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Notre Dame, emblema de libertad

El mundo padeció en tiempo real el demoledor incendio de la Catedral de Notre Dame de París, el pasado Jueves Santo, 18 de abril. Un profundo sentimiento de indefensión y desasosiego embargó a todos los pueblos del mundo. El momento más triste tuvo lugar cuando, en medio de las llamas, se desvaneció la alegórica aguja diseñada por el arquitecto Eugene Viollet-le-Duc, quien ejecutó en el siglo XIX la última renovación de esta joya del Arte Gótico europeo. La humanidad observaba atónita la destrucción de una iglesia que es mucho más que un ícono de la cristiandad. Es hoy uno de los emblemas más venerados de la cultura universal.

No fue la primera vez que la Catedral de Notre Dame era objeto de incendios físicos…o ideológicos; estos últimos producto del fanatismo político o religioso. Durante la Revolución Francesa (1792-1799), Notre Dame fue asediada por los revolucionarios jabobinos. Su edificio y símbolos religiosos fueron objeto de actos vandálicos; sus esculturas, cuadros y mobiliario fueron robados, profanados o destruidos. Las propias autoridades revolucionarias decretaron su desacralización. Dejó de ser un espacio espiritual y fue trocada en almacén de usos múltiples. Correspondió a Napoleón Bonaparte ordenar la renovación y culminación de la Catedral del siglo XII y su restitución como histórico recinto cristiano, escogido por el Gran Corso para su coronación luego del referendo popular que instituyó el Primer Imperio.

El proyecto de restauración de Viollet-le-Duc se inició en 1845. Durante un cuarto de siglo, se repusieron los ornamentos destruidos o dañados y se añadieron nuevos, como las famosas gárgolas y la aguja de 96 metros. Durante la Comuna de Paris de 1871, los nuevos revolucionarios, al verse derrotados, les dio por destruir edificios públicos, en particular las iglesias. La icónica catedral se salvó de la furia irresponsable de los radicales y el fuego fue controlado después de quemar inmuebles y bancos en medio de la desolación creada por la Guerra Franco – Prusiana.

El fervor popular y universal moderno por la emblemática catedral se lo debemos a Víctor Hugo, a partir de la publicación de su novela Nuestra Señora de París, en 1831. Diversas versiones hollywoodescas fueron realizadas en el siglo XX, bajo el nombre de El jorobado de Notre Dame. La zaga amorosa de Quasimodo y Esmeralda atestigua la preferencia del autor de Los Miserables por los personajes indefensos o perseguidos, ayunos de libertad y atropellados por la injusticia.

Y es que Notre Dame es un símbolo de la libertad en su acepción más pura. Para celebrar la liberación de París de la ocupación Nazi, se celebró allí una misa, el 26 de agosto de 1944. Los funerales de Estado de demócratas como los presidentes Charles De Gaulle, Georges Pompiduo y François Mitterand tuvieron lugar en su sagrado recinto. Un Tedeum en honor de las víctimas de los atentados terroristas se escenificó en ella, el 13 de noviembre de 2015. Cuando los pueblos del mundo hagan realidad sus ideales de libertad y democracia, una Notre Dame restaurada acogerá a creyentes y no creyentes en una misa solemne.

@lxgrisanti

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