Opinión Internacional

Alí Abbas y los 40 ladrones

Todos los pasajeros del metro inglés reciben gratuitamente un diario que lleva como tapa la foto del niño iraquí Alí Abbas, quien está llegando a Londres para ser hospitalizado luego de una exitosa campaña que levantó casi medio millón de fondos para ello. Él es un símbolo de la tragedia de los civiles de su país.

Su inocencia fue cortada cuando en abril bombardeos angloamericanos le hicieron perder sus brazos y mataron varios parientes suyos. A sus 13 años quedó mutilado y con extremas quemaduras. Fue internado en un hospital que, como otros de Bagdad, fue saqueado repetidas veces. Pasó luego a Kuwait y de allí a Londres.

Alí Abbas ahora llega a una de las metrópolis que causaron la destrucción de su cuerpo y familia. Su travesía recurrió el mismo camino, pero en opuestas direcciones, al flujo de armas y soldados británicos hacia Iraq.

Si muchas compañías extranjeras exportan capitales y maquinarias hacia países del tercer mundo para luego importar las materias primas extraídas, Alí sería una especie de producto de lo que el intervencionismo humanitario es capaz de hacer. Para los que consideran que esta fue una invasión ello es una muestra de crímenes de guerra o de utilización cínica del drama infantil. Para quienes dicen que las potencias anglosajonas liberaron a Iraq esto sería la confirmación de su espíritu caritativo.

Los más de 40 ladrones que vandalizaron el hospital de Alí así como miles de casas, colegios, bibliotecas, museos y otras instituciones, son un producto de la guerra y del caos generado. Varias zonas del país están bajo el control de bandas. Para Washington esto sería una suerte de mal necesario, pues se logró erradicar a ladrones mayores como serían los asesinos de Hussein. Para el parlamentario laborista Galloway los nuevos ladrones serían las corporaciones asociadas de Bush que vienen a lucrar del oro negro árabe.

Alí es tan sólo uno de tantos miles de menores que han perdido sus casas, seres queridos o extremidades como parte de las ‘guerras humanitarias’. Estas han costado miles de millones de dólares que se han invertido en destruir y luego en reconstruir. La amputación de Alí y otros gastos de hospitalización de él y otros bien pudieron haberse evitado si no se hubiesen disparado misiles.

El autócrata iraquí fue tumbado, pero no como acción de su propio pueblo, como ha pasado en otras oportunidades en otros países latinoamericanos, sino como efecto de una costosa intervención extranjera. Los iraquíes no participaron en su derrocamiento sino que sufrieron las bombas y hoy no simpatizan con la ocupación. El ‘intervencionismo humanitario’ genera más Alí Abbas y más de 40 ladrones.

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