Opinión Internacional

Angelito negro

“Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen se blanca,
píntame angelitos negros.”

Fragmento del poema de Andrés Eloy Blanco “Píntame angelitos negros”

“Yo tengo un sueño que un día esta Nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.”
Fragmento del discurso pronunciado en Washington por Martin Luther King , el 28 de agosto de 1963.

Hace muchos años, casi veinte, mi padre miraba televisión, solo y en silencio. Quedé confundida cuando me dijo que veía una película de ciencia ficción, pues sabia que no era el cine de su preferencia.

La película se llamaba “Un negro en la Casa Blanca”, y en ese entonces era, sin duda, una historia de ficción.

A pesar de las promesas de garantizar los derechos inalienables de vida y de libertad, plasmados en su Constitución y en la Declaratoria de la Independencia, la población negra estadounidense mantiene, como declaró Martin Luther King, un exilio en su propia tierra. Los espacios de poder están cerrados para ellos, y existe un sesgo discriminatorio en los planes y programas gubernamentales. El sueño americano queda en sueño mientras las opciones de crecimiento y progreso sean diferentes según el color de piel, la religión o el origen del apellido.

También otros ciudadanos, los de origen latinoamericano, principalmente mexicanos, los de origen asiático, los de origen árabe, y los inmigrantes que llegan esperanzados al país de las promesas de libertad y progreso, esperan que acabe la larga noche que los mantuvo ocultos, discriminados, desposeídos. Todos aguardan, con ansiedad, que se logren las aspiraciones de justicia y equidad, que se alcance una sociedad de respeto y de igualdad de oportunidades.

Más allá de sus fronteras, se reconoce a los Estados Unidos como el motor de la economía mundial. La velocidad de su crecimiento marca el ritmo de la respiración de millones de personas en el mundo. Y los ojos de todos ellos están puestos en un hombre de piel oscura, cuerpo delgado, sonrisa atractiva. Un hombre negro, que recordando la vehemente oratoria de Kennedy y del mismo Martin L.,King, lleva sobre sus hombros, tal vez sin quererlo, las esperanzas de los indios, de los negros, de los latinoamericanos, de los asiáticos, de los árabes y de los europeos.

Desde la lejana Argentina, con su tradición antiyanki, hasta el querido México, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos, Obama representa una esperanza. La esperanza, en primer lugar, de que la definición política, calme la excitación de los mercados y detenga los terribles estragos de la crisis financiera. La esperanza de que impere una política exterior de respeto hacia la auto-determinación de las naciones. La esperanza de que exista un trato justo para los inmigrantes. La esperanza de que, detrás de su sonrisa blanca, haya un político firme, y un hombre bueno. La esperanza de que le vaya bien al moreno, y que nos vaya bien a todos.

Sobre sus hombros delgados están las expectativas de los ciudadanos estadounidenses, y las de todo el mundo, para que despierte a su Nación y le inyecte valores, identidad, justicia, y con ello devuelva la dignidad a sus ciudadanos, y el aire a la economía mundial.

¿No será demasiado para este ángel negro?
Hace años, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco lanzó al mundo los versos que más tarde musicalizó el mexicano Manuel Álvarez Macinte, y cantó el cubano Antonio Machín. Ese poema constituye un verdadero himno a la discriminación racial. Hoy ese poema, junto con el sueño de Martin L. King, suenan alto desde todos los rincones de la tierra, para que todos los hombres y las mujeres de cualquier raza, de cualquier religión o condición social vean que junto al ángel rubio y al trigueño, hay un angelito negro.

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