Opinión Internacional

¿A qué viene Mahmud a Venezuela?

Probablemente muchos se preguntan el por qué un país como el nuestro posee vínculos tan estrechos con un gobierno como el iraní, tan severamente cuestionado internacionalmente y sometido a un régimen de sanciones bastante importante, de parte por ejemplo, de la UE y la ONU por intermedio del Consejo de Seguridad. La respuesta es sencilla. No sólo el mandatario persa es amigo personal del presidente Chávez sino que además, el vigente Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación en lo que se refiere a la política internacional, establece algo que no da lugar a equívocos.

Irán -junto a Siria, Bielorrusia y Rusia- es considerada como “área de interés geoestratégico” y por tanto le es consecuente una estrechez de los vínculos. Se puede estar o no de acuerdo con lo anterior, a la luz de que más allá del símil petrolero y las convergencias ideológicas que al menos en el discurso son extrapoladas, no parece que hubiese nada que una a Venezuela e Irán ni tampoco, beneficio alguno para nuestro país que sea producto de tal relación bilateral.

Pero veámoslo desde la otra perspectiva. ¿Qué interés tiene Irán? Primero, descartemos no por imposible sino por improbable, la premisa difundida en algunos medios sobre la venta de uranio venezolano al régimen de Teherán para abastecer su programa nuclear. Centrémonos mejor en lo comprobable.

Irán ha sentido el peso de las sanciones internacionales por su obstinada aversión a la paz mundial e interés en desarrollar un potencial atómico, cuyo carácter pacífico no logró convencer -ni lo hará- a la Agencia Internacional de Energía Atómica. Ese impacto se evidencia con esta gira latinoamericana “in extremis” que busca desesperadamente buscar amigos en momentos de turbulencia (amigos como Ecuador, Nicaragua y Cuba, todos -oh sorpresa- miembros del ALBA). Y si hay que salir a buscarlos es porque seguramente no abundan.

Por un lado, Irán necesita sortear las sanciones a las que nos hemos referido, bien por vía indirecta o en abierta contravención de las mismas (aunque son, es menester recalcar, de vinculante acatamiento). Teherán precisa mantener transacciones financieras, tener liquidez de caja en divisas extranjeras (algo que se le está haciendo difícil) y conseguir flujo de materias primas -combustible incluido-, que ya no adquiere como antaño.

Pero además, en un escenario global que le es adverso, Irán busca tener aliados que salgan en su defensa. Si ni la figura de su presidente es respetada en los foros internacionales (usualmente al menos un cuarto de la audiencia se levanta de su silla y abandona la sala cuando él habla en la ONU), todo atisbo de amistad aunque leve es apreciada e inestimable. Máxime en momentos en los que la paciencia de la comunidad mundial se agota y cuando la oposición interna amenaza con una “primavera persa” emulando a sus pares árabes.

En conclusión, Mahmud viene a Venezuela a buscar apoyo político y una alianza estratégica… y lo conseguirá.

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