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No permitamos la impunidad

No soy de sacar cuentas alegres y de aquellos que encuentran que hemos solucionado todo con este acuerdo por la paz. Si bien es positivo, y ojalá sirva para detener la violencia criminal que destruyó todo lo que encontró a su paso, creo que es extraordinariamente relevante no meter la basura debajo de la alfombra y olvidarnos de todo lo que nos sucedió.

Porque hay muchas preguntas que contestar. La primera es quién gana y quién pierde después de esto. No tengo ninguna duda que quien sale victorioso del proceso que llegó a este acuerdo es la izquierda. Ver sonriendo a los señores Elizalde y De Uresti en la madrugada del viernes, anunciando que finalmente tendremos una Asamblea Constituyente (sic), es la mejor demostración de lo que digo. Porque la derecha nunca estuvo disponible para una AC, hasta ayer.

Pero desgraciadamente también, a mi juicio, ganaron los violentistas, porque el acuerdo surgió después de un mes de brutal violencia, y especialmente después de la asonada criminal del martes pasado, que hizo ver a Santiago como una ciudad en zona de guerra, dejándoles la señal que usar la violencia para satisfacer reivindicaciones parece validada.

Y quien perdió fue Chile. Todos nosotros, pero más que nadie nuestros compatriotas más desprotegidos, aquellos a quienes les quitaron el metro, los buses y les quemaron y saquearon los almacenes y supermercados, los pequeños negocios, los mini emprendimientos, a quienes les han alterado profundamente su vida diaria y no ven un horizonte claro de cómo se van a recuperar.

También perdió la imagen internacional de Chile, lo que ha hecho crecer el riesgo país, con todas las consecuencias negativas para nuestra economía, que generará, según los expertos, una importante cesantía, inflación y quién sabe si una recesión técnica.

Pero también hay quienes dicen que ganó Chile, porque tendremos una mejor constitución, lo que está por verse, y si así fuera, bien por el país. De ocurrir aquello, pregunto ¿ganó Chile porque producto de una violencia brutal nunca antes vista, ni aún en la época de la UP, que no respetó absolutamente nada, se llegó a este acuerdo? Yo no participo de ese optimismo.

Dicho lo anterior, así como se llegó al acuerdo, creo que es un deber ciudadano exigir con el máximo rigor que no se barran los escombros y se escondan debajo de la alfombra para olvidar lo que pasó y que se identifique con urgencia a quienes fueron los autores intelectuales, a quienes no condenaron resueltamente el vandalismo y a quienes planificaron, organizaron, financiaron, avivaron y ejecutaron la irracional violencia desatada.

Puede haber narcos, anarquistas, pero también políticos. Yo identifico al FA como uno de los instigadores a que siguieran adelante las protestas para lograr una AC. Lo pidió el alcalde Sharp, como lo publicó El Libero recientemente. Fueron los primeros en llamar a la desobediencia civil. Junto a ellos, el PC, porque exigieron la renuncia del Presidente el día uno, en que comenzó la evasión en el Metro. Hubo agitadores venezolanos, como se vio en Talca, y hubo quienes dirigían los actos de violencia desde la calle, comprobado en muchos videos. A todos ellos es un deber identificarlos, juzgarlos y hacerles pagar con cárcel el daño irreparable que le han causado a Chile.

Finalmente, creo que toda la clase política tiene que reflexionar sobre su responsabilidad en no haber logrado detener en los primeros días esta verdadera orgía de violencia. La izquierda observaba sin condenarla abiertamente y, peor aún, acusaron al Presidente de belicista por ordenar el estado de emergencia. Y la derecha, tampoco estuvo a la altura, porque permaneció silente para al menos exponer públicamente, por ejemplo, la irresponsabilidad del FA, que tenía firmada la Acusación Constitucional contra el Presidente junto al PC, o a un Boric, que salió a la calle a espetarle en la cara a los militares que se retiraran a sus cuarteles. No se hicieron presente cuando debieron hacerlo.

Todos están en deuda porque esperar 30 días para ponerse de acuerdo mientras se destruía Chile de norte a sur es muy reprochable. Y el gobierno también lo está. Uno espera que en los tiempos más difíciles se demuestre con fuerza el liderazgo, que en esta ocasión, lamentablemente, tampoco estuvo a la altura.

Si el acuerdo pone fin a la violencia, lo que espero así sea, bienvenido el acuerdo. Estamos todos agotados, estresados, cansados de tanta incertidumbre y destrucción. Ojalá que con lo logrado vuelva la calma, pero también es fundamental que cuando eso ocurra, no olvidemos lo que aquí pasó y exijamos lo más enérgicamente posible que los culpables, sean quienes sean, no queden en la impunidad, como ha venido ocurriendo en Chile desde hace ya demasiados años.

Ahora, hay que reconstruir. Y para esa tarea, nadie sobra.

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