Opinión Internacional

Amenaza armada

Desde que Hugo Chávez le mostró al gobierno de Evo Morales que debía tener como aliados incondicionales a los militares, comenzaron a correr jugosos cheques destinados a los jefes castrenses, quienes a partir de estos hechos han tomado un nuevo protagonismo en el país, con reiteradas declaraciones cargadas de expresiones supeditadas a la visión que el nuevo gobierno tiene de manejar a través del conflicto, la amenaza y la represión tanto la política interna como la externa.

Este es el motivo por el que los jefes castrenses se han convertido en un eco de la voz del gobierno, jugando un papel de total subordinación a una fuerza política, el Mas, que lleva a permanentes declaraciones en las que estos jefes dejan por sentado que acatarán las ordenes que el actual gobierno les imparta incluso a costa de pagar el precio de convertirse en posibles autogolpistas que se ensañen contra su propio pueblo.

En la presente crisis previa al Referendum del 4 de mayo, son constantes las declaraciones y voces amenazantes de las FF. AA de Bolivia, tal como lo ha hecho el Gral Trigo y recientemente el comandante del Colegio Militar, Gral. Ernesto Vásquez Oblitas, quienes ratifican una y otra vez que supuestamente «cumplirán con el deber irrenunciable y constitucional de mantener a Bolivia unida e íntegra».

«Esta es la premisa que nos obliga a mantener por sobre todas las cosas la unidad nacional y la integridad territorial, este será el resultado de una constante preparación ética y moral basada en altos conceptos de civismo y de servicio a nuestra amada patria», afirmó recientemente el Gral. Vásquez Oblitas, en un discurso, con el que intentó lavarse las manos, ante la posibilidad de cumplir posibles órdenes para ejercer el uso de la violencia contra el propio pueblo que no acepta el plan que tiene el actual gobierno.

Estas amenazas resultan cuestionables, mucho más cuando la protección de la población debería ser la única razón de ser y de existir de las fuerzas militares que ahora se declaran enemigas de los ciudadanos y se encadenan en una complicidad con el gobierno. El Ejecutivo y los militares mienten cuando dicen que las autonomías son movimientos separatistas, pues las autonomías sólo plantean una redistribución del poder y de la administración del Estado, que se obstina ahora más que antes en centralizarlo todo para convertirse en un poder totalitario.

Los jefes militares que se han apegado al Mas, no parecen para nada predispuestos a servir a la patria como quieren hacernos creer, pues se muestran totalmente inclinados a servir al poder Ejecutivo que le está otorgando jugosas prebendas y que los ha corrompido con cheques venezolanos.

Se hace necesario que estas reiteradas expresiones tan disonantes con la verdadera fe del Estado y la doctrina de las FF.AA consten en archivo y con beneficio de inventario. No nos debe pasar desapercibida la amenaza constante que pretende hacernos creer que es natural que las FF.AA se deban a un partido político, más bien debemos estar prevenidos a la posible acción armada que pende como una espada de Damocles sobre los ciudadanos que están exigiendo mecanismos democráticos para hacer política y ejercer actos de gobierno.

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