco pilares del Islam: la profesión de fe, la limosna, los cinco rezos diarios, el ayuno y la peregrinación a La Meca, pero nunca han logrado como cultura y civilización representar la verdadera unidad. Israel es una excepción en la región producto de una decisión de Naciones Unidas que debía comportar la existencia de dos Estados, uno como hogar de los judíos víctimas del nazismo y otro, un Estado árabe palestino.

Impedimento

Tres guerras internacionales y varias intifadas han impedido la necesaria buena relación entre israelíes y palestinos, así ha ocurrido recientemente con el drama de la última operación militar en la franja de Gaza. Es necesario volver al espíritu de Oslo de 1993 para que exista definitivamente con todos sus derechos el Estado Palestino e Israel pueda garantizar su seguridad. Siria se consume en su propia guerra interna pero por la orientación alawita del gobierno tiene el apoyo irrestricto de Irán y de los chiitas de la región, la oposición siria debilitada en su lucha armada ha dado pie a la extensión y fuerza del ejercito del Levante, con la instauración del Califato entre Siria e Iraq.

En Iraq hoy se juega el destino del Medio Oriente con el peligro que representa los hombres del Daesh, el acrónimo árabe del estado islámico en Iraq y en el Levante. Estos locos de la divinidad han cometido los peores crímenes religiosos, especialmente contra los cristianos de la región. El ejército iraquí es incapaz de frenarlos. El primer ministro Nouri al Maliki ha tenido que ser sacado del poder para facilitar un gobierno de integración nacional con sunitas, chiitas y kurdos. El avance de los fundamentalistas sobre Bagdad se les ha complicado por la participación estadounidense y por la resistencia de los kurdos. El ejército Daesh ya tomó a Samarra y está a punto de tomar Evril, capital de los kurdos y marcha sobre Bagdad.

Frenar a los califas

En estos momentos todos los grandes actores islámicos de la región, árabes, persas turcos y kurdos, a pesar de las diferencias y confrontaciones, centran su interés en frenar a los califas, incluso se habla de un acercamiento entre Irán y Estados Unidos. Todos temen a la llamada Constitución de los bárbaros y a la proclamación definitiva de los Califatos en Bagdad y en Damasco. El pasado 11 de junio cuando tomaron Mosul, proclamaron la carta del integrismo, con 16 artículos que pretenden imponer a lo que llaman ellos los destructores del Islam, tanto en el campo del sunismo como del chiismo, e imponer su fe coránica a los de religiones diferentes. Allí invocan resucitar los tiempos gloriosos de los Califatos por la vía militar, la religión dominará la política bajo la dirección de los imanes, se prohibirá la droga, el alcohol, los cigarrillos; las mujeres tendrán que cubrir su cuerpo y permanecer en sus casas, y ante la necesidad de ir a algún lugar siempre acompañada del marido o un hermano; se restablecieron los castigos corporales, latigazos y amputación de manos o piernas; se les quitará los bienes y se expulsará a los no musulmanes.

Los herejes serán ejecutados en público; todos deberán presentarse en las mezquitas para hacer las 5 oraciones diarias, se prohíbe toda manifestación pública, proyectan destruir monumentos y estatuas y todo lo que represente vestigios de Occidente o de las deformaciones de la religión islámica.

Es tiempo de que la comunidad mundial reaccione. Sería imperdonable la anacrónica realización de este califato que nada tiene que ver con los antiguos y esplendorosos califatos, en particular los de Damasco, Bagdad y el Otomano.

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