Opinión Internacional

Alemania: La otra herencia de la era Kohl

Las democracias consolidadas y estables de los países del primer mundo suelen ser el ejemplo a seguir por los países en vías de desarrollo, cuyas democracias tercermundistas son a menudo criticadas por la endeble institucionalidad de sus principales órganos y el sistemático atropello de leyes y normas por parte de gobernantes y gobernados.

La división de poderes y responsabilidades, el fiel cumplimiento de obligaciones y la confianza del pueblo en sus líderes son, en cambio, típicas virtudes atribuidas a las democracias fuertes y duraderas, de la mayoría de los países desarrollados.

Sin embargo, no todos los líderes políticos del primer mundo parecen estar de acuerdo con tal repartición de roles. La reciente serie de escándalos sobre donaciones ilegales durante la era de Helmut Kohl ha sumido a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) en su peor crisis.

Las leyes alemanas obligan a los partidos políticos a publicar el monto, origen y empleo de las donaciones superiores a los 20 mil marcos alemanes (alrededor de 10 mil dólares).

El mismo Kohl, canciller de Alemania durante 16 largos años (1982-1998), admitió en diciembre pasado haber recibido en los últimos seis años de su gestión entre 650 mil y un millón de dólares en donaciones ilegales. Wolfgang Schäuble, discípulo de Kohl y actual jefe de la CDU, prometió investigar los sucesos hasta las últimas consecuencias; la preocupación del partido por la enorme pérdida de credibilidad frente a los electores es evidente.

Mientras tanto, las pesquisas de los investigadores fiscales hacen aparecer cada vez más donaciones ilegales en cuentas bancarias del extranjero. Se presume que buena parte de aquellas cuentas secretas fueron gastadas en la financiación de la campaña de la CDU en las elecciones regionales del estado de Hesse. La coalición rojiverde entre socialdemócratas y ecologistas reaccionó exigiendo la anulación de las elecciones, en las cuales la CDU había triunfado.

El Partido Socialdemócrata (SPD) sucedió al gobierno de Kohl en 1998, al vencer con amplio margen en las elecciones generales. Sin embargo, durante las siguientes elecciones regionales, la CDU pudo alzarse con victorias que parecían marcar su regreso triunfal.

En la actualidad, aprovechando la racha de escándalos que ahora encubren a los cristianodemócratas, la SPD espera recuperar territorio perdido y vencer en las elecciones regionales a realizarse en febrero.

Las acusaciones de corrupción se hacen cada vez más insistentes, a la vez que Kohl insiste en guardar silencio. Niega enfáticamente que su régimen haya sido sobornable, justificando la actitud de guardar silencio con su palabra de honor frente a los donantes que prefirieron quedar en el anonimato. Todo parece indicar que el manejo de dineros ilegales fue común durante el sistema Kohl.

Por lo pronto, el ex ministro del Interior, Manfred Kanther, uno de los tantos involucrados, se vio obligado a renunciar a su mandato en el parlamento. A ello se suma el reciente suicidio del jefe de finanzas de la CDU por motivos aún no esclarecidos. Schäuble, agobiado por el creciente escándalo, instó el martes pasado a Kohl a revelar los nombres de los donantes o renunciar a su cargo de presidente honorario de la CDU. Kohl optó por lo segundo, aumentando de este modo las especulaciones. La crisis no tiene cuándo acabar.

La ruptura definitiva con el patriarca Kohl, gestor de la reunificación alemana y motor fundamental de la Unidad Europea, ha sido inevitable y traumática, pero no suficiente para librar a los cristianodemócratas de sus propias contradicciones. Da la impresión de que una limpieza a fondo terminaría por hacer desaparecer los mismos fundamentos de la CDU. No parece haber salida definitiva a la crisis, los cristianodemócratas son víctimas de su doble moral. El partido que dirigió los destinos de Alemania durante 16 años no fue capaz de aplicar los principios que tanto profesaba a su propia institución.

Tomado de (%=Link(«http://www.elcomercioperu.com.pe/»,»El Comercio»)%) del Perú

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