Opinión Internacional

“Aunque deje en el camino jirones de mi vida …”

“Si las lecciones de la historia nos enseñan algo es que nadie aprende las lecciones que la historia nos enseña”

Según parece, el verano de 2012 se convertirá en uno de los más intensos desde aquel enero de 2002, en el que Argentina se asomó al borde de un mortal precipicio. Ni siquiera el último, con la ocupación y la represión en el Parque Indoamericano resultará comparable.

El Gobierno, dando una muestra más de la excelencia de su sistema comunicacional, hizo gala de un timing perfecto a la hora de anunciar la próxima cirugía a la que será sometida la Presidente –como católico, ruego por su pronta recuperación- para extirparle un cáncer de tiroides, descubierto presuntamente varios días antes.

Y doña Cristina, con su histrionismo habitual y con el metálico perfil de Evita como fondo, impuso en su primera aparición posterior el obligado recuerdo a las circunstancias en que fuera pronunciada la frase que da título a esta nota.

El momento elegido permitió que el Gobierno ignorara –y mantuviera fuera del público conocimiento- la tapa del diario “Libre” del día anterior, que denunciaba una nueva y escandalosa compra de inmuebles por parte de doña Cristina, esta vez en el “concheto” barrio de Puerto Madero, por unos catorce millones de pesos.

El pobre Juan Pablo Feinmann, en una entrevista para “La Nación”, cometió un inperdonable sinceridio al decir que es “muy incómodo adherir al gobierno de dos multimillonarios que te hablan de hambre” (ver http://tinyurl.com/82zopvc). Sin embargo, ese exabrupto permitió saber que los intelectuales que integran Carta Abierta ven con claridad la realidad, pese a que la niegan para adecuarse al “relato” oficial.

El anuncio también mojó la pólvora a don Hugo Camión, que había amenazado con un paro general para el jueves 29 o el viernes 30 de diciembre, si las patronales del transporte no se avenían a pagar a sus afiliados un bono de dos mil quinientos pesos.

El último subproducto del anuncio del cáncer fue hacer pasar desapercibido el fallo del Juez Ercolini, que sobreseyó la causa en la que se investigaba el fabuloso contrato de alquiler que vincula a don Relats con los Kirchner, referido al Hotel Los Sauces, en Calafate. Por lo que se sabe, al Juez no le pareció extraño que el recientemente próspero empresario pagara un canon que, aún con ocupación completa, le resultaría ruinoso.

Finalmente, también le resultó útil al Gobierno en el campo de su batalla contra la prensa, ya que mandó a las páginas interiores de los diarios el feroz e ilegal allanamiento a Cablevisión y la inhibición general de bienes al diario “La Nación”. Éste último, con el obvio acompañamiento de “Clarín”, se rasgaron las vestiduras por los atropellos de la Justicia a los derechos individuales, de personas y empresas.

Pero lo curioso de la reacción de los medios afectados por esas medidas y, sobre todo, por la ley que declaró de interés público la producción y distribución del papel de diario (Papel Prensa S.A.), fue el llamado a la población para que exigiera el respeto a esos inalienables derechos, con el argumento –totalmente correcto, por cierto- de que el Gobierno luego iría por los demás.

Y digo que resultó curiosa porque no leí ni escuché a esos medios protestar, con idénticos argumentos, cuando todo el sistema jurídico de la República fue destruido con el solo propósito de perseguir a las fuerzas armadas y de seguridad en su conjunto, haciendo que el Congreso anulara leyes antes sancionadas y desconociera los principios de legalidad, de jueces naturales, de inocencia y de ley anterior al hecho del proceso.

Y sucedió, entonces, lo natural. No protestaron cuando se llevaron a los militares, porque ellos no eran militares. Ahora, que se llevan a la prensa y a los periodistas, se asombran porque los ciudadanos no reaccionan, pero éstos no son dueños medios ni ejercen dicha profesión.

Pero en materia de episodios luctuosos, estos primeros días del segundo mandato de doña Cristina parecen destinados a batir todos los records. El primero de ellos fue, como todos sabemos, la extraña muerte de Iván Heyn mientras, al menos en teoría, practicaba el onanismo con variaciones peligrosas. ¿Resulta creíble que un joven funcionario, con muy promisorio futuro, sufra una irrefrenable compulsión a masturbarse mientras acompaña a la Presidente a una cumbre regional?

