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Mi Alma Mater

Estaba viendo un maravilloso video que me enviaron y que se encuentra en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=47hnsfPN0L0). En él aparece Susana Kertész, húngaro-venezolana, quien actualmente se encuentra viviendo en Budapest, en una de sus Píldoras sobre Cultura Venezolana.  Me encanta ver a tantos amigos y compañeros venezolanos viviendo ahora en tantas partes del mundo.  La connotación a los hechos se la damos nosotros.  Para mí, es increíble ver como estos venezolanos siguen trabajando, siguen nutriéndose y nutriendo a otros, siguen fortaleciéndose y creciendo,  siembran semillas tropicales en países con las 4 estaciones, cosechan ají dulce, preparan arepas y, en general, ponen en alto el nombre de Venezuela a pesar de cualesquiera dificultades, vicisitudes y circunstancias que tengan que enfrentar…Hay tanto de lo que podemos sentirnos orgullosos…

En este video, Susana describe la Ciudad Universitaria de Caracas  que es el campus de nuestra amada Alma Mater, la Universidad Central de Venezuela (UCV).  Con un área construida de 164 hectáreas aproximadamente, fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2000.  En el video pueden verse interesantes fotos de sus edificaciones. Susana nos describe la Ciudad Universitaria, su origen y su construcción bajo la batuta del reconocido arquitecto Carlos Raúl Villanueva.  Nos cuenta cómo la UCV fue un esfuerzo conjunto donde se juntaron talentos.  Habla de las famosas nubes de Alexander Calder que tantas veces nos cubrieron y permitieron disfrutar de una acústica maravillosa en un sinnúmero de conciertos en los cuales tuvimos el placer de participar, del estadio olímpico con algunas de las estatuas de Francisco Narváez, donde tuvimos ocasión de ver juegos inolvidables, de la plaza cubierta con sus murales y esculturas  de artistas como Hans Arp, Fernand Léger,  Víctor Vasarely y  Mateo Manaure, del Jardín Botánico, del Hospital Universitario de Caracas, del edificio de la Escuela de Enfermeras, del Instituto Anatómico José Izquierdo, de la Sala de Conciertos, de la Biblioteca Central, de la Plaza del Rectorado con su reloj y donde tomábamos una deliciosa chicha.  Una gran obra arquitectónica y social a la cual Villanueva dedicó al menos dos décadas de trabajo y donde incorporó el talento de numerosos artistas tanto internacionales como locales.

Si ven este episodio de Píldoras de Cultura Venezolana, también tendrán el privilegio de escuchar al arquitecto Imre Gózon, quien se encuentra en estos momentos en Budapest, narrando de primera mano anécdotas e interesantes detalles de su participación en la construcción de algunos de los edificios que conforman la Ciudad Universitaria de Caracas.  El arquitecto Gózon trabajó directamente con el arquitecto Villanueva.  En su narración comenta que Carlos Raúl Villanueva nació en el Consulado de Venezuela en Londres, cuando su padre era embajador del General Gómez, para poder ser considerado venezolano por nacimiento.  Narra que el idioma materno de Villanueva era el francés y que se graduó de arquitecto en la Escuela de Bellas Artes de París.  Lo describe como un servidor público, hombre insigne, educador, sencillo, sincero y accesible, de una gran sensibilidad social. Explica que el arquitecto Villanueva llegó a Venezuela a los 28 años pero que era  criollo de corazón y dedicado al bienestar de su pueblo.  ¡Qué bella descripción de un profesional que, a pesar de su renombre, mantuvo ese carácter y se dedicó a servir!.

El arquitecto Gózon comenta que para Villanueva la arquitectura y el urbanismo  formaban una unión inseparable, que su material de construcción preferido era el concreto obra limpia, que era un experto aprovechando los efectos de la luz y que tenía como uno de sus principios la ventilación natural. Gózon comenzó a trabajar en el Instituto de la Ciudad Universitaria como dibujante de estructura bajo la dirección del Ingeniero Rodolfo Kantestatler quien hizo posible el desarrollo estructural de la Ciudad Universitaria y a quien raras veces se menciona.  Fue gracias a Juan Pedro Posani, la mano derecha de Villanueva, que llegó a entrevistarse con el arquitecto Villanueva quien le ofreció la oportunidad de seguir cursando su carrera de arquitectura.  Entró directamente al cuarto año que era justo por el año que estaba cursando cuando salió de Hungría durante la Revolución de 1956.  Así, un profesional distinguido ayudó a un joven inmigrante a formarse dándole la oportunidad de integrarse a su equipo y de estudiar en la universidad.  “Piensen mucho y dibujen poco”, les decía Villanueva.  Los criticaba con una crítica constructiva y también los alentaba.  Les enseñó a analizar las tareas a fondo antes de llegar a la síntesis.  Comentarios como “al fin se realizan los proyectos pero siempre con 20 años de atraso y cuando nacen, ya nacen insuficientes”, evidencian la visión futurística de Villanueva y su sentido de planificación.

“En Venezuela no hay nada más permanente que una solución provisional”, le dijo Villanueva a Gózon cuando este último trató de brindar una posible solución temporal al problema de la falta de techo de gimnasio cubierto, frente a la negativa de Wolfgang Larrazabal, quien presidía la Junta, de seguir con el financiamiento de la obra después de la caída de Marcos Pérez Jiménez.  Hay tanto que ya nos han enseñado y tanto que aún debemos aprender a poner en práctica…

Me siento feliz de ser venezolana y de saber que somos muchos quienes amamos a Venezuela y esperamos ver una gran transformación.  Le debo mi formación como abogada a mis profesores en la Universidad Central de Venezuela y a mis compañeros, que me nutrieron durante nuestros cinco años de carrera.   Nuestra universidad formó y sigue formando a muchos prestigiosos profesionales.  Espero que todos cooperemos con el desarrollo de la Ciudad Universitaria y que estemos dispuestos a tenderle la mano cuando nos necesite.  Es una obra maravillosa que debemos cuidar y mantener para que continúe prestando la labor social que ha venido desempeñando desde hace muchas décadas.  Conozcamos la historia de la Ciudad Universitaria y de sus instalaciones, su arte y su legado.  Protejámosla y cuidémosla.  No solo es patrimonio nuestro.  Es patrimonio de la humanidad.

¡Prendamos una vela y pasemos la luz!

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