Opinión Internacional

A los 50 años de la fallida guerra nuclear

Reapareció Fidel Castro de manos del exvicepresidente venezolano Elías Jaua, desmintiendo los rumores una vez más de su publicitada muerte. Hizo referencia especial a los 50 años de la Crisis de los Misiles. Uno de los temas más dramáticos de la humanidad en los últimos tiempos. Se estuvo a punto de un conflicto nuclear que hubiera constituido el fin de la historia. Por cierto, en una de las más largas entrevistas concedida por el líder cubano hace varios años a periodistas venezolanos, a una pregunta nuestra, Fidel Castro se refirió extensamente a este incidente donde él fue un protagonista fundamental entre la URSS y EEUU en Cuba.

Fue la peor crisis nuclear de la historia, trece días de pulso diplomático y militar entre Moscú y Washington. Un avión espía norteamericano U2 había detectado que la URSS estaba desplegando en Cuba sistemas de lanzamientos de cohetes con cargas atómicas de alcance medio, con capacidad de golpear en pocos minutos los centro neurálgicos de Estados Unidos en un radio de 4.500 km y con una potencia de casi doscientas veces de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Washington tenía el síndrome de la derrota con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos y en permanente ofensiva contra la URSS había instalado en marzo de ese año cohetes nucleares en Turquía. La instalación de los misiles en Cuba por parte de Moscú no era solo para defender la nación cubana, era para buscar el equilibrio estratégico nuclear. Kennedy el 22 de octubre recurrió a la televisión anunciando un bloqueo naval de la isla. Castro con sus 36 años y en búsqueda de una estatura mundial facilitó, a pesar del riesgo que significaba la instalación de 40 rampas de lanzamiento, además de 50 mil soldados soviéticos, él insistía en la destrucción del imperialismo aunque Cuba desapareciera de la faz de la tierra. El 28 de octubre Jruschov hizo pública la retirada de los cohetes en una negociación directa con Kennedy y sin tomar en consideración al gobierno cubano. En la larga noche de la conversación mencionada, Fidel nos insistió que ese acuerdo había sido una traición a la revolución cubana y una actitud egoísta de la URSS. Fue cuando los cubanos salieron a la calle bajo la rima de la siguiente canción «Nikita mar… lo que se da no se quita». Efectivamente, desde ese momento la diplomacia y la política entre La Habana y Moscú se fue deteriorando hasta la total ruptura con el final del comunismo ruso.

Ese octubre de 1962 la historia del hombre sobre el planeta se hubiera podido haber detenido. Hiroshima y Nagasaki, Chernóbil y Fukushima solo son íntimas referencias de lo que una guerra nuclear puede presentar con su apocalipsis atómico. Robert Kennedy en su libro 13 días: una memoria sobre la crisis de los misiles cubanos, se refirió a ese momento como punto límite entre Washington y Moscú, «cuando el mundo dejó de girar».

Hace 10 años un Kennedy y un Jruschov se reunieron en Boston para hablar de esta crisis que hoy Fidel Castro recuerda al cumplirse medio siglo. Carolina Kennedy, descendiente del presidente John F. Kennedy y Sergei Jruschov hijo del líder soviético, afirmando lo positivo de su padre, quienes «transformaron una zona de peligro en el inicio de una solución pacífica para nosotros y para todos los niños amenazados por un mundo en guerra», allí también participó la encargada de negocios de la oficina de Cuba en Washington, Josefina Vidal.

Los hijos y los nietos de esta nueva humanidad no quisieran tener una amenaza de un conflicto atómico como este. En ese caso, como algún novelista lo señalara, la Tierra sería el infierno de los otros planetas, o como decía García Márquez, una aldea sin memoria dejado de la mano de sus dioses en el último suburbio de la gran patria universal.

En el siglo XXI estamos en la era de la asimetría y riesgos emergentes no convencionales. Los conflictos y guerras pueden presentarse en las periferias donde lo nacional puede transformarse en regional y planetario. Es el caso de Siria y especialmente de su aliado Irán con su proyecto nuclear bélico. El tema nuclear iraní puede alterar el status quo del actual orden mundial precipitando la irracionalidad y la muerte. La tercera guerra mundial sería con armas atómicas.

Después de 50 años siempre está presente la amenaza atómica. Si se oprime el botón nuclear el mundo podría dejar de girar y un minuto después de la última explosión la creación habría terminado. Como lo señala García Márquez, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas porque los que quedaron vivos morirían después por el olor de sus recuerdos.

 

 

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