A los pocos días, otro funcionario consular destinado en Yacuiba, Bolivia, la capital de la porosa frontera norte por la cual ingresan a la Argentina cantidades enormes de droga, también aparentemente se suicidó, colgándose con una sábana. La zona, deliberadamente ninguneada por el ínclito don Anímal Fernández y desguarnecida aún más por doña Nilda Garré para mandar a los gendarmes a dar seguridad en el Gran Buenos Aires, permite suponer que hubo, de por medio, vueltos no rendidos.

Y las primeras horas del 2012 trajeron la noticia de la muerte de Carlos Soria, Gobernador de Río Negro, asesinado –también aparentemente, pues no ha sido siquiera indagada- por la única persona que se encontraba con él, su mujer.

Hoy también ha trascendido la súbita desaparición del Intendente de Catriel, en la misma Provincia, sin que el hecho haya merecido aún explicación alguna.

Los argentinos, tan afectos a las teorías conspirativas –causadas por el nulo prestigio de nuestra Justicia- están, a esta hora, tejiendo todo tipo de novelescas razones para hilvanar todos los casos.

Lo que debiera haber sido la luna de miel de la Presidente con la ciudadanía, los primeros cien días de cada gobierno, fueron marcados por las batallas internas pero públicas libradas dentro del Frente para la Victoria en las legislaturas de las provincias de Buenos Aires y de Santa Cruz.

En ambos episodios, pródigos en violencia y en heridos, participó esa curiosa agrupación de idealistas, La Cámpora, que la Presidente ha transformado en su guardia pretoriana.

Resulta llamativo que esos jóvenes, que han elegido al delegado de Perón como referente histórico, no perciban que nadie se parece más a él que el mismo don Scioli, cuyas muestras de lealtad, servilismo y auto-humillación compiten de igual a igual con aquéllas que adornaban al dentista de San Andrés de Giles. ¿Nadie puede imaginar a don Danielito, si la Presidente le preguntara la hora, responder “la que usted quiera, señora”?

Hoy, no parece resultar óbice para el permanente ataque que sufre de manos de don Mariotto, el comisario político ungido como Vicegobernador, el hecho de haber obtenido más votos en la Provincia de Buenos Aires que la propia doña Cristina. Ésta, por su parte, continúa con la fea costumbre de mal pagar a sus aliados de otrora; si no, que lo digan don Alberto Fernández, con Hugo Camión, don Jorge Brito y hasta don Magnetto.

En Santa Cruz, La Cámpora no ha querido asumir el costo político de las medidas de ajuste que apoyó hasta el mismo día de su discusión en la Legislatura, y dejó a don Peralta, el Gobernador que la señora de Kirchner ni su hijo quieren, más solo que Adán en el día de la madre.

La Provincia, como tantas otras desde hace ocho años, ha compensado parte de los desastres de la administración nacional y la crisis social de ellos derivada incrementando masivamente la nómina de empleados públicos. Hoy, en épocas de vacas flacas, cuando ya el dinero no alcanza y la Casa Rosada lo guarda para sí, esas mismas provincias se han transformado en verdaderas ollas a presión, a pesar de no haber llegado aún a ellas el ajuste tan temido.

Aparece así el segundo enemigo real que el “modelo” tiene enfrente: la economía. En este caso, los momentos claves llegarán a principios de marzo pero, si la sequía que hoy afecta a la zona “núcleo” persistiera, la escasez de dólares provenientes de las exportaciones de soja podría agravar el panorama.

En ningún caso la situación macroeconómica puede compararse a la de diciembre de 2001; Argentina está, como toda Latinoamérica, salvo Venezuela, mucho mejor que entonces. Sin embargo, el “modelo”, que se ha caracterizado por navegar con un enorme viento a favor, sobre todo externo, debiera prepararse para hacerlo en épocas menos propicias.

No parece una buena receta la centralización de todas las decisiones económicas en manos de doña Cristina y, mucho menos, que ésta reciba consejos, casi siempre contradictorios, de tantos funcionarios de tan diferentes visiones: Boudou, Bossio, Lorenzino, Moreno, Marcó del Pont, Fábrega, etc. Resultaría harto más aconsejable designar al frente del timón económico a alguien capaz de controlar la nave cuando el temporal de la crisis llegue a nuestros mares.

Mientras tanto, don Amado estará a cargo del Poder Ejecutivo desde pasado mañana, vigilado de cerca por don Zanini y don Máximo, quien aparentemente dejaría por un tiempo la administración de los cuantiosos e injustificados bienes familiares para cuidar la herencia política, también inexplicable.

En fin, tendremos, desde todos los ángulos un verano muy caliente por delante. Esperemos que la Argentina no termine por derretirse.

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