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MÍ TÚU: denuncio a esas pérfidas abusadoras

Por décadas he sufrido en silencio los lacerantes recuerdos de los cientos de abusos cometidos contra mí, por mujeres con altas cuotas de poder y fama, que se aprovecharon de mi inocencia y falta de experiencia, para satisfacer conmigo sus ansias lujuriosas y lascivas, lo que me dejó cicatrices imborrables, un profundo trauma que me acompañará hasta mi último suspiro.

Pero me inspira y estimula la valiente, perseverante y noble labor de las víctimas de abusos similares, aunque lo mantuvieron oculto por décadas, ahora hacen públicas sus denuncias en contra de los sátiros que las sometieron a abusos sexuales, que incluyen miradas, susurros, palmaditas en el hombro y sus alrededores, hasta las insultantes y agresivas invitaciones a una fiesta, a cenar, o a conversar en la habitación del hotel donde se hospedaba  temporal y sospechosamente el fauno agazapado, iniciativas todas  inequívocamente cargadas de perversión y malas intenciones. Pues circunstancias muy semejantes tuve que enfrentar yo desde mi adolescencia hasta hace relativamente poco, aunque algunos pudieran dudar de esto, porque ignoran que mantuve siempre ese atractivo natural que me convirtió en el obscuro objeto del deseo carnal de ese conjunto de mujeres poderosas, que hicieron de mi vida un permanente vía crucis de pecaminoso sexo, de salvaje placer.

El comprensible temor a las represalias obligó al humillante silencio de aquellas víctimas por  muchos años, y es tan intenso y real ese miedo a las reacciones de los victimarios, que todavía algunas de las denunciantes se mantienen en el absoluto anonimato. Yo declaro sin esconder mi identidad, dispuesto a enfrentar las consecuencias de mis denuncias, pero busco aminorar las muy probables y costosas demandas judiciales, dada mi precaria situación financiera; Soy educador jubilado en la destruida Venezuela, con crónica escasez de alimentos y medicinas, sin gas ni gasolina siendo un país esencialmente petrolero, con los servicios funcionando a nivel de postguerra, y el poder judicial prostituido, factor a favor de las victimarias o sus familiares, en caso de que algunas de ellas hayan fallecido, con suficiente poder como para inclinar esta balanza malandra en su favor, lo cual es el pan nuestro de cada día para los opositores, que deben tratar de sobrevivir con ingresos que van de 3 a 12 dólares  mensuales, lo que aumenta mi vulnerabilidad en caso de una represalia tribunalicia, que me dejaría desnudo empelotas, añadiendo más perjuicios a los que ya he debido soportar.

De manera que para evitar onerosas demandas, en las actuales condiciones de orfandad judicial que privan en Venezuela, haré referencia a todas y cada una de las mujeres que fueron sexualmente abusivas conmigo, mencionando “su parecido” físico, a fin de que no pueda ninguna de ellas sostener que la identifiqué por su nombre y apellido, puesto que mencionaré solamente la semejanza de rostro y cuerpo respecto de famosas, que cualquiera reconoce, pero que, INSISTO, “no son las mujeres que abusaron de mí, sólo hay un enorme parecido”, y con este ardid espero librarme de cualquier reacción judicial o mediática.

Con apenas 16 añitos, aunque ya mi cuerpo mostraba voluptuosidad y despertaba instintos malsanos en las féminas, fui acosado por una mujer muy parecida a Susana Duijm, aquella esbelta morena que derrochaba belleza y simpatía. Yo supongo que las potenciales acosadoras comparten la necesidad de revelar sus éxitos en las conquistas a fuerza de extorsión, pues ello explicaría la excesiva multiplicación de depredadoras encaprichadas con poseerme, todas provenientes de la multiesfera de los Concursos de belleza, el modelaje y la actuación en Cine y TV. Sufrí el acoso de mujeres que “se parecían igualitas” a Peggy Walker, a Eva Moreno, Doris Wells, Pierina España, seguramente contertulias de Susana en más de una fiesta, en las que fui mencionado como apetecible presa. En algún momento este intercambio de informaciones entre las malvadas saltó a la escala internacional, y simultáneamente fui el target de bichas de proyección local y también mundial, aumentando la cifra de mis victimarias, que parecían turnarse para disfrutar de mi cuerpito sin darme realmente tiempo de descanso entre una violación y la siguiente. Así, sumando a mi calvario las horas de vuelo al destino donde me esperaba una nueva depredadora, allende nuestra frontera nacional, tuve que soportar los creativos abusos de chicas muy pero muy parecidas a Brigitte Bardot, Mylene Demongeot, Sharon Stone, Fabiola Colmenares, Alba Roversi, Jackeline Bisset, Nohelí Arteaga, Candice Bergen, Naomi Watts (apenas finalizó su rodaje de King Kong, me obligaba a disfrazarme de gorila), Elisabeth Hurley, Elin Nordegren, Kate Winslet, Ann Bancroft y Katharine Ross (creo que se datearon sobre mí, cuando filmaban “El graduado”), Jane Mansfield, Virna Lisi, Philicia Rashad, Tony Braxton, Marg Helgenberger, Stana Katic. Ya en este siglo 21 a la lista se agregan algunas modelos de Victoria´s Secret (es probable que sean las hijas y nietas de aquellas depredadoras primigenias, que mantienen el legado de sus perversas antecesoras, y abusan conmigo a pesar de mi edad y los inevitables achaques inherentes al paso del tiempo. Ellas a lo suyo, sin piedad y con excesiva lascivia, como procurando secarme para no dejar nada que puedan disfrutar las que me quieran acosar después. Yo estoy seguro de que merezco el Récord Guinness como el varón más acosado y abusado, incluso uniendo los siglos 20 y 21.

En honor a la verdad, la única que nunca me agredió fue la francesa Katerine Deneuve, una dama exquisita y muy hermosa, que es la excepción que confirma la regla de la degeneración a nivel de las féminas con fama, dinero y poder, implacables depredadoras que desahogaron en mi sus más aberrados instintos. Y confieso que me hubiera encantado que Deneuve me hiciera su víctima, en especial a raíz de su valiente y digna posición, enfrentando a las feminazis que tienen como objetivo la humillación y castración moral y legal de los varones, destruyendo las reputaciones de aquellos a quienes difaman, por presuntos acosos y abusos ocurridos hace dos y tres décadas, con la alevosía de saber que liberada el agua sucia de la difamación, ya no se puede recoger, y el daño permanece, aunque no hayan demostrado la culpabilidad de aquellos a quienes acusaron sin pruebas, tardíamente y en muchos casos, desde el cobarde anonimato.

También aproveché para rendir mi particular homenaje a las hermosas mujeres a quienes he admirado -y secreta y respetuosamente amado- mientras representaban sus personajes en las pantallas grandes de las salas de cine, o en las pequeñas de los televisores en nuestros hogares. A todas ellas, desde Susana y Peggy a Marg y Stana, reitero mi sincera admiración, casi en la misma medida de mi repudio por las brujas del Me Too, la neo-inquisición de lo políticamente correcto y el falso progresismo. No se puede meter a todos en el mismo saco en que merecen estar Bill Cosby y Harvey Weistein, como no podemos calificar a Lenin, Stalin, Hítler, Mussolinni, Pol Pot, los Castro y sus lacayos, como similares a Chaplin, Churchill, Franklin D. Roosevelt, De Gaulle, Gorvachov. Esa aberrante homogeneización es hermana del igualitarismo y la colectivización que proponen los que han cometido los peores crímenes contra la Humanidad, en nombre de una pretendida justicia social que siempre ha desembocado en países arruinados, corrompidos y reprimidos.   Me Neither.   

